El pintor y escultor Gam Klutier instaló una joya pictórica en una cúpula en las alturas de la ciudad cusqueña de Urubamba. Se trata de un mural donado a una fundación dedicada a mejorar la calidad de vida de niños en situación de pobreza, malnutrición y desamparo emocional. Proyecta construir cinco cúpulas más en diferentes lugares del mundo.

Azul, dorado y amarillo. Esos son los colores por los que el artista holandés Gam Klutier siente mayor afinidad. Son colores que expresan su ser más profundo, al que dice acceder cuando se sumerge en el proceso creativo. También son sus colores primarios y los que definen el envolvente mural circular que pintó e instaló en una cúpula en medio de las montañas de la ciudad cusqueña de Urubamba.

Dicha obra lleva el nombre de «Born to shine«, o en español, «nacido o nacer para brillar». 

«Nacemos para hacer algo bello de eso», enseña Klutier, en entrevista con Forbes Perú en su estudio en el distrito limeño de Barranco. «Esa es la forma en que crecemos en la escuela. Siempre tenemos que ser los mejores, ambiciosos, y siempre nos olvidamos de nuestro desarrollo espiritual. Nos acarrean en dirección hacia las religiones, pero no en dirección hacia dentro de nosotros mismos. Born to shine es eso: haz algo de esta vida», dice, con tono desafiante, el artista. 

Foto: Gam Klutier

Casado por 36 años con la escultora holandesa Lika Mutal –quien falleció hace ocho-, Klutier llegó a Perú en 1981. Su esposa radicaba en el país andino, donde se había establecido desde fines de la década del 60. 

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Entonces, Klutier estaba en su ‘momento canvas’, enfocado en los trazos con óleos. Había empezado técnicamente a pintar a los 17 años, tras ser aceptado en una academia de arte en la ciudad de Breda, ubicada al sur de su país natal. El artista había dejado el colegio tres años antes y había ingresado a trabajar a una fábrica metalúrgica. Sus padres lo ‘animaron’ a asumir dicho empleo al ver que Klutier   «quería trabajar con las manos», cuenta el artista. Justamente, fue en aquellos años púberes en los que Klutier aprendió a moldear el metal, una destreza clave en la etapa creativa actual del artista de 78 años. 

Foto: Gam Klutier

La idea de construir cúpulas con murales surgió en 1995, pero solo se materializó en 2004. Este año, Klutier construyó la primera en otro estudio propio ubicado en una playa al sur de Lima. «En 2007 ya estaba listo el primero [mural] . Era blanco y negro. Lo tuve dos años y medio en la cúpula. Luego puse un nuevo canvas en la pared, en el mismo lugar, y empecé a hacer el segundo, que es Born to Shine”.

Esta segunda obra la terminó en ocho meses y ocho años después la instaló en la cúpula que construyó en Urubamba, en el corazón de la Fundación Niños del Arcoiris, una organización creada por Helena van Engelen, una compatriota suya, que brinda educación, salud y nutrición a niños de 3 a 13 años que viven en situación de vulnerabilidad. 

«Cuando terminé, lo tuve por dos años [al mural], lo quité, lo enrollé y lo tuve en mi almacén. En 2013 fue que Helena me habló de la posibilidad [de instalarlo en Urubamba] y yo dije ‘sí, tengo que hacerlo. Quería que esté allí'», cuenta. 

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La obra ha pasado casi inadvertida en los últimos 10 años y a Klutier le gusta que sea así. «Estoy muy feliz y agradecido. Hacer esto y llevarlo a un lugar que realmente pertenece», señala. 

Actualmente, Klutier pinta su tercer mural para una tercera cúpula. Con dos en Perú, el artista planea ahora instalar cinco cúpulas más alrededor del mundo. Una estará en Europa; otra en Estados Unidos. No ha definido dónde ubicará las tres restantes. Pero sí sabe cómo debería ser el ambiente ideal donde establecerlas. «Quizá [en] un centro de bienestar o un campus universitario. El arte tiene que estar en un lugar seguro. No puede estar en la calle, necesita un poco de protección. Puede ser un think tank o un lugar donde la gente, con altos niveles de estrés, puede ingresar y cambiar – sin notarlo- su vibración, puede refrescarse y darse cuenta que hay algo más que las matemáticas «, subraya. 

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