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Esta marca de ropa peruana busca conquistar las tiendas de lujo de Europa y Asia

En 2019, los gemelos Roberto y Paulo Ruiz Muñoz lanzaron en París una marca de ropa inspirada en la artesanía, la poesía y la cultura popular del Perú. Hoy esta se vende en tiendas conceptuales de Guatemala, Japón y Reino Unido. Este año llegaría a México.

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D.N.I., la marca de ropa que estos gemelos peruanos venden en tiendas de lujo
Paulo (izq.) y Roberto (der.), fundadores de D.N.I. Foto: Cortesía D.N.I.

La historia de los gemelos peruanos Roberto y Paulo Ruiz Muñoz, fundadores de la marca de ropa unisex D.N.I., es más que inspiradora.

Con solo un año de edad, se mudaron de su natal Lima al distrito azucarero de Casa Grande, ubicado a 15 minutos de Trujillo (en la región de La Libertad). Allí crecieron y forjaron su imaginario creativo. A los 13 años de edad, los gemelos migraron a París con su madre para reunirse con su padre. Este último había aterrizado en la ciudad luz un quinquenio antes con el objetivo de encontrar un mejor futuro económico que el ofrecido por Perú a principios de 1980.

Recién llegados en Francia, Roberto y Paulo tuvieron que adaptarse y aprender francés para que cursar la secundaria.

Ya bachilleres, los adolescentes se dieron cuenta que les gustaba crear (a Paulo le gustaban las ciencias y a Roberto la arquitectura). Ambos decidieron ser diseñadores y se inscribieron en L’Institut Supérieur des Arts Appliqués (LISAA).

Los gemelos Ruiz Muñoz. Foto: Cortesía D.N.I.

“Tuvimos que hacer un préstamo para estudiantes” dice Paulo a Forbes. Actualmente, él se desempeña como director de D.N.I. y Roberto es el CEO de la firma.

Inspirarse en los errores

En su tercer y último año de estudios, los gemelos fueron elegidos para representar a LISAA en la Semana de la Moda de los Graduados de Londres. Lo hicieron con dos colecciones que anticiparon la esencia que le impondrían más adelante a D.N.I. Paulo participó con “Made in”, que “hablaba del origen en un lenguaje internacional”. Roberto lo hizo con una colección que integraba el arte religioso católico con la pintura. Su colección llevaba el nombre de “Habemus Papa”, recuerda el empresario.

Siempre codo a codo, en 2015, los gemelos crearon, junto a dos compañeros del instituto “Collectif Aucan” (Colectivo de nadie), una marca sin etiquetas, cuyos dibujos no llevaban firma y no identificaban al diseñador.

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“[Collectif Aucan] comenzó como un chiste y terminó como un negocio”, dice Roberto. El diseñador y empresario cuenta que vieron despegar el emprendimiento cuando, tras exhibir cinco prendas a modo de colección en un showroom en París, un comprador los conectó con la icónica Colette, una concept store cerrada en 2017 que hoy es propiedad y sede de una boutique de Yves Saint Laurent. Colette adquirió sus diseños de forma exclusiva, cuenta Roberto.

Aunque el negocio en Colette funcionaba con dos colecciones anuales (otoño-invierno y primavera-verano), uno de los dos socios externos y Roberto –que entonces trabajaba en Galerías Lafayette– fueron reclutados por otras empresas. Así, su primer negocio pasó a segundo plano. Paulo también estaba ocupado, ya que trabajaba exitosamente como asistente para la marca Cédric Charlier.

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En 2018, decidieron cerrar Collectif Aucan. “Nos dijimos que era tiempo de pararlo, de seguir nuestra experiencia en la moda y de reflexionar”, apunta Roberto.

Fue un momento bisagra. Los gemelos se dieron cuenta que el modelo horizontal de gestión (sin jefes y sin reconocimiento de autor) no les aportaba presencia en el mercado ni les permitía mantener una hoja de ruta clara. Pero, además, les mostró que requerían dedicarle toda su atención al emprendimiento para que este sea rentable.

“Un negocio no puede funcionar si, diariamente, no le estás dando horas y horas de trabajo”, asegura Roberto.

No fue un paso en falso. Los gemelos sabían que aquella experiencia previa les había permitido conocer el mercado francés. Pero también les había mostrado el japonés y el europeo y sus diferentes niveles de exigencia en cuanto a plazos de entrega y pago y, una variable no menos importante, la calidad. “Te das cuenta que la exigencia del mercado japonés es aun más alta que la del parisino, ruso, de Luxemburgo o Corea del Sur”, dice Roberto.

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Sin embargo, su mayor lección —añade— fue tomar consciencia de su propia capacidad. “Me acuerdo que, cuando estábamos en la escuela de moda, Colette era un templo de la moda, de diseñadores reconocidísimos. [La colección para Colette] fue la primera que dibujamos después de salir de escuela y esta señora [Sarah Andelman, hija de Colette Roussaux, fundadora de la tienda] lo estaba comprando. [Nos preguntamos],¿qué está significando [eso]?”, recuerda Paulo.

Estética casagrandina

D.N.I. fue el resultado de esa introspección y, según Paulo, la pandemia, que empezó solo meses después del lanzamiento de la firma, creó un espacio en el mercado para su idea, pues los compradores buscaban novedades y diferenciación, dice.

“Nos dimos cuenta que, durante la pandemia, los compradores internacionales [de moda] estaban en búsqueda de diferenciación, de productos con una historia fuerte y consciente”. roberto ruiz muñoz, ceo de d.n.i.

“Nos preguntamos quiénes somos, qué queremos narrar y cuál es diferenciación que va traer esta fuerza para captar”, anota Roberto y explica que la marca combina elementos de la cultura popular, poesía y artesanía peruanas.

La noción era entonces nueva en París, donde no había ningún diseñador de moda masculina que distribuía en puntos clave, aseguran los gemelos Ruíz Muñoz.

La demanda por productos diferenciados—y el coraje ganado con Colletif Aucan— animó a a los empresarios peruanos a acercarse a compradores y mostrarles su trabajo. Su primer negocio fue con la tienda alemana Voo Store, donde, de acuerdo con los hermanos Ruíz Muñoz, fueron vistos por un comprador que era esposo de otra compradora de ropa de las galerías Printemps, de nacionalidad peruana.

“En esa época, tenía toda la colección en mi casa. Le dije a la compradora de Printemps: ‘La colección está en mi casa. Puedes venir, te la muestro, te la explico y te la pruebas’. Para nuestra sorpresa me dijo: ‘Voy a tu casa, me encanta la idea’”, recuerda Paulo.

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Los gemelos cuentan que, desde enero de 2021, gestionan un rack de 3 metros en el tercer piso de la galería en un espacio denominado “Selección 64”, con diseñadores emergentes de diferentes partes del mundo. Desde entonces, sus ventas en Primtemps se han multiplicado por cinco, aseguran los peruanos.

Justamente, hace algunos meses, la galería convocó a las marcas que se exhiben en sus pasillos para participar con ideas en una campaña de branding. Los gemelos propusieron el concepto de “mercadito peruano” bajo una “estética casagrandina”, dice Paulo.

La idea le gustó a Printemps y el próximo sábado se inaugurará en el primer piso la exposición “El Perú te ama”, que incluye productos de moda, artesanías y alimentos peruanos, que los gemelos impulsaron junto a la oficina comercial de Promperú en París.

Eso no es todo. Paulo y Roberto apuestan por seguir creciendo fuera de París. Ya están comercializando sus colecciones en las tiendas conceptuales Stare Vie (en Guatemala) Layers (en el Reino Unido) . En Japón tienen presencia a través de la distribuidora Concento París HP Francke. Los empresarios aseguran ingresarán próximamente a México.

En ventas, proyectan alcanzar los 150.000 euros este año y duplicar dicho monto en 2023, puntualizan.

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Los gemelos en la Casa D.N.I. en Casa Grande. Foto: Cortesía Paulo y Roberto Ruiz Muñoz.

Además, están trabajando para la apertura de la Casa D.N.I., un centro cultural en pleno Casa Grande, donde buscan revivir la época cultural dorada de aquel pueblo ubicado en una antigua hacienda azucarera. De hecho, en ese espacio –ubicado al lado de la casa de su infancia– también prevén establecer su taller de diseño. Así, no sólo pretenden convertir al lugar en un polo de atracción del arte y la moda, sino movilizar y visibilizar a la comunidad peruana de diseñadores. Es un proyecto en desarrollo.

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