Dos economistas estadounidenses han contribuido a profundizar en el lado micro de la economía: ¿de qué manera las decisiones diarias de las familias afectan la política monetaria y fiscal?
La macroeconomía empieza por la nevera de cada casa. Esta idea podría resumir el aporte que Robert Hall y Michael Woodford dieron a la comprensión de la economía, con lo que ayudaron a mejorar las decisiones de política macroeconómica.
Y el estado de cosas en la nevera de cada casa no depende tanto de su situación presente como del futuro y los ingresos que espera esa familia.
Así las cosas, en materia de decisiones económicas, es tan necesario mirar de arriba para abajo como de abajo para arriba. Por eso, la política monetaria y la política fiscal deben articularse con la realidad de los mecanismos decisorios de los hogares y las empresas.
Por esa razón, la Real Academia Sueca de las Ciencias les entregó el Premio Nobel de Economía este año a estos dos economistas que mostraron cómo para evitar crisis profundas o controlar la inflación; es decir, mostraron el camino para “estabilizar la macro”, como dicen los economistas. Hall y Woodford explicaron que para diseñar políticas eficaces de estabilización es necesario comprender cómo operan las decisiones cotidianas de millones de familias y unidades productivas.
Durante décadas, la política de estabilización macroeconómica se basó en el marco keynesiano tradicional y en herramientas como la curva de Phillips, que asumían relaciones estables entre variables agregadas como la inflación y el desempleo. Sin embargo, la estanflación de los años 1970 demostró la inestabilidad de estas correlaciones. Economistas como Robert E. Lucas Jr. criticaron este enfoque por carecer de microfundamentos sólidos, señalando que las personas y las empresas cambian sus comportamientos y expectativas ante cambios en las políticas públicas.
El emprendedor y filántropo argentino español, Martín Varsavsky explicó en su cuenta de X de qué se tratan las ideas de los dos nuevos nobel: “Durante décadas se pensó que el gobierno podía mover el consumo a voluntad, con más gasto o más dinero en el bolsillo de la gente. En 1978 Hall demostró que las familias deciden cuánto gastar según lo que esperan ganar en el futuro, y que por eso el consumo es mucho menos manipulable por la política de lo que se creía. Woodford sumó la otra pieza: la inflación depende de las expectativas, así que un banco central solo funciona si es creíble”.
El consumo no es predecible
Robert E. Hall, nacido en 1943 en Palo Alto, Estados Unidos, e investigador sénior de la Hoover Institution y profesor de la Universidad de Stanford, revolucionó el estudio del consumo privado en su célebre artículo de 1978. Hall demostró que, bajo expectativas racionales y el deseo de suavizar el consumo a lo largo del tiempo, los cambios en el consumo futuro son impredecibles y siguen un camino completamente aleatorio. Esto se debe a que el consumo responde a las expectativas sobre el ingreso permanente y no a variaciones temporales del ingreso actual. De ahí que políticas de transferencia de recursos no tienen el impacto esperado para el agregado.
Posteriormente, junto con Fredric Mishkin en 1982, Hall analizó datos microeconómicos de hogares y estimó que alrededor del 80% de las familias actúan de manera prospectiva en función del ingreso permanente, mientras que el 20% restante vive “al día”, debido a restricciones de liquidez o endeudamiento.
Esta distinción resultó fundamental para evaluar la eficacia de los estímulos fiscales y de la política social que se ejecuta a través de transferencias del gobierno a los ciudadanos menos favorecidos. Además de su trabajo en consumo, Hall desarrolló junto a Alvin Rabushka la propuesta del impuesto de tipo único (The Flat Tax).
El flat tax es un impuesto que se aplica con una tarifa única a todos los agentes, pero incorpora un mínimo no imponible (o exención por cargas de familia) para que los sectores de menores ingresos no paguen impuestos y el sistema sea progresivo.
Woodford y Keynes revisitado
Michael Woodford, nacido en 1955 en Chicopee, Massachusetts, y profesor de la Universidad de Columbia, sintetizó y consolidó el modelo neokeynesiano en su obra fundamental de 2003, “Interés y precios: fundamentos de una teoría de la política monetaria”. Integrando los microfundamentos del consumo de Hall y agregando competencia imperfecta y rigideces de precios, Woodford demostró que las políticas de los bancos centrales tienen efectos reales significativos en la economía.
El modelo neokeynesiano de tres ecuaciones relaciona la brecha del producto, la inflación y la tasa de interés nominal. Woodford demostró que los bancos centrales no necesitan controlar la masa monetaria, sino fijar las tasas de interés mediante reglas claras centradas en el manejo de expectativas y la tasa de interés natural. Asimismo, formalizó instrumentos clave como la orientación futura, indispensable cuando las tasas se acercan al límite inferior de cero.
Todas estas ideas fueron fundamentales para establecer el esquema de inflación objetivo que han adoptado la mayoría de bancos centrales del mundo para guiar sus decisiones de política económica.
Pero ese no ha sido el único aporte: modelos estructurales modernos de evaluación macroeconómica (como el modelo MAJA del Banco Central de Suecia) se basan directamente en esta arquitectura. Gracias a este enfoque, las autoridades económicas contaron con mejores herramientas para gestionar la Gran Recesión de 2008, los impactos de la pandemia de COVID-19 y las recientes crisis energéticas e inflacionarias, evitando crisis prolongadas como la Gran Depresión o los periodos de estanflación de los años 70.
El presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), José Ignacio López, recordó en su cuenta de X, que ha estado en algunos escenarios académicos escuchando las posturas de uno de los nuevos Nobel.
“Recordando seminarios académicos. Acá uno en 2011 con Bob Hall y Dale Mortensen. Ambos premios Nobel de Economía. Dale ya murió. Bob hoy homenajeado por sus múltiples contribuciones a pensar la macroeconomía desde la micro”, dijo en uno de sus post.
La economía no es una ciencia exacta. Las contribuciones de estos dos economistas ayudan a la mejor comprensión del comportamiento de los agentes económicos. Esto contribuye a perfeccionar los mecanismos de política tan necesarios para evitar las grandes oscilaciones como hiperinflaciones, grandes tasas de desempleo o recesiones, que siempre terminan afectando a los segmentos de menores ingresos de los países.
