El brazo de innovación y capital emprendedor del BID se incorporó como nuevo socio de Amazonia Impact Ventures, que apunta a movilizar financiamiento hacia empresas, cooperativas y organizaciones de productores de Perú, Ecuador y Colombia y demostrar que los negocios amazónicos pueden atraer capital con retorno.

La Amazonía empieza a entrar en una nueva etapa para el capital de impacto: además de conservar el bosque, sus empresas y cadenas de valor buscan demostrar que pueden convertirse en negocios financiables y escalables. En ese escenario, BID Lab, el brazo de innovación y capital emprendedor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se incorporó como nuevo socio de Amazonia Impact Ventures (AIV) –gestor de inversión de impacto que aborda desafíos críticos en la selva amazónica– con una inversión de US$1 millón en su fondo de deuda combinada.

Los recursos provienen del Fondo de Tecnología Limpia (CTF), que forma parte de los Fondos de Inversión en el Clima (CIF), y serán destinados al tramo catalítico del fondo, el cual acepta mayor riesgo o menor rentabilidad financiera a cambio de generar un gran impacto social o ambiental positivo. AIV aportará otros US$1,26 millones de cofinanciamiento.

La estructura, según informó BID Lab, apunta a ampliar el acceso a financiamiento para empresas comunitarias e indígenas, pymes y cooperativas que operan en cadenas de valor amazónicas de Perú, Ecuador y Colombia. En tres años, AIV prevé otorgar 24 préstamos vinculados a impacto que alcanzarían indirectamente a unos 3.720 productores. Del total, aproximadamente 40% serían mujeres y 20% productores indígenas.

Asimismo, BID Lab también brindará asistencia técnica a AIV para fortalecer su sistema de Gestión y Medición de Impacto (IMM), incluyendo herramientas de recopilación de datos, procesos de verificación y reportes.

“Ampliar el acceso al financiamiento para empresas y productores de la Amazonía abre la oportunidad de probar modelos financieros innovadores, adaptados a las realidades de estos mercados. Con esta iniciativa buscamos ayudar a las empresas a adoptar nuevas tecnologías, fortalecer sus negocios y demostrar enfoques capaces de atraer inversión adicional a la región”, afirmó César Buenadicha, jefe de la División de Construcción de Ecosistemas y Aceleración de BID Lab.

Para el peruano Aldo Soto, managing director y cofundador de AIV, la transformación en la demanda internacional ha sido el punto de partida para que surjan oportunidades de inversión en la Amazonía. “Los compradores internacionales de ingredientes naturales, en cosmética, alimentos y nutracéuticos, hoy necesitan origen verificable, y la regulación europea sobre productos libres de deforestación convirtió la trazabilidad en un requisito comercial, no en un atributo reputacional. Un producto que viene del bosque en pie pasó de ser una historia a ser un activo comercial”, explica.

Es así que Soto identifica oportunidades en ingredientes B2B de origen forestal, como la castaña, el camu camu y el aguaje, así como el café y el cacao. “En estos dos últimos, el volumen y la infraestructura comercial ya existen y Perú está bien posicionado, la oportunidad la vemos en promover modelos de negocio regenerativos”, refirió.

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El capital que falta

El reto en la Amazonía radica en llevar ese potencial comercial al sistema financiero, considerando que solo el 4% del crédito de la banca se coloca en esta región y que gran parte se concentra en zonas urbanas. 

“Las zonas rurales, las pymes y los pequeños productores siguen desatendidos. No existe un estudio de demanda para la región y esa ausencia es parte del problema. Desde nuestra operación vemos que la demanda es grande en dos sentidos: empresas que no acceden a financiamiento, y empresas que sí acceden, pero en condiciones que no les permiten crecer. Esto último usualmente no se mapea, solo nos enfocamos en el acceso, pero las condiciones del crédito son claves y ahí nos enfocamos con mucha fuerza para que el crédito pueda funcionar y sea realmente útil a la empresa y los productores”, sostiene el cofundador de AIV.

En ese sentido, desde 2020 AIV ha desplegado más de US$15 millones en inversiones vinculadas a impacto y ha llegado a más de 6.000 productores y apoyando a empresas en cadenas de valor de agroforestería, agricultura regenerativa y productos forestales no maderables sostenibles. Según Soto, el financiamiento debe acompañar a toda la cadena de valor y no únicamente a una empresa.

“Si la cooperativa recibe capital, pero el exportador no tiene con qué cerrar el embarque, el cuello de botella solo se traslada. El riesgo es de cadena, no de cliente individual”, afirma Soto.

Para AIV, el próximo paso será probar que este modelo puede trascender el capital de impacto y atraer nuevos inversionistas.

“Debemos demostrar a los inversionistas que invertir en la Amazonía es viable, que no sea solo filantropía, sino que se puede invertir con retorno. Cuando los riesgos son identificables, manejables y mitigables, podemos atraer inversionistas de impacto e institucionales. Mientras la región se perciba solo como un territorio de proyectos y no de inversiones, el capital privado no va a llegar”, señala Soto.

Por lo pronto, AIV ya tiene una operación que ilustra esa estrategia. Recientemente, aprobó un crédito de US$500.000 a una empresa peruana dedicada a la generación de créditos de carbono que utilizará el financiamiento para iniciar la primera etapa de construcción de una planta de aceite de aguaje.

De esta forma, la operación combina tres elementos que AIV busca replicar: conservación del bosque, transformación local de materias primas y un modelo de negocio con capacidad para asumir deuda.