La oferta de servicios y la cantidad de empresas que operan en el sector ha aumentado en los últimos años. Atender a las personas y las compañías no bancarizadas es una de las prioridades de las firmas del rubro.
El sistema financiero peruano se ha transformado radicalmente en los últimos años. No solo por el mayor uso de tecnología y una mayor transformación digital, sino también por la aparición y consolidación de jugadores que inyectan mucha innovación al sector: las fintech.
¿Qué tan grande es este sector actualmente? Según Javier Salinas, presidente de la Asociación Fintech Perú, en el país operan 237 de estas empresas al día de hoy. De acuerdo con Salinas, el ecosistema fintech local ha pa- sado por tres etapas marcadas. En la primera se conoció el mercado local y lo que significa innovar. En la segunda —afirma— hubo un involucramiento de las fintech con las instituciones financieras grandes y pequeñas. Hoy, dice el líder gremial, el país atraviesa una fase en la que los reguladores están trabajando para “poner los rieles” que permitan que la innovación fluya en el sistema financiero. Salinas dice que este involucramiento se aprecia en la modernización del sistema de pagos, la llegada del open finance y la aparición de billeteras digitales.
Actualmente, las fintech ofrecen diferentes servicios en el Perú, como financiamiento (préstamos), pagos, cambio de divisas y remesas, entre otros. “En los últimos cinco años, estas empresas han liderado la transformación del sistema financiero, impulsadas precisamente por las brechas. Han dinamizado los pagos digitales, la gestión financiera y el acceso al crédito. Asimismo, se ha observado una fuerte digitalización de los préstamos, en especial en el segmento de microcréditos, lo que ha incrementado significativamente el número de fintech enfocadas en este tipo de servicios”, dice Jorge Conde, director del Centro de Emprendimiento e Innovación de la Universidad de Lima.
Otro detalle relevante del mercado es que las fintech más longevas han podido consolidar y diversificar aún más sus servicios. “Desde que iniciamos operaciones en 2017 como una plataforma 100% digital enfocada únicamente en cambio de dólares online, hemos pasado a ofrecer un portafolio mucho más amplio de soluciones de cambio y financiamiento para empresas y personas. Hoy atendemos a pequeñas, medianas y grandes empresas, además de clientes individuales, a través de web, app móvil y, para clientes con alto volumen, mediante API seguras integradas directamente a sus sistemas”, dice Mateu Batle, CEO y cofounder de Rextie. El empresario añade que también han incorporado servicios de factoring local e internacional para exportadores. “Eso nos permite acompañar a nuestros clientes no solo en su gestión cambiaria, sino también en su creci- miento de capital de trabajo y expansión internacional”, afirma. De hecho, Batle dice que, a la fecha, tienen más de US$ 7.000 millones negociados en el mercado cambiario.
El caso de Prestamype es similar. Carlos Ferreyros, CEO del holding, explica que la empresa ha evolucionado de un producto único —los préstamos de capital de trabajo con garantía hipotecaria— hacia un ecosistema completo de soluciones financieras para las Mipymes. “Hoy ofrecemos financiamiento mediante préstamos con garantía hipotecaria, pero también a través del factoring y confirming. Además, desde el 2025, hemos empezado a ofrecer préstamos con garantía inmobiliaria en fideicomiso (para empresas jurídicas), financiamiento de órdenes de compra (ordering) y préstamos sin garantía. Buscamos expandir nuestro portafolio de productos para ser la aliada financiera de las Mipymes, que tanto aportan al desarrollo de nuestro país”, dice el ejecutivo.
Ferreyros señala que su fintech hoy también cuenta con servicios financieros complementarios que les permiten atender necesidades clave de este segmento, como Cambio Seguro, su casa de cambio 100% digital fundada en 2019, y Tandia, su sistema de ventas y facturación electrónica, que nació en 2022. “Esta diversificación hoy nos permite atender a más de 7.600 empresas activas con nuestras soluciones, respondiendo a una necesidad clara del mercado: las micro, pequeñas y medianas empresas requieren acceso a crédito y herramientas integrales para gestionar su liquidez y operar de manera más eficiente”, añade.
Pese a la mayor cantidad de servicios y existencia de jugadores robustos, el ecosistema todavía no es tan maduro como en otros mercados de la región. “En términos de madurez, la mayoría de fintech peruanas todavía está en fase de crecimiento o early stage. Muchas dependen de rondas de inversión externas para escalar sus operaciones, aunque ya empiezan a aparecer casos rentables, especialmente en pagos digitales y neobancos. Las fintech de crédito y peer-to-peer (P2P) enfrentan retos de rentabilidad debido a la alta morosidad y costos de adquisición de clientes”, destaca Sergio Galarza, decano de la Facultad de Ciencias de la Empresa de la Universidad Continental.
Oportunidades locales
Los expertos coinciden en que las principales oportunidades de las fintech están vinculadas a atender las necesidades de las empresas e individuos no bancarizados del país. Según Batle, en Perú hay un fuerte potencial para resolver brechas históricas de formalización de empresas e inclusión financiera digitalizando servicios que aún se hacen en efectivo o de forma presencial. De acuerdo con el ejecutivo, una de las verticales con espacio para crecer dado ese contexto es la de pagos y cobros digitales para pymes, donde, asegura, todavía hay alto uso de efectivo y procesos manuales de facturación y conciliación. También ve una oportunidad para que las fintech ofrezcan más créditos para pequeñas y microempresas, apalancando datos alternativos (ventas, facturación electrónica, comportamiento de pagos) a fin de ofrecer líneas más ágiles y competitivas que la banca tradicional. Finalmente, ve una oportunidad para desarrollar infraestructura fintech que permita a otros actores financieros ofrecer productos más simples, rápidos y personalizados.
Ferreyros, de Prestamype, ve potencial para soluciones como el financiamiento alternativo (factoring, préstamos con garantías, créditos hipotecarios, préstamos sin garantías, ordering y leasing, entre otros), cambio de divisas y herramientas de software a medida que ayuden a las empresas a ordenar su flujo de caja. “Además, el modelo B2B enfocado en Mipymes sigue siendo particularmente atractivo, porque combina alta demanda con una baja penetración de servicios financieros tradicionales, en especial en las empresas que necesitan financiamiento de más de US$ 5.000. La tecnología permite evaluar mejor el riesgo y ofrecer productos más flexibles y sin fricciones, lo que abre un mercado enorme en Perú y América Latina para seguir innovando”, dice.
Para Conde, la demanda de crédito puede impulsar que los servicios de lending digital —en especial los microcréditos— se posicionen como una alternativa clave, al ofrecer procesos completamente digitales, ágiles y flexibles, desde la apertura de cuenta hasta el desembolso. “Otra oportunidad relevante es el cambio de divisas, especialmente en un contexto regional donde se están integrando billeteras digitales entre países, lo que facilita las transacciones internacionales. Asimismo, están emergiendo con fuerza las billeteras digitales basadas en criptoactivos. Aunque todavía es un tema en desarrollo, ya es una realidad en el mercado y empieza a captar la atención de ciertos segmentos”, dice el director del Centro de Emprendimiento e Innovación de la Universidad de Lima.
Al margen de las oportunidades, también hay condiciones que, de mejorar, pueden impulsar el crecimiento del ecosistema, coinciden los expertos. Aún hay barreras legales para las fintech de crédito, inversión y seguros, dice Galarza. A ello se suma que se debe promover más la educación financiera en el país. “Muchos usuarios aún no confían en plataformas digitales para gestionar dinero o invertir”, dice. Añade que las fintech también podrán operar en zonas rurales en la medida que avance la penetración de Internet y el uso de smartphones en esas áreas.
Según Conde, también hay una necesidad de mayor agilidad regulatoria y la capacidad de aprovechar el contexto actual del país. “Por ello, es clave el aprovechamiento del sandbox regulatorio de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), que, en su versión más reciente, permite la participación no solo de entidades supervisadas, sino también de startups fintech y cooperativas. Este entorno facilita la innovación al permitir probar modelos de negocio en un espacio controlado, con clientes reales y bajo criterios de seguridad y viabilidad”, resalta. El académico afirma que otro reto importante es el avance hacia el open banking, impulsado por el Banco Central de Reserva del Perú. “Este modelo permitirá a los usuarios tener mayor control sobre su información financiera y facilitará la interoperabilidad entre distintas entidades, lo que eliminará fricciones como la apertura de múltiples cuentas. La evolución natural de este modelo es el open finance, que extiende esta lógica a otros servicios como seguros, pensiones y productos de inversión”, remata. Agrega que, en este contexto, el gran desafío de las fintech en el Perú será mantener la agilidad necesaria para anticiparse, aprovechar y adaptarse a estas tendencias.
