El escritor Alonzo Cueto (Lima, 1954) analiza en “Palabras en el mundo” la obra del nobel de literatura peruano a la luz de su vida y búsqueda intelectual y la amistad que los unió. En entrevista con Forbes, Cueto destaca el rol que desempeñó Vargas Llosa en la sociedad peruana y el legado que le dejó y recuerda anécdotas como aquella en la que un chamán predijo que se convertiría en nobel de literatura.
La rebeldía y la esperanza son dos elementos fundamentales de la obra del nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa. Así lo resalta el escritor peruano Alonso Cueto, quien en “Palabras en el mundo” (Alfaguara, 2025) analiza la historia de vida de su colega y amigo arequipeño fallecido en abril pasado, los protagonistas de sus novelas, la impronta de la literatura francesa y su inquietud por el saber y la política. Forbes Perú entrevistó a Cueto en el marco del Hay Festival, celebrado en Arequipa del 6 al 9 de noviembre pasado.
¿Qué destacaría de la obra de Mario Vargas Llosa?
La obra de Vargas Llosa es una exploración de la figura del rebelde, del transgresor, del soñador. Es la manifestación de alguien que ha vivido –desde de una vida muy íntima– la experiencia del que es sometido, como él lo fue por su padre, y que es capaz de rebelarse ante esta sujeción. Él vivió eso: cuando aparece su padre rompe el paraíso de su infancia y, desde entonces, él tiene que enfrentarse a una figura dura, intransigente, torpe, que lo que más prohíbe en él son los sueños, el arte, la lectura, la literatura. Mario me dijo una vez que si no hubiera sido esa aparición de su padre él no habría sido escritor. Creo que este llamado a la rebeldía es un llamado a la esperanza, porque quien se rebela es porque tiene esperanza. En el fondo es una literatura que explora la situación del rebelde, tiene una fe muy grande en las posibilidades del ser humano, en cambiar y mejorar el mundo, que es algo a lo que él nunca renunció. Siempre pensó que podíamos, a través de la literatura y nuestros actos y palabras, cambiar y mejorar el mundo en el que vivimos.
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Lo define a Vargas Llosa como un muralista de la diversidad. ¿Qué significa para los peruanos?
Él tuvo un apetito por lo diverso […]. El Perú, que es un país tan diverso, le dio esta ocasión un espejo en el que estaban representadas todas las razas, ‘todas las sangres’, como dice Arguedas.
Entonces, esta relación entre Vargas Llosa y el Perú fue muy fructífera por esto: este apetito con lo diverso se encontró como un espacio social y cultural que le ofrecía lo diverso, lo variado y, gracias a eso, pudo ser la fuente de inspiración más grande a lo largo de de su obra.
Uno de los elementos que asimismo resalta en la obra del nobel es la influencia de las mudanzas geográficas durante su infancia.
A los 11 años él ya ha vivido en Arequipa, Cochabamba, Lima y Piura. La idea de lo diverso ya está presente en su experiencia en ese momento. Siempre apostó por la idea de la vida como un viaje. La vida es siempre ir hacia un lugar, nunca quedarse en un lugar. Y, al final de su vida, decidió venir al Perú y quedarse aquí a vivir los últimos años. […] Estuvo con sus amigos. Estuvo con su familia. Estuvo con la gente que lo quiere. Yo creo que el Perú apreció y agradeció mucho ese gesto de Mario de venir aquí a pasar los últimos tiempos de su vida. Cuando murió, una de las cosas que me conmovió es que en una combi [había] un lema grande que decía: ‘Mario Vargas Llosa descansa en paz’. Alguien que había escrito eso, el chofer de la combi seguramente pensando en él.
En su obra, también destaca la existencia de pugnas por el poder. ¿Cómo interpretar esto desde su intención de ser presidente del Perú?
[Cuando] él llega a París, de muy joven, escucha un discurso de André Malraux que se dirige al público en una plaza y eso le impresiona mucho. Esta idea del intelectual francés como una figura que interviene en el mundo político lo apasionó siempre. Luego viene Sartre y le dice ’las palabras son actos, las palabras son hechos que pueden influir en la vida social’. Entonces, él siempre tuvo la tentación de pasar al campo activo de la política. El mundo del intelectual y el mundo del político son diferentes. El intelectual cree en las palabras: el político no cree en las palabras, las usa a su antojo para engañar a la gente con mucha frecuencia. El hombre de letras cree en el lenguaje. Si el hombre de letras dice algo es porque las palabras tienen un valor y las va a cumplir; el político dice algo para pasar el momento y después hace lo contrario. Hay una gran diferencia entre el intelectual o el hombre de letras y el político. Entonces, él en ese mundo no iba a poder tener éxito, porque él en todo momento dijo la verdad. Dijo que iba a haber una subida grande de precios cuando él subiera al poder. Fujimori dijo que no iba a haber. Por supuesto que cuando Fujimori subió es lo que hizo: subió los precios de una manera espectacular. Era lo que le mandaba hacer el programa económico en este momento. Pero hay que agradecer ese fracaso. Porque ese fracaso produjo un gran libro que fue “El pez en el agua”. “El pez en el agua” es un libro que es producto del fracaso en la política y es un retorno a la palabra, al pensamiento, a la memoria. Entonces, muchas veces los grandes libros vienen de los fracasos. Alguien que fracasa en la vida se refugia en la literatura y usa ese fracaso para escribir un gran libro. Y esto fue lo que pasó.
En el libro, cuenta sobre un viaje que realizaron juntos a Ayacucho, en el que un chamán le leyó las hojas de coca a Vargas Llosa y le dijo que iba a ganar el Nobel de Literatura. ¿Cómo reaccionó Vargas Llosa?
Creo que fue en el 2005. Fue unos cinco años antes [de que MVLL ganara el Nobel de Literatura]. Lo que pasa es que nosotros íbamos como grupo cada año o cada seis meses de viaje por el Perú. Estaban Fernando de Szyszlo, Freddy Cooper, Juan Ocio y a veces venían algunos amigos chilenos, Arturo Fontaine y Tamara. Hacíamos estos viajes para conocer Perú y estar juntos. Un día en el hotel en Ayacucho llegó un chamán y ofreció decirnos del futuro. Tiró las hojas y le dijo eso. Creó mucha expectativa en todos. Mario se río. Alguien en el grupo dijo “fija fecha”. No creo que él viviera pensando en los premios, pero cuando llegan los premios siempre son bienvenidos.
¿Qué aspectos controversiales cree que envuelven la figura de Vargas Llosa?
Los aspectos más polémicos para muchos son sus manifiestos políticos. La idea de que al final de su vida, por ejemplo, él mostró adhesiones a algunas personas que a mucha gente le pareció un error. Pero lo que nunca se puede negar es que él tuvo una enorme honestidad. Él nunca lo hizo por oportunismo, conveniencia ni por ningún tipo de provecho propio. Siempre dijo lo que pensaba, pensando que era lo mejor para el Perú. Cuando él dice que había que apoyar a Keiko Fujimori por encima de Pedro Castillo, pensó que su programa nos iba a llevar a la ruina. Efectivamente, casi ocurre. Felizmente no lo pudo implementar. Él siempre pensó que hay que meterse en la arena pública, que hay que opinar, que hay que influir, que hay que pelear, que uno no puede quedarse callado cuando pasa todo lo que pasa. Eso creo que lo define como persona. Ya nadie hace eso hoy. Creo que una época se terminó con él. Una era en la que una persona muy brillante del mundo artístico e intelectual tiene unas ideas muy certeras sobre lo que está pasando en la vida política y económica. Las dice e influye con su lenguaje en la marcha de los acontecimientos. Es la voz de la conciencia de la sociedad. Alguien que dice lo que todos pensamos y lo dice mejor e influye con sus palabras en el curso de los acontecimientos. Ese mundo se ha terminado con él. Ese mundo que es parte de su generación ya no existe más.
¿Y la rebeldía?
Pero la rebeldía tiene que continuar. Y la gente que lee a Vargas Llosa tiene que seguir pensando que hay una esperanza, que hay una posibilidad. Su última novela es un canto a la esperanza. “Le dedico mi silencio” es un canto a la esperanza, [una obra en la que explicamos] cómo nos vamos a salvar y cómo podemos todavía ser un país integrado a través del arte y la música popular, que reconcilia las diferencias, que nos une. Podremos tener muchas diferencias, pero a la hora de cantar seremos una sola voz. Creo que detrás de esta última novela dejó como un testamento a las posibilidades que todavía tiene el Perú de reconciliarse e integrarse. En fin, de todo lo que tenemos que hacer para progresar.
