El proyecto Algodón de Vida, creado por Textil del Valle y Filasur en 2020, gestiona 2.000 hectáreas de algodón orgánico en San Martín en alianza con 200 comunidades campesinas e indígenas. Hacia 2025, proyecta instalar y cosechar 10.000 hectáreas de la fibra, es decir, casi el doble del área promedio instalada en el país en los últimos cinco años. ¿Cómo funciona este negocio que abastece con materia prima a Patagonia, Lululemon y Lacoste?

“Todo el mundo me dice eso: ‘Estás loco, ¿cómo te vas a meter a un negocio donde existe riesgo?’”, responde Juan José Córdova, gerente general de la fabricante de prendas de exportación Textil del Valle (TDV), cuando le preguntamos cómo están lidiando con los riesgos del proyecto ‘Algodón de Vida’ y su producción de 2.000 hectáreas de la fibra en zonas productoras de hoja de coca en la región amazónica de San Martín. Fibras que son procesadas, hiladas y convertidas en ropa para marcas como Patagonia, Lacoste, Lululemon y Greyson, entre otras.  

“Hemos sabido avanzar con nuestras comunidades y persuadir a nuestro entorno; a nuestras autoridades también”, dice. Por ‘realidad’, Córdova se refiere al negocio ilícito de la producción de hoja de coca, que, en 2022, abarcó 95.008 hectáreas a nivel nacional, según la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida). El ejecutivo explica que es una actividad que está desplazándose, que no es geográficamente estática. 

“El sembrío de hoja de coca cada vez se aleja más de las ciudades o de las vías de penetración, llámese carreteras, ríos. Los negocios [ilícitos] están [yendo] más a la selva profunda. Entonces, vemos como una oportunidad para el agricultor engancharse con un cultivo rentable, que es positivo para su comunidad, su desarrollo, y sobre todo, [que es capaz de] generarle engagement. Con sus manos, [el agricultor] está vistiendo al mundo con calidad y sostenibilidad”, afirma. Córdova admite que tienen un factor a favor: la presencia de las Fuerzas Armadas en la zona (principalmente de la Fuerza Aérea del Perú). 

De la totalidad de hilo de algodón producido por el proyecto, el 20% es adquirido por Textil del Valle para su propia producción; el 80% es vendido a terceros, explicó Córdova. Foto: Textil del Valle.

En plena pandemia

El proyecto ‘Algodón de Vida’ partió hace tres años, durante la pandemia, casualmente cuando el precio de la hoja de coca cayó a la mitad, pasando de enero a marzo de 2020 de S/12,67 (US$3,46) a S/6,56 (US$1,79), respectivamente, según Devida. 

En octubre de 2020, Textil del Valle y la firma fabricante de hilados Filasur, constituyeron Algodón Orgánico Perú, que actualmente se encarga de establecer contratos de producción con agricultores –la mayoría excocaleros- de unas 200 comunidades campesinas e indígenas. A través del proyecto, a los agricultores se les proporciona semillas certificadas, capacitación técnica, fertilizantes apropiados y se les compra la fibra y la desmota. En tanto, Filasur hila y mezcla la fibra y Textil del Valle  la transforma en prendas de vestir y las coloca en el mercado. En esto último, TDV tiene experiencia, con un portafolio de clientes de marcas extranjeras top a las cuales atiende hace años.

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Así es la cadena productiva de Algodón de Vida, un negocio que este año producirá 2.500 toneladas de algodón orgánico certificado de las apreciadas variedades tangüis y pima (larga y extralarga, cada una) y prevé facturar unos US$20 millones, estima Córdova. El ejecutivo proyecta que se ese resultado se incrementará en 25% para el cierre de 2024.

Desde que arrancó a la fecha, el proyecto ha demandado una inversión que sobrepasa el millón de dólares en semilla, libros escolares, asesoramiento técnico, gastos de combustible y activos, detalla Córdova. Se trata de una inyección de capital inicial, pues, en el corto plazo, los socios buscan levantar fondos verdes para consolidar la actividad. «Necesitamos tener un espacio propio en la zona, donde podamos no solamente investigar, innovar y desarrollar estos cultivos para que los agricultores se puedan convencer de una manera más explícita, sino también […] tener una desmotadora y avanzar con el proceso productivo de algodón y llevar la fibra limpia a las hilanderías en Lima», detalla. 

“Las marcas están buscando nuevas alternativas sostenibles de fibras y aleatorias que ayuden a afianzar el renacimiento sostenible que tienen las marcas con sus consumidores. Nosotros, con este proyecto, [somos] como anillo al dedo. El proyecto es único en el mundo”. 

Juan José Córdova, gerente general de Textil del Valle
Visita de compradores al proyecto Algodón de Vida. Foto: Textil del Valle.

Una historia distinta 

¿Qué hace viable el proyecto? Uno de los principales factores que lo avalan es comercial, pues el consumidor “ha cambiado” y pide fibras “mucho más sostenibles”, dice Córdova.

“Viendo lo que se podía [hacer], juntamos toda esa necesidad de mercado [de fibras sostenibles] y la trasladamos a Algodón de Vida”, dice Córdova. En ese sentido, explica que el algodón que siembran en San Martín crece con agua de lluvia, durante nueve meses, bajo sistemas de rotación de cultivos. En su caso, rotan maíz, lentejas y papaya y así, al inyectar nitrógeno de forma natural, los suelos se regeneran y preservan su productividad. Pero eso no es todo. Según agrega el ejecutivo de TDV, el algodón también se puede producir en asociación con cacao y café, dos granos con los que el Gobierno ha impulsado hasta ahora el reemplazo de la hoja de coca en el país. 

“Estos sembríos pueden convivir juntos. Es decir, en una misma hectárea pueden haber sembríos de café, cacao y algodón orgánico”, sostiene Córdova. 

Otro factor es la adaptabilidad del cultivo y el conocimiento de manejo tradicional por parte de los agricultores locales. Al respecto, cabe destacar que San Martín tiene presencia de algodón en sus 77 distritos, lo que la hace la región con más distritos donde se encuentra la fibra, seguida de Amazonas, con 44, según el informe “Línea base de la diversidad del algodón peruano con fines de bioseguridad”, publicado por el Ministerio del Ambiente en 2020. 

“Lo que nosotros hemos hecho es aprovechar la geografía, la calidad del suelo y el conocimiento ancestral que tienen las comunidades de la zona para complementar con una buena materia prima. Nosotros le brindamos la semilla, un buen asesoramiento técnico y acompañamiento durante los nueve meses que cultivan el algodón para sacar un producto de calidad con trazabilidad y con un valor agregado único. Fuera de ser un producto alternativo a la hoja de coca, es un algodón que se riega 100% con agua de lluvia, que ayuda a que los sembríos apoyen a la descarbonización”, puntualiza Córdova. 

La rotación de cultivos de pan llevar le permite a los agricultores hacer “caja chica” y recibir un precio preestablecido por campaña por el algodón orgánico. “Tenemos contratos con cada uno de los agricultores, lo que garantiza el cumplimiento de ese ofrecimiento, haciendo que la rentabilidad del cultivo sea conocida por parte del agricultor y que el agricultor sienta que es una alternativa más dentro del portafolio de productos que tiene que son económicamente rentables”, dice Córdova. 

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En 2025 (en dos años), anticipa Córdova, se estima quintuplicar el área con la que hoy cuenta el proyecto. Es decir, gestionar 10.000 hectáreas de algodón orgánico como cultivo alternativo a la hoja de coca. Córdova comentó la proyección en la “Conferencia Sustentabilidad y Economía Circular” en el marco de la Semana de la Industria, organizada por la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) el 6 de junio pasado. 

El ejecutivo reconoce que su aspiración es ambiciosa. Supone casi duplicar el área nacional de algodón respecto al promedio ejecutado entre 2018-2023 (11.067 hectáreas), según el Marco Orientador  de Cultivos de la Campaña Agrícola 2022/2023 del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego. La expansión, además, sería encabezada por la fibra orgánica.

Considerando el plan, para 2025, el proyecto abarcaría el 10,5% del área de arbustos de hoja de coca que estaba en producción hasta el año pasado, según Devida. “El departamento de San Martín es la única [región] en la que hoy estamos trabajando. Pero, en el futuro, no descartamos seguir creciendo en otras más”, desliza el gerente. 

Datos relevantes 

  • Producción local y precio global al alza. Este año se espera que el precio internacional del algodón se incremente ligeramente debido a una menor producción de China y la India, lo que genera una oportunidad para ampliar el área sembrada, observa Luis Quirós Rossi, decano de la carrera de Ingeniería Agroforestal de la Universidad Científica del Sur. En Perú, en 2022 la producción de la fibra alcanzó las 38.000 toneladas, 158% más que  al año anterior, agregó. 
  • Cultivo alternativo. En ese sentido, Quirós Rossi ve “totalmente viable” que el algodón orgánico se convierta en un potencial cultivo alternativo a la hoja de coca. El académico ha trabajado en la gestión de proyectos de desarrollo con aplicación de agroforestería para la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para el Programa de Desarrollo Alternativo de la Hoja de Coca en Perú. “[El algodón] es un cultivo adaptable a diferentes zonas del país. Hay un mercado para cada especie de algodón. Pero lo más importante aquí son las cadenas productivas, que deben ser promovidas por el Estado. Es decir, sembrar algodón para un agricultor es mover volumen. No es lo mismo mover 100 kilogramos (kg) de cacao que mover 100 kg de algodón. El volumen es lo que complica la logística. Además,  los centros de acopio quedan lejos de las zonas de siembra. Esto es lo que no ha permitido el pleno desarrollo [del algodón en la selva]. Aquí es donde el Estado debe intervenir o la empresa privada, facilitando conexión, pistas, caminos, centros de acopio, logística que permita reducir estas brechas”, opina. 
  • Algodón silvestre. La región San Martín es reconocida por sus fibras de algodón silvestre de diferentes colores. El avance de las variedades industriales como pima le está quitando protagonismo a las variedades nativas, contó una fuente local conocedora del negocio.

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