El escritor peruano, Premio Alfaguara 2023, asegura que en “Mamita”, publicada el año pasado, busca experimentar el dolor de un duelo inevitable: la pérdida de la madre. Revela que el tema central de su próximo libro será la corrupción.

En su última novela “Mamita”, el escritor peruano Gustavo Rodríguez –Premio Alfaguara 2023– se anticipa al fallecimiento de su madre. Contada en primera persona, el protagonista es el propio narrador, y los personajes, su propia familia. “Mientras en mis primeras novelas yo escribía para tratar de entender cosas de mi pasado, en mis últimas novelas estoy adelantándome al futuro“, confiesa en esta entrevista con Forbes. También revela el tema de fondo de su próxima obra: la corrupción en Perú.

¿Qué te animó a escribir esta historia tan personal?

Probablemente fue por la certeza de que a mi mamá le quedan ya no muchos años en el mundo y quería procesar mi despedida de ella con una premisa que yo he empaquetado falsamente. Es decir, yo siempre digo no o me repito: ‘Este es un regalo que le debías a tu madre desde hacía mucho’. ‘Ya que eres escritor, entregarle literariamente la figura de su padre, de su madre y de su linaje y que se reconozca en esa historia’. Pero después me doy cuenta de que ‘no, es al revés’. En realidad, es un regalo que yo me he dado a mí mismo para procesarme y despedirme; [para] acostumbrarme a la idea de que ya no va a estar. Quizá ese haya sido el motor detrás de «Mamita». En mis dos últimas novelas [“Cien Cuyes” (2023) y “Mamita” (2025) ] los protagonistas son ancianos. No es lo usual en mí en mi novelística. Mi próximo libro definitivamente no va a ser así, pero creo que estos dos libros me han ayudado a procesar este momento.

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En la novela, estás retratando la idea de madre en la sociedad peruana. ¿Crees que está sobrevalorada?

Más que sobrevalorada, está la figura de la madre santificada, lo cual obviamente es una fantasía, porque mientras la mujer más se asemeja al ideal que, por ejemplo, propugna la Virgen María, pues más a gusto nos vamos a sentir y eso es imposible, ¿no? Ser madre es un rol. No es ser una persona. Una madre es un ser humano antes que nada y puede tener otros intereses, otras inquietudes, otras ambiciones, otras pasiones. Entonces, encastillar a la mujer dentro de esa imagen impoluta, perfecta, siempre benévola, es una ficción perversa.

También retratas las relaciones de poder

A mí me gusta poner en fricción los distintos estamentos sociales que hay en mi sociedad. De ahí salen diálogos o situaciones tragicómicas y el lector puede sacar cuenta a través de la literatura de qué tan compleja y contradictoria es su sociedad al ser tan clasista y racista a la vez. Sí, yo reconozco que, a lo largo de mi obra y mis novelas, está esta hipótesis mía, por la cual el racismo es el principal problema estructural de mi país se hace presente. Pero claro, tiene que hacerse presente de una manera, pues casual o que parezca espontánea.

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En esta obra te anticipas a un hecho doloroso, la muerte de tu madre. ¿No te parece un poco atrevido?

Sí, claro, pero si no me atrevo con lo que escribo, cuándo me voy a atrever. Es decir, yo quiero sentir. Mientras en mis primeras novelas yo escribía para tratar de entender cosas de mi pasado, en mis últimas novelas estoy adelantándome al futuro para tratar de entender qué va a ocurrir y cuando ocurrirán las cosas malas que pueden ocurrirme. Yo quiero sentir mientras escribo, mientras imagino, mientras entro en ese trance. El arte tiene que ser atrevido.

¿Qué se viene en tu carrera como escritor?

Estoy preparando una nueva novela con personajes contemporáneos de Lima, muy disímiles entre sí, unidos por una problemática que todos conocemos, la corrupción. Estoy dándole vueltas a esto.

¿Qué te preocupa exactamente?

Me interesa ver hasta qué punto la corrupción es parte del ADN de esta sociedad desde hace siglos y cómo se difumina hasta nuestro entorno más doméstico. Me preocupa hasta qué punto hemos naturalizado y hemos bajado el estándar en todos los niveles: cómo hemos llegado a consentir mentir con tanto desparpajo ante una cámara ante miles de seguidores; cómo hemos llegado a consentir que un candidato insulte a otro de una manera detestable; cómo hemos llegado a permitir que la ignorancia sea motivo de orgullo. Todo eso me subleva y me entristece a la vez. Pero también, como soy un optimista, […] pienso que la humanidad siempre está prendida a un péndulo, y que a una contrarreacción siempre va a haber una reacción. Entonces, vamos a ver qué pasa.

¿Y para cuándo piensas publicarla?

El próximo año me siento escribir y no sé cuándo salga la verdad.