La vitrificación de óvulos gana terreno en el mercado de la salud reproductiva en Perú. Está cada vez más en el radar de las mujeres peruanas profesionales y los empleadores empiezan a notarlo.

Shirley tiene 39 años y es administradora de empresas. En septiembre de 2020, en plena pandemia, decidió congelar sus óvulos con la intención de postergar la posibilidad de ser madre. “Ya lo venía pensando desde los 34. Estaba soltera, sin plan de pareja”, cuenta a Forbes. “Decidí no aplazarlo más, porque ya tenía 36 años. El plan de tener una opción en el futuro era algo que me dejaba tranquila”, se sincera.

En Perú, por año, miles de mujeres profesionales de Lima y provincias toman la misma decisión que Shirley: deciden ‘congelar’ sus óvulos, someterse a un procedimiento de estimulación hormonal, para extraerlos, vitrificarlos a menos 197 grados centígrados de manera ultrarrápida y guardarlos en tanques de nitrógeno hasta el momento en que decidan fecundarlos con esperma de su pareja o de bancos, convertirlos en embriones y ser madres.

La realidad es que no hay cifras exactas del universo femenino que está decidiendo invertir en aplazar su maternidad en Perú. Fuentes consultadas para este artículo señalan que se realizan entre 1.000 y 1.200 casos por año, pero el número podría ser mayor, considerando que en el país existirían al menos 20 centros de fertilidad que ofrecen el tratamiento y que los centros consultados en este reportaje hacen por año más de 200 ‘crío de óvulos’ [crío, de criopreservación].

No es una tendencia aislada. Está ocurriendo en otros países de la región y el mundo. El punto de quiebre que ha permitido el despegue del tratamiento data de 2008, con la globalización de la tecnología de vitrificación del doctor japonés Masashige Kuwayama, que garantiza una supervivencia de los óvulos al momento de ser descongelados en más de un 90%. De hecho, antes de aquel hito tecnológico, la tasa de supervivencia de los óvulos era de 20%, precisa Luis Noriega Hoces, fundador y director médico en la clínica de fertilidad Concebir, fundada en 1989. “Ahora sí podemos decir, 30 años después: ‘Puedo guardar mi óvulo y lo descongelo después de 5, 10, 15 años y es igualito que el que yo congelé’. Con la premisa de que si congelas el óvulo a los 25 años y lo descongelas cuando tienes 40, vas a tener un óvulo no de 40 años, sino de cuando tenías 25”, explica.

En efecto, la edad sí importa, pues determina la calidad de los óvulos. Según la clínica Concebir, los de una mujer de entre 20 y 24 años tienen un 99% de posibilidad de resultar positivos en un embarazo, mientras que los óvulos de una de entre 40 y 44 años tienen 2%. “La fertilidad está en función de la buena calidad embrionaria y una buena calidad embrionaria está en relación con la calidad del óvulo y, esta, con la edad de la mujer”, exhibe la relación Noriega y repara que el 60% de sus pacientes tiene entre 40 y 45 años. La situación es similar en la mayoría de las clínicas, donde la media de las pacientes supera los 35 años. En la Clínica Miraflores, las mujeres que congelan están “más cerca de los 40”, dice su director, Augusto Ascenso Aparicio; y en la clínica Inmater, entre los 37 y 40 años, dice Luis Ernesto Escudero, su director y fundador.

Foto: Cortesía Concebir

Una tendencia emergente

Pese a que la población con mayor calidad de óvulos aún no es la más interesada en el tratamiento para congelarlos, su demanda está en claro crecimiento ascendente en Perú, con tasas de doble dígito por sobre los tratamientos de fertilidad. Así lo explican en la clínica Inmater, donde el doctor Escudero cuenta que, mientras el negocio de las crío de óvulos crece por año entre 20% y 30%, casi todos los tratamientos de fertilización in vitro se expanden entre 12% y 30%. Dicho auge se refleja en el peso del servicio en la facturación general de las clínicas: por ejemplo, en Clínica Miraflores, supone el 20% del total (el 60% proviene de servicios de ginecología); en Inmater, el 15%; en el centro especializado de reproducción asistida Niuvida, del 20% al 25% del ‘movimiento’, puntualiza el biólogo Carlos Duarte; y en Concebir, un 10%. “No tengo la menor duda de que este es un crecimiento impresionante, como una bola de nieve. Ten la seguridad absoluta de que en menos de tres años esto va a ser un boom”, prevé Noriega.

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La anunciada explosión tendría un impacto a la baja en los costos, vaticina el doctor. ¿Cuánto cuesta actualmente un tratamiento? Al respecto, cabe indicar que el precio total se divide entre los honorarios médicos, los medicamentos de estimulación ovárica, la vitrificación y el mantenimiento. Así, en general, según las cifras recogidas por Forbes, una ‘crío de óvulos’ parte en US$ 3.500 y puede aumentar si es necesario repetir la extracción de óvulos; mientras que el costo de mantenimiento de los óvulos, entre US$ 100 (por paquetes por varios años) y unos US$ 250 por año.

Decisión competitiva

Por su costo, este tipo de servicios están orientados a la punta de la pirámide socioeconómica. Y también a extranjeros, sobre todo a peruanas que viven en el exterior, que encuentran en Perú una oferta competitiva comparada con otros países. “El Perú es de los países más accesibles en la región”, comenta Jeannette Marchena, ginecoobstetra, especialista en medicina reproductiva de clínicas Auna.

En efecto, en Concebir un 5% de las pacientes que buscan realizarse el tratamiento proviene del exterior, precisa Noriega. “Lo más importante que debe pensar la persona es ‘guárdalo en tu sitio de origen’”, advierte el doctor, quien comenta que, a la fecha, existen restricciones (o complejidades) para la exportación de óvulos, en caso se desee realizar su fecundación fuera del Perú.

Esa fue la lógica de Cecilia cuando decidió, a sus 31 años (hoy tiene 34), congelar sus óvulos en una clínica de fertilidad limeña no contactada para este reportaje. Residente en Estados Unidos desde los tres años, la bióloga peruana trabajaba entonces en una de las cinco grandes tecnológicas de Silicon Valley. “Como parte de los beneficios que te da la compañía está el frozen de óvulos”, dice en spanglish al otro lado del WhatsApp. “Yo podía hacerlo en Estados Unidos y Europa”, cuenta. Eligió Perú por dos razones: una, económica; otra, emocional. “Yo sabía que me salía más barato, pero de todas maneras tenía que pagar un porcentaje. Pero más que eso, porque iba a pasar una temporada en Perú y quería estar acompañada”, dice y agrega que su papá casualmente es ginecólogo. Justamente, fue él quien le recomendó dónde y con qué especialista realizarse el tratamiento.

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El caso de Cecilia es paradigmático. No solo porque da cuenta de los cauces de expansión que el mercado está tomando, sino también porque muestra que el boca a boca manda en esta especialidad médica, como en otras. Además, pone en evidencia un asunto clave: el financiamiento. En Perú, hasta ahora las pacientes pagan la totalidad del costo del tratamiento o bien lo financian a tasas preferenciales en bancos gracias a alianzas promovidas por las clínicas. “Contamos con un equipo B2B responsable de gestionar convenios con empresas, permitiendo a los empleados acceder a préstamos para tratamientos, los cuales se pagan mediante descuentos en planilla o en cuotas sin intereses. Algunos empleadores también ofrecen el adelanto de la gratificación, con lo cual demostramos nuestro compromiso con la accesibilidad y el bienestar de nuestros pacientes”, describe la doctora Marchena, de Auna.

Sin embargo, hasta ahora la mayoría de las empresas en Perú (incluidos los seguros de salud) no tienen en el radar la cobertura para este tipo de tratamiento.

Aunque hay excepciones. Una de ellas es la gigante de e-commerce Mercado Libre, que cubre el 70% del costo total del tratamiento en los ocho países en los que opera. “Está disponible para todas las mujeres que lleven más de un año trabajando en la empresa y que sean mayores de 30 años”, explican. Otras tecnológicas como Amazon, Facebook y Google también lo están impulsando. En el caso de la última, Forbes supo que se trata de un proyecto en estado inicial en algunos países.

Los médicos reconocen que este tipo de políticas corporativas “dan tranquilidad” a las empleadas que se enfrentan ante la conflictiva disyuntiva de ‘crecer profesionalmente’ y ‘ser madres’ a la vez. Algunos son optimistas respecto a que este tipo de beneficios puedan implementarse en el Perú; otros lo dudan. Entretanto, las perspectivas del negocio (a algunos médicos les incomoda llamarlo así) son prometedoras, con cifras a doble dígito (Auna espera un crecimiento de 20% en la demanda respecto al 2023). Todo esto a pesar de la incertidumbre política y económica local. “Todas las clínicas, los centros de fertilidad, todo se ha contraído”, opina Ascenzo Aparicio, de Clínica Miraflores. “Mantenernos es bastante”, asegura, a la vez que reconoce que existe una demanda latente y desliza que incluso hay jugadores extranjeros (clínicas) que miran con interés de invertir en la región. “Obviamente hay potencial”, repara.

[Los nombres de los testimonios de este artículo han sido alterados para preservar su privacidad.]

Más allá del “empoderamiento”

Las mujeres deciden vitrificar y conservar sus óvulos para aplazar su maternidad, pues priorizan su realización personal, explica Noriega. “‘Voy a tener hijos cuando yo desee’”, parafrasea, en relación al modo de pensar de las pacientes. También hay pacientes con enfermedades autoinmunes o con cáncer que optan por el tratamiento, indica, a la vez que explica que actualmente existen procedimientos rápidos que permiten extraer los óvulos durante las terapias oncológicas. En la Clínica Miraflores, el doctor Ascenzo Aparicio señala la importancia de que los pacientes con cáncer de próstata que desean ser padres evalúen la opción de vitrificar su esperma. “A los chicos que tienen cáncer de testículos los irradian y no les dicen algo básico: ‘Oye, congela esperma’. Los hombres que van a ser operados deberían guardar por ley”, dice.

En provincia

Las clínicas de fertilidad están posicionándose también en provincia, desde donde las pacientes viajan a la capital peruana y se realizan el tratamiento en hasta un mismo día. Con 16 sedes, Concebir está por reaperturar su sede en Trujillo y abrir una en Cusco. En tanto, Inmater abrirá este año una sede en Magdalena con una inversión de US$ 750.000 y está tejiendo alianzas en provincias para instalar laboratorios en Arequipa, Piura y Trujillo. Además, Niuvida busca crecer en presencia en el Cono Norte, informó el biólogo Carlos Duarte, socio y director del laboratorio de reproducción asistida de la clínica.

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