Aunque se espera que muestre mejores resultados en 2024, la economía peruana deberá seguir lidiando con la incertidumbre generada por el ruido político. La recuperación de la inversión privada será vital para conseguir un mayor crecimiento de la actividad productiva nacional.
La economía peruana atravesó un 2023 sumamente duro. Las protestas que tuvieron lugar los primeros meses del año y la paralización de ciertas actividades por el clima (fenómeno de El Niño y ciclón Yaku) gatillaron que el PBI cayera 0,55% el año pasado y que, según el INEI, seis sectores sufrieran retrocesos (telecomunicaciones y otros servicios de información, agropecuario, pesca, financiero y seguros y manufactura). En 2024, aunque el escenario parece levemente más alentador, todavía persisten varios desafíos complejos para el país.
En primer lugar, todo indica que este año se volverá a crecer. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) estima una tasa de expansión de 3% para el PBI en 2024, mientras que el Banco Central de Reserva del Perú proyecta un crecimiento del 2,8%. Desde el sector privado, sin embargo, hay estimaciones un poco más conservadoras. El Instituto Peruano de Economía (IPE) proyecta que la economía peruana se expandirá 2,4%. Asimismo, Apoyo Consultoría prevé que el crecimiento estará en el rango del 2,5% al 3% para 2024. Cabe indicar que el año empezó con buen pie: el PBI peruano aumentó en 1,4% en enero de 2024, la cifra más elevada de los últimos 13 meses.
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Más allá de las cifras, los expertos coinciden en que este es un rebote natural de la economía y que es casi ‘normal’ que haya crecimiento, considerando que los factores que gatillaron los malos resultados de 2023 ya no están presentes (las protestas y los problemas con el clima). Sin embargo, también coinciden en que, este año, uno de los mayores retos es reactivar la inversión privada, que representa alrededor del 80% de la inversión total que se realiza en el país (el otro 20% es pública).
“La inversión privada, que cayó más del 7% en 2023, es uno de los motores más importantes de nuestra economía. Sin embargo, su recuperación requiere reglas claras y un clima de confianza en el país. La incertidumbre obstaculiza las decisiones de inversión empresarial, afectando la generación de empleo y, por ende, el crecimiento económico”, explica Oswaldo Molina, economista y director ejecutivo de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
Según Carlos Parodi, profesor principal del Departamento Académico de Economía de la Universidad del Pacífico, la inversión privada ha caído durante seis trimestres seguidos y su recuperación determinará el crecimiento de la economía peruana. “La pregunta de cuánto vamos a crecer se reduce a otra: ¿cuánto va a aumentar la inversión privada? Es aquí donde uno encuentra un elemento clave: las expectativas, que son creencias que todos nos formamos sobre el futuro económico y político del país. Esas expectativas están en terreno negativo desde hace un tiempo”, dice el catedrático. De hecho, según comentó en una reciente entrevista Gianfranco Castagnola, presidente de Apoyo Consultoría, las actuales estimaciones de crecimiento del PBI son insuficientes para que el país reduzca la pobreza o acelere su desarrollo.
Para Parodi, lo que el Perú necesita es un shock de expectativas positivas. “Es decir, el inversionista debe volver a creer para que el Perú pueda crecer”, dice el economista.
De acuerdo con Molina, además de la confianza, la recuperación de la inversión privada también puede impulsarse con una mejor estrategia coordinada entre los diversos ministerios que permita destrabar proyectos de inversión de gran envergadura. De hecho, ya hay algunos avances en ese frente. Al cierre de esta edición, el Gobierno adjudicó a un consorcio conformado por las empresas españolas Acciona, Sacyr y Cintra el Anillo Vial Periférico de Lima, una obra que demandará una inversión de 3.400 millones de dólares y que apunta a ser una de las autopistas más avanzadas de América Latina. A esta obra se suman la construcción del Megapuerto de Chancay (cuya primera etapa concluirá este año) y la expansión del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez (obra que se espera esté lista en diciembre de 2024).
Sin embargo, los expertos coinciden en que la principal limitante que afronta la confianza de los inversionistas es la incertidumbre, especialmente la generada por el ruido político. “La inestabilidad política y social que hemos enfrentado en los últimos años ha impactado significativamente en el crecimiento económico, especialmente en las expectativas empresariales. La incertidumbre política, resultado de la débil institucionalidad del Ejecutivo y Legislativo, crea un entorno poco propicio para la inversión. Esta situación, además, dificulta la implementación de reformas con una perspectiva de largo plazo, que ayuden a promover el desarrollo económico y la reducción de brechas sociales. De hecho, todas las proyecciones económicas indican que el crecimiento previsto para este año requerirá una relativa estabilidad política y social, en contraste con el escenario del año pasado”, resalta Molina.
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La reciente crisis que tuvo la presidenta Dina Boluarte por el caso de los relojes Rolex no declarados volvió a prender las alarmas sobre una posible vacancia y no ayudó a reducir la incertidumbre, señalan los especialistas. “Mi perspectiva es que el Perú va a crecer poco, ya que dudo que el ruido político pase. Es difícil que, en este momento, nuestra clase política inspire credibilidad”, sostiene Parodi, quien estima una expansión del PBI local de 2% para 2024. El economista también advierte que la incertidumbre podría aumentar por la posible aparición de un candidato que esté en contra de la inversión privada en las elecciones presidenciales de 2026. “El inversionista espera generar ganancias en tres, cuatro años mínimo. Incorpora el 2026 como un periodo determinante para definir si le conviene o no invertir. Entonces, [el escenario incierto por las elecciones] puede frenar un poco las inversiones en 2024”, explica Parodi.
Al margen de la incertidumbre, se espera que actividades como la minería, la pesca y la agropecuaria muestren buenos resultados en 2024. Será también relevante que no se vuelva a romper la regla del déficit fiscal en 2024 (se hizo en 2023, por primera vez luego de muchos años), señalan los expertos, ya que eso podría generar mayor incertidumbre sobre la salud de la economía. “Tenemos la oportunidad de emprender algunas reformas que recuperen el ritmo de crecimiento de nuestro país. Recordemos que nuestro PBI potencial ha experimentado un deterioro en los últimos años debido a la baja productividad de nuestra economía: entre 2002 y 2008, era alrededor de 6% y actualmente es solo 2,3%. La inacción para emprender acciones concretas que mejoren esta situación es muy costosa para nuestra economía”, concluye Molina.
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