La película póstuma del cineasta puneño Óscar Catacora, bajo la dirección de su tío, se prepara para su estreno internacional en el Festival de Cine de Málaga, España. Yana Wara será presentada en la Sección Oficial de Largometrajes a concurso.

Tito Catacora recuerda la primera vez que pensó que hacer cine era posible. Que podía llevar a la pantalla sus propias historias lo comprendió la tarde en la que su sobrino, Óscar, le enseñó su primer cortometraje. El título iluminó la habitación: “Osquitar‘s Ways”. Frente a sus expectantes ojos, un Óscar de diecisiete años caracterizaba a un sicario. La emoción de ver a su sobrino actuar, dar vida a un personaje salido de su propia imaginación, es todo lo que recuerda de aquella tarde. El corto desapareció para siempre: “Con Óscar lo hemos buscado por todos lados. No hay ningún rastro, ni en Internet”, me cuenta durante su visita a Lima para asistir a los premios APRECI al Cine Peruano. Su última película Yana Wara, codirigida con Óscar, estuvo nominada en cinco categorías, de las cuales ganó tres (mejor película peruana, mejor dirección y mejor guión).

En los créditos de aquel primer cortometraje, su sobrino aparecía como director, guionista y actor principal. Si hubiese podido grabarse él mismo, quizá también habría sido camarógrafo. Por aquel entonces, Tito era docente y Óscar, un adolescente a punto de iniciar sus estudios en la Universidad Nacional del Altiplano en Puno, donde ambos vivían juntos.

Tito Catacora fue el productor de la película “Wiñaypacha” del director Óscar Catacora, su sobrino. El film fue seleccionado para representar a Perú en los premios Goya y Oscar en el año 2019.

Esa tarde de 2006 , Tito se permitió soñar. Más que ver su nombre en los créditos, quería ver a su sobrino actuar. Por eso le pidió que protagonizara El sendero del Chulo, el primer mediometraje que hicieron juntos. Óscar propuso como actor a su hermano, pero Tito se negó: “Yo propongo que actúes tú”, le dijo. Él aceptó, pero como entonces no había camarógrafo, Tito tuvo que convertirse en uno. No tenía idea de cómo se rodaba una película. Tomó la Sony Hi8 entre sus manos. La encendió. “Fuimos aprendiendo básicamente por ensayo y error. Posteriormente, ya tenemos que formarnos, en mi caso a través de la autoformación. Nunca he ido a una escuela de cine. Siempre busco una forma diferente de narrar. Le busco los tres pies al gato, a veces no hay otra forma. Tengo que proponer, cuando funciona está bien, pero a veces también sale mal”, explica. Desde entonces, siempre fueron Óscar y Tito. Juntos hicieron la que se convirtió en la primera película peruana en aimara, Wiñaypacha (2017), y el documental Pakucha (2021). “Siempre pensé que juntos éramos invencibles”, dice.

Escenas de Yana Wara

La noticia del fallecimiento de Óscar Catacora en el 2021 fue repentina y ensombreció la industria cinematográfica nacional. En el 2017, había logrado reconocimiento internacional con su ópera prima Wiñaypacha, cinta con la que obtuvo tres distinciones en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, México. Ese día se encontraba rodando su próxima película Yana Wara en las alturas de la provincia de El Collao cuando comenzó a sentirse mal. Fue una apendicitis que devino en peritonitis. El cineasta no pudo ser atendido a tiempo. Tenía 34 años cuando falleció, dejando su segundo largometraje sin terminar.

Tito se enfrentó no solo a la muerte de su inseparable dupla, sino que, en medio del duelo, comprendió que él debía terminar el proyecto. Tenían solo cinco escenas rodadas. “Juntos podíamos hacer todo lo que nos proponíamos, pero él no estaba y me tocó enfrentarlo solo. Todos los que estaban el equipo de producción, incluso mis familiares, me dijeron que debía de asumir yo nomás. También estaba la opción de contratar a otro director, pero podía tener otra visión. Yo siempre trabajaba con Óscar. Planificamos juntos el diseño fotográfico de las escenas. Yo estaba como asistente de dirección. En Hollywood, por ejemplo, el asistente de dirección no es responsable de la creación artística. Para nosotros no era así. Así hemos trabajado. El primer día es donde tuve más temor”, revela.

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Pero el miedo estuvo presente también al inicio del proyecto. Un sentimiento inusual lo invadió. Algo que no había sentido con anteriores largometrajes. Tito sigue tratando de comprender la razón del temor que sentía por aquellos tiempos en los que Yana Wara empezaba a nacer.

“Tal vez el corazón sabía que iba a ocurrir algo malo, lo que ha pasado con mi sobrino. Ahora me pongo a pensar, ¿por qué ese temor? Esa puede ser una posibilidad. La otra sería que en esta película abordamos un tema tenebroso, oscuro, de energía negativa. Hablamos del anchanchu [espíritu maligno aimara], de la mala hora. Esa energía creo que me hacía atemorizar”, piensa ahora.

Yana Wara: la voz aimara llega a Málaga

Tito posa junto a la actriz Irma Doris Percca para las cámaras. Han llegado a España para asistir al debut internacional de Yana Wara en el Festival de Cine de Málaga, donde será presentada en la Sección Oficial de Largometrajes a concurso. La cinta se estrenó también en el Festival de Cine de Lima, donde obtuvo la primera mención honrosa en la categoría mejor película peruana. En los premios APRECI, Óscar recibió un reconocimiento póstumo a mejor guion. Tras este recorrido, llegará a las salas de cine nacionales el 4 de abril.

«El conocimiento es personal. La sabiduría es a nivel de sociedad. Detrás de cada lengua, existe todo un sistema de valores. Si una lengua desaparece, su sabiduría también desaparece».

Tito Catacora, director de cine

Si el documental Pakucha -que Tito dirigió y Óscar produjo- abordaba el tema de los espíritus benignos (la Pachamama, los Apus y las deidades), con Yana Wara se propusieron retratar el mundo complementario: ese mundo de espíritus negativos, desde donde acecha el anchanchu. Aquel dios del mal aimara habita las cuevas y grutas del altiplano, se dice. Pocos sobreviven a su mirada y los que lo hacen morirán de extrañas enfermedades, cuenta el mito.

El director peruano Tito Catacora, junto a la actriz Irma Doris Percca, posan para la sesión fotográfica de su largometraje ‘Yana-wara’, que se presenta a concurso este miércoles en el 27 Festival de Málaga. Foto: EFE

Aquella fantasía, misticismo y horror están presentes en el drama Yana Wara, una cinta que denuncia la violencia de género en las comunidades aimaras. La película en blanco y negro sigue la historia de una niña de 13 años tocada por el mal y acosada por entidades malignas tanto terrenales como divinas. Don Evaristo, su abuelo, deberá tomar una decisión extrema para salvar a su nieta de un destino lleno de dolor. A través de la cosmovisión del mundo aimara y lo sobrenatural, Yana Wara explora temas profundos y transversales como el machismo, la educación tradicional, la condición de la mujer en las zonas altoandinas y la justicia intercultural.

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Luz Diana Mamani y Cecilio Quispe protagonizan Yana Wara, una denuncia al machismo y la violencia de género.

Encontrar a los actores fue un trabajo complicado. Al ser una película grabada íntegramente en aimara, necesitaba actores nativos. Pero no existen actores profesionales nativos, dice Tito. Tras seleccionarlos, tuvo que formarlos durante seis meses. A las convocatorias realizadas primero a través de Facebook solo acudían jóvenes. O no se presentaba nadie en lo absoluto. Entonces, decidieron recorrer las comunidades en búsqueda de los protagonistas: una niña y un anciano. “Fue muy difícil conseguir a la actriz principal. Yo no he podido, porque en nuestra región andina un hombre foráneo no se puede acercar a las niñas”, revela. Tito tuvo que contratar a un cazador de talentos, quien durante una festividad vio a Luz Diana bailando vestida con polleras. Se acercó a preguntarle si le gustaría actuar. La niña le respondió que sí. Luego, fueron a pedirle permiso a su madre. El temor de Tito era que Luz Diana se aburriera y abandonara el proyecto, o que se asustará durante las grabaciones en las oscuras cavernas del altiplano. Pero ella jamás dudó.

Promulgada en 2019, la Ley de Cine vigente tiene como objetivo la promoción del desarrollo de la actividad cinematográfica y audiovisual en el país. Para ello, establece una asignación presupuestal anual mínima de 6,000 UIT. Producida por Cine Aymara Studios, Yana Wara fue una de las películas ganadoras de los Estímulos Económicos para la Cultura que ofrece el MINCUL a través de la Dirección del Audiovisual, Fonografía y Nuevos Medios (DAFO). En el 2017, la cinta ganó un estímulo de 450 mil soles del fondo de largometrajes en lenguas originarias. El cineasta resalta la importancia de la alianza entre el Estado y el sector privado para seguir promoviendo la industria cinematográfica peruana: «Por un lado, creo que el Estado debe continuar apoyando las producciones nacionales y, por otro lado, los cineastas debemos seguir mejorando. Estamos en tiempos de competitividad y el pueblo peruano merece que podamos hacer los esfuerzos necesarios para destacar a nivel internacional».

El arte de lo ausente

Una película también trata de aquello que no se ve. La poética del cine también reside en lo oculto a la espera de ser descubierto. La estética de la ausencia y la construcción del tiempo son dos aspectos que el cine asiático ha sabido desarrollar por medio de la contemplación. Tito se confiesa seguidor del cine de Kim Ki-duk y Wong Kar-wai: “El cine al estilo de Hollywood, todo te avisa. Yo pienso que más bien habría que dar para que el espectador saque sus propias conclusiones. O sea, dejar que contribuya. Claro que hay tomas más objetivas, pero en lo mínimo siempre me voy preguntando, ¿cómo podría narrar esto de forma distinta?”.

Foto: Forbes Staff / Fiorella Gallardo

Tito dice que el miedo ha desaparecido. En la lógica andina, el bien y el mal no son antagónicos. Por eso, piensa que más que vencer a esa energía, se trata de comprenderla. Comprender que vivimos en un mundo que necesita de equilibrios para funcionar, explica. “En el universo del mundo andino, la muerte y la vida, el bien y el mal son más bien complementarios. No es como la lógica occidental, donde el diablo y Dios son irreconciliables. El espíritu maligno no implica pues que será malo siempre. Se puede tranzar con ellos. Los mineros en cualquier mina de los Andes, por ejemplo, tienen que tranzar un convenio con el mismo anchanchu, que es dueño del oro, para que pueda proporcionar mineral. El hombre se siente a veces por encima de la naturaleza, pero, en nuestra lógica, todos son parte de un cosmos en equilibrio”, dice. Por eso, ya no tiene miedo.