‘Hampuy’ compite en el Festival Pixelatl por el premio al mejor corto internacional y consolida la trayectoria ascendente de Jimy Carhuas, un cineasta limeño que acaricia un anhelo poético y complejo: mimetizar sus historias con la experiencia de vida de cada espectador

Hampuy es un cortometraje animado de Jimy Carhuas. En la historia concebida por el cineasta, una joven llamada Amta Haru emprende un viaje fantástico a través de la cosmovisión andina que deriva en un reencuentro inesperado. Así lo explica el animador: “Hampuy es una invocación para volver, pero no en el sentido físico, sino a que vuelvas espiritualmente… a volver a tus recuerdos”.

Hampuy forma parte de la selección oficial de cortometrajes participantes en Pixelatl, plataforma mexicana que reconoce las industrias creativas en Latinoamérica. Este año, el festival premiará producciones originales concebidas en torno a la memoria, la familia, los ancestros y las tradiciones. La producción de Carhuas aborda varios de estos temas y busca conquistar el reconocimiento al mejor corto internacional.

El cineasta limeño reveló a Forbes Life algunas reflexiones en torno a su cortometraje. “Mientras la armaba, me di cuenta de que estaba contando la historia que yo me imaginaba sobre mi madre; [ella] nunca regresaba a su pueblo; emigró al terminar la secundaria, a los 14 años; ya había fallecido su madre. Era una época donde había mucha migración hacia la capital y ella fue parte de eso. [En Lima] formó familia, se casó, sus hijos crecieron, fueron a la universidad y ella nunca volvía. Yo me ponía a pensar en cuándo llega el momento en el que regresas. Y si regresas, ¿a quién vas a encontrar?”.

¡Descubra más! La séptima temporada de ‘Rick and Morty’ ya tiene fecha de estreno

cortometraje peruano
Foto: Origami Studio

Jimy recuerda una anécdota contada por un amigo que le permitió hilvanar nuevas ideas que nutrieron su visión creativa. “El abuelo de un amigo vino a visitarlo; el hombre ya no tenía conexión con la realidad, se perdía mucho y el Serenazgo municipal siempre lo regresaba; [incluso] tenía una etiqueta con un teléfono por si se perdía. Y un día no volvió. Lo buscaron por todos lados: en la morgue, con la policía, en donde fuera, pero no lo encontraban. Así pasaron dos semanas hasta el día en que llamaron a la casa y le preguntaron si conocía a tal hombre; ‘claro que sí, es mi abuelo’ [respondió]; ‘bueno, está dando vueltas aquí, en el cerro de Páramo’ [le dijeron]. El abuelo era un tipo que no manejaba dinero, totalmente desorientado, y [aun así] de alguna manera llegó al Cerro de la Paz, su tierra, preguntando por gente muerta. Me puse a pensar en lo que estaría pasando por su mente; en cómo había sido su viaje, en qué había mirado durante su regreso. Y me hizo recordar esto de los elefantes que sienten su llamado final y se van caminando hacia el cementerio. Yo creo en esa suerte de última energía que reservas para tu viaje final”.

Las raíces argumentales de Hampuy crecen en un universo rico en referencias a la cosmovisión andina; uno en el que cada elemento, visible u oculto, contribuye a materializar un objetivo difícil de lograr: hacer que el espectador se apropie de la historia a tal punto de provocar el nacimiento de una invocación íntimamente arraigada a sus recuerdos. Dicho en otras palabras, Hampuy es un filme que busca propiciar una reflexión única, irrepetible, siempre nacida a partir de la historia personal de cada individuo.

“Lo interesante de una historia es que te lleves un pedazo de ella y la hagas tuya”

Jim Carhuas, director de cine

“Lo interesante de una historia es que te lleves un pedazo de ella y la hagas tuya. Si yo acoto demasiado los detalles, lo único que vamos a ver es lo que es y no habrá un subtexto. Lo que me interesa es que cada uno lo sienta diferente”, puntualiza el artista.

animación peruana
Jimy Carhuas es cineasta y productor de animación. ‘Nuna’, su ópera prima, es un largometraje animado que cosechó el reconocimiento internacional de la crítica especializada. Dirige Origami Studio, su despacho de animación establecido en Lima. Foto: Karen Candiotti Origami Studio

ARQUITECTO DE HISTORIAS

Jimy Carhuas siempre supo que habría de convertirse en narrador de historias. Lo tuvo claro desde su infancia, cuando sus primas celebraban con gran entusiasmo las historietas que, protagonizadas por sus mascotas, él creaba. Bajo el prisma de una ficción infantil, los animales se convertían en superhéroes capaces de salvar al mundo a ladridos, vuelos o maullidos. En aquella época, recuerda el cineasta, los consejos televisivos de Walter Lantz (creador de El Pájaro Loco) lo conducían al fascinante mundo de la animación. Y el viaje, sabía, no tendría regreso.

Eran los 80 en Perú. Estábamos en crisis económica, con mucho desempleo; los padres trabajaban de lo que se pudiera. Siempre he analizado esos tiempos y [concluyo que] no había mucha elección: en esa época era difícil para un adulto seguir sus sueños. Yo creo que los hijos de estas personas [hoy] sí tienen el privilegio de, al menos, soñar con hacer algo que les guste; pero hay generaciones que no pueden hacerlo”, reflexiona.

La obra de los japoneses Hideaki Anno, Hayao Miyazaki y Satoshi Kon, a la par de los personajes del Disney antiguo, terminaron de configurar el círculo cercano que agrupa a sus principales influencias creativas. En esta esfera también ubica a Jorge Luis Borges, cuyas letras (particularmente las expresadas en “La casa de Asterión”, “El hacedor” y “El Aleph”) alentaron sus fantasías siendo un estudiante de Arquitectura singular; uno que siempre encontraba espacios que alentaban su creatividad. Recuerda que, al tomar cursos de fotografía o Autocad, irremediablemente terminaba haciendo cortometrajes y no planos arquitectónicos.

Hampuy
Foto: Origami Studio

En tendecia: Los 10 mejores cameos, según Letterboxd

Sin embargo, su predilección por concebir viajes emocionales animados nació mucho antes, cuando, siendo un niño, emprendió un viaje en solitario hacia Puno.

Los recuerdos de aquella epopeya infantil, vista a la luz del tiempo, derivaron en el nacimiento de una especie de magia que, hoy sabe, recorre su cuerpo cada vez que encara un nuevo desafío creativo

“Recuerdo el viaje que hice a los ocho años a la tierra de mi madre. Fui solo; no sé por qué, pero fui solo. Y si bien no me sentí abandonado porque estaba en la casa de mi abuelo, con quien no compartía mucho pues no crecí con él, me sentía un poco foráneo; y, obviamente, todo era nuevo: los alimentos, los animales, el paisaje, el aire, el agua… todo era diferente. Esa magia se me ha quedado grabada y aparece intuitivamente cuando comienzo un proyecto”.

Jimy nació en Lima y, desde que recuerda, ha vivido inmerso en un contexto que habría de forjar la cosmovisión andina que caracteriza su obra. Su éxito, más allá de las ganancias monetarias, se expresa en el surgimiento de un fandom ávido de su obra. No obstante, comparte, su incursión en el universo andino responde más bien a un redescubrimiento. “Crecí con parientes que venían de la sierra. Mi padre tenía nueve hermanos y los nueve se mudaron a Lima para hacer su vida. Sociológicamente también habría que ver qué pasaba en esa época, porque había una negación hacia las culturas originarias, una discriminación al color de piel, a la forma de hablar, a las expresiones propias, y yo crecí en ese contexto”. Y agrega: “Leer un poco sobre los escritores del indigenismo te hace recordar a tus padres y tíos y lo que vivieron; todo eso está inevitablemente en los relatos. Yo empecé por ese lado de la cosmovisión andina porque la fui redescubriendo”.

Miyazaki y Satoshi Kon, a la par de los personajes del Disney antiguo y sus lecturas juveniles de Borges (particularmente “La casa de Asterión”, “El hacedor” y “El Aleph”) forman parte de las influencias creativas más importantes de Jimy Carhuas.

Ahora, el arquitecto de historias quiere echar mano de su formación universitaria para diseñar tramas urbanas. Hablar de esto muestra en su mirada un brillo que responde, quizás, a esa suerte de magia que, como anticipaba, llega cada vez que se acerca el momento de concebir nuevas producciones animadas. “He estudiado el crecimiento barrial, la autoconstrucción, la autogestión, y todo eso siempre fue fascinante para mí. Además, he vivido en un pueblo autogestionado; lo vi desde que era piedras, y ahora, 30 años después, edificios. Me sorprende cómo crece una población; para mí, las historias que caen dentro de ese crecimiento son insumos que todavía no he usado”.

Lea también: ‘Maestro’: La nueva película de Bradley Cooper

cortometraje peruano
Foto: Origami Studio

Otro tema importante ocupa un espacio central en su agenda: “Las historias de mis mascotas. Mi prima me decía: ‘Tú vas a hacer Pollitos en fuga 2’, porque tenía tantas historias de mis gallinas, de mis perros [ríe]… Y no se equivocó. No lo he hecho, pero sí recuerdo esa sentencia, entonces siempre pienso en cuándo voy a hacerlo”.

Una última pregunta cierra la charla con el cineasta: ¿Cuál es tu último sueño como creativo? La respuesta llega tras una pausa momentánea: “Siempre me gustó la idea del personaje de García Márquez, Aureliano Buendía, ese que se murió haciendo pececitos de oro. Yo considero que uno debe trabajar hasta el final. Lo veo en Miyazaki, que siempre dice ‘me voy a retirar’ y sigue ahí, sin poder retirarse porque su pasión puede más. Porque por más cansado que estés el lápiz te llama y tienes que ir. No tengo una idea de culminación; es un modo de vivir y cuando se termina una historia comienza otra”.

Para más noticias de negocios siga a Forbes Perú desde Google News