Mientras las agencias tradicionales de calificación de bonos como S&P y Moody’s son presionadas por los banqueros de inversión para otorgar a los gigantes de la inteligencia artificial el estatus de grado de inversión, una pequeña firma de calificaciones impulsada por IA ya ha emitido su veredicto sobre la deuda de OpenAI y Anthropic.
La deuda de OpenAI es “basura”. Anthropic obtiene una calificación de “triple B”.
Al menos esa es la opinión de AIR Platforms, que el pasado 1 de octubre publicó un informe crediticio no solicitado sobre ambas compañías. AIR es una startup de 10 personas con sede en la ciudad de Nueva York impulsada por IA que ha recaudadoUS$6.1 millones en una ronda semilla de capital. Entre sus cofundadores se encuentra el director ejecutivo (CEO) Glenn Carvajal, quien trabajó durante 12 años en Moody’s.
AIR le otorga a Anthropic una calificación BBB y a OpenAI una BB+, ubicando a ambas empresas en lados opuestos de la división de grado de inversión (siendo BBB- el límite).
Se espera que el despliegue de infraestructura de IA requiera billones de dólares en gastos durante los próximos años, gran parte de esto antes de que lleguen los ingresos necesarios para justificarlo. Los ferrocarriles construyeron vías antes de que llegaran los pasajeros. Las compañías de telecomunicaciones tendieron fibra antes de que apareciera el tráfico. Las empresas de inteligencia artificial están haciendo una apuesta similar, y eso hace que el costo y la disponibilidad del capital sean especialmente importantes.
Las calificaciones determinan no solo cuánto paga un prestatario, sino quiénes pueden comprar los bonos y pagarés que se emiten. Muchos fondos de bonos y pensiones están limitados por mandatos que les exigen mantener la mayor parte de sus activos de renta fija en valores con grado de inversión.
Estas compañías necesitarán miles de millones de dólares en financiamiento para justificar el gasto masivo que ya está en marcha. Si ese financiamiento se vuelve demasiado costoso o se agota, es posible que nunca alcancen la escala necesaria para que el gasto actual dé frutos. Y con una mayor parte de la economía dependiente de la IA, difícilmente sean las únicas con algo en juego.
AIR no ha tenido acceso a los estados financieros completos de ninguna de las dos empresas, por lo que se debe tomar con cautela. AIR parte de la información pública disponible, utiliza la inteligencia artificial para estimar las piezas faltantes y luego ejecuta su mejor estimación de las finanzas de las compañías a través de su modelo de crédito.
Una parte de esa estimación, compartida con Forbes, sitúa el margen EBITDA de Anthropic en un 5,4% y el de OpenAI en un negativo 33,3%. La mediana para el índice de referencia tecnológico de siete empresas de AIR, que incluye a gigantes como Microsoft, Meta, Oracle, Palantir, Alphabet, Apple y Amazon, es del 43,3%. Todas estas compañías, excepto Oracle, obtienen calificaciones de grado de inversión según el análisis mejorado por IA de AIR.
Entre las empresas con calificaciones de S&P, todas tienen grado de inversión. Microsoft encabeza la lista con la máxima calificación AAA, seguida por Alphabet y Apple con AA+. Oracle es la más rezagada con un BBB-, el escalón más bajo del grado de inversión. Palantir no cuenta con una calificación de S&P.
Las calificaciones marcan la diferencia: los pagarés no subordinados a 10 años de Apple cotizan actualmente para ofrecer un rendimiento al vencimiento del 5,4%, en comparación con títulos similares de Oracle, que rinden un 7,5%.
Joe Burdis, cofundador y director de inteligencia artificial (CAIO) de AIR, afirma que la mayor limitación es la información pública incompleta disponible sobre ambas empresas. Señala que el resultado operativo ajustado positivo de Anthropic fue la razón principal por la cual se situó por encima de OpenAI, al tiempo que advierte que, con empresas que crecen a este ritmo, cambios relativamente pequeños en las cifras subyacentes pueden modificar rápidamente el panorama crediticio.
Anthropic generó US$4.600 millones en ingresos en 2025, mientras perdía más de US$8.000 millones en sus operaciones, según su folleto informativo de oferta pública inicial (IPO). La calificación BBB de AIR se basa en resultados más recientes que sugieren que la brecha se ha reducido. OpenAI y Anthropic no respondieron a una solicitud de comentarios.
Si acaso, la evaluación de AIR podría ser generosa. OpenAI no reportó deuda en su balance general al 31 de marzo, según los estados financieros revisados por The Information, aunque sí dispone de más de US$5.000 millones en líneas de crédito revolventes. Anthropic es más difícil de precisar y no existe una cifra pública clara de toda su deuda convencional. Lo que sí sabemos es que Anthropic estaba ultimando una línea de crédito revolvente de US$15.000 millones a septiembre.
Broadcom acordó prestarle hasta US$42.000 millones en deuda convertible para financiar el arrendamiento de sus chips, mientras que Amazon compró $8.000 millones en notas convertibles de Anthropic. Las presentaciones regulatorias de Amazon sugieren que unos $2.000 millones de eso ya se han convertido en acciones preferentes, y el resto se convertirá cuando Anthropic salga a bolsa. La deuda convertible comienza como deuda, pero puede transformarse en acciones, por lo que los analistas de crédito no la tratan de la misma manera que a un préstamo común que debe devolverse en efectivo.
Casi todo el despliegue de infraestructura de IA se financia mediante arrendamientos (leasing), contratos de computación a largo plazo, garantías y vehículos de propósito especial (SPV), en lugar de que una empresa simplemente pida dinero prestado y registre deuda en su balance. En otras palabras, algunas de estas obligaciones pueden comportarse de manera muy similar a la deuda sin estar registradas como tal en el balance de la compañía. Con un vehículo de propósito especial (SPV), la deuda puede pertenecer técnicamente a una entidad separada creada para financiar un centro de datos u otro proyecto. Que OpenAI o Anthropic terminen asumiendo la responsabilidad final depende de los contratos que lo rodean. Es posible que se hayan comprometido a arrendar la capacidad, comprar una cantidad mínima de potencia de cómputo o respaldar el financiamiento de alguna otra manera. La distinción contable es real, pero a un prestamista aún le interesa saber cuánto dinero ya ha comprometido la empresa y qué tan difícil es salir de esos pagos.
Las industrias de uso intensivo de capital han utilizado contratos de arrendamiento, acuerdos de compra o pago (take-or-pay) y financiación de proyectos durante décadas. Lo que cambia aquí es la escala de los compromisos que están asumiendo empresas cuyos flujos de caja futuros siguen siendo en gran medida hipotéticos. Anthropic tiene al menos US$518.000 millones en compromisos de infraestructura futuros, incluidos US$161.200 millones en obligaciones de arrendamiento de equipos relacionados con Broadcom, los cuales, en gran medida, no se pueden rescindir. Por su parte, OpenAI ha pronosticado que gastará US$856.000 millones en centros de datos y chips para finales de la década. Una gran parte de eso está comprometida en la compra de US$100.000 millones en capacidad de cómputo a Amazon durante un período de ocho años. Ninguno de estos compromisos es un bono o préstamo corporativo convencional, pero ambos obligan a las empresas a gastar sumas monumentales con años de anticipación.
Las calificaciones de AIR no incluyen directamente esas obligaciones. Es difícil ver cómo la adición de cientos de miles de millones de dólares en pagos futuros fijos haría que cualquiera de las dos compañías pareciera más solventes desde el punto de vista crediticio.
Pero el peso que se debe dar a esos compromisos es una cuestión de criterio. Eso explica en parte por qué, mientras OpenAI y Anthropic se preparan para sus respectivas ofertas públicas iniciales (IPO), Morgan Stanley y Goldman Sachs han estado conversando con S&P, Moody’s y Fitch en su nombre para asegurar calificaciones de grado de inversión después de que salgan a la bolsa, según informó Financial Times en septiembre.
Las empresas pueden entregar a una agencia información financiera confidencial y obtener una evaluación privada antes de que cualquier calificación pública vea la luz. Si el resultado no les convence, es posible que esa evaluación jamás se haga pública. OpenAI y Anthropic no contrataron a AIR, no le dieron acceso a sus libros contables ni tuvieron injerencia en la decisión de AIR de publicar sus calificaciones crediticias.
Resulta congruente que, así como OpenAI y Anthropic nunca pidieron permiso para ingerir la enorme cantidad de información de internet que utilizan para crear sus productos y negocios valorados en casi un billón de dólares, la startup de 10 personas detrás de AIR haya utilizado esa misma tecnología para emitir estas calificaciones relativamente desalentadoras, les guste o no a OpenAI y Anthropic.
