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José Antonio Kast: la ultraderecha sueña con el poder en Chile

El líder de la ultraderecha chilena nunca antes había llegado tan lejos en las preferencias del electorado.

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Foto: EFE.

Con voz calmada y un tono que parece conciliador, el candidato ultraconservador chileno, José Antonio Kast, promete mano dura contra la delincuencia, orden, crecimiento económico y un Estado eficiente, pero también reivindica la dictadura de Pinochet.

Kast, además, quiere hacer una zanja en las fronteras para frenar la inmigración, se opone al matrimonio igualitario, al aborto en cualquier circunstancia y propone una “internacional anti-radicales de izquierda”.

Muchas de sus propuestas son controvertidas y las promueve con la sonrisa amable del conservadurismo compasivo de George W. Bush. Pero ni siquiera la polémica ha logrado hundir su imagen, al punto en que mayoría de las encuestas —que gozan de poco prestigio en Chile por no haber acertado en sus pronósticos para los últimos procesos electorales— lo ubican como el favorito en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del domingo 21 de noviembre.

Pese a que le gusta venderse como un outsider, Kast es un viejo conocido en política: fue diputado 16 años, militante durante dos décadas en la conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI) y candidato independiente en las pasadas elecciones presidenciales, donde apenas alcanzó el 8% de los votos y quedó en el cuarto lugar.

Antes de esas elecciones dijo que, de estar vivo, Pinochet votaría por él.

Derecha “sin complejos”

Clásico es el video de 1988 en el que un veinteañero Kast, en una publicidad de la franja electoral del plebiscito que debía determinar si el dictador Augusto Pinochet seguía en el poder, pide un voto a favor del militar “en mi calidad de estudiante universitario y convencido de que la obra del Gobierno va en directo beneficio de todos nosotros los jóvenes”.

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Kast enarbola ahora la bandera de una derecha “sin complejos” tras haber abandonado la UDI en 2016, afirmando entonces que “tiene que iniciarse un nuevo ciclo en la política, donde se deje de lado lo políticamente correcto”.

En 2019 fundó el Partido Republicano, con el que concurre a estos comicios como favorito.

Pese a su larga trayectoria política, Kast nunca antes había llegado tan lejos en las preferencias del electorado.

Mira también: Chile: carrera presidencial entra en su recta final

En este ciclo electoral partió como un candidato residual, pero, a medida que pasaron las semanas, fue tomando fuerza. De hecho, se llevó parte de los apoyos del oficialista y exministro, Sebastián Sichel (centroderecha), quien se ha ido desinflando tras una serie de desaciertos en campaña.

Varias figuras de la derecha tradicional le han mostrado públicamente su apoyo, pues consideran que Kast (55 años) es el único que puede “enderezar” a un país que aún se está recuperando del estallido social de 2019.

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Admiración por Trump y Bolsonaro

No quiere que le pongan la etiqueta de extrema derecha —dice ser “el candidato del sentido común”—, pero en más de una ocasión ha mostrado su admiración por Donald Trump o Jair Bolsonaro, aunque es menos estridente que ellos y se esfuerza por parecer amable y educado.

Algunas de sus frases de campaña, como “Atrévete a hacer de Chile un gran país”, recuerdan inevitablemente al Make America Great Again de Trump.

También es muy cercano al partido español VOX y el domingo pasado celebró la irrupción en el Parlamento argentino del ultraderechista Javier Milei.

Abogado, de ascendencia alemana y profundamente católico (es padre de nueve hijos), intentó moderar su discurso durante la campaña, pero su estrategia saltó por las aires la semana pasada con unas declaraciones que despertaron una ristra de críticas y aún le siguen pasando factura.

Defensa de Pinochet

Kast quiso diferenciar el régimen de Pinochet —le llama “Gobierno militar”— de las “dictaduras” de Cuba, Nicaragua y Venezuela porque, en su opinión, la transición en Chile se dio tras unas “elecciones democráticas”, en las que “no se encerró a los opositores”, mientras los regímenes de estos países se niegan a entregar el poder.

Kast también defiende el legado económico de la dictadura. Además, respalda posturas liberales, como la desregulación de los mercados, la reducción del tamaño del Estado, la privatización de la minera estatal Codelco, la disminución de los impuestos, etc.

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En lo social, quiere eliminar el ministerio de la Mujer, consagrar el concepto de familia tradicional, luchar contra el aborto y construir una “zanja” en el norte para frenar la migración ilegal.

Choque a la vista con la Constituyente

También propone una “internacional anti-radicales de izquierda” en la que “nos coordinaremos con otros gobiernos latinoamericanos para identificar, detener y juzgar agitadores radicalizados”, algo que, según sus críticos, hace recordar al Plan Cóndor de represión política organizado por las dictaduras del Cono Sur contra sus opositores en los años setenta.

Kast también se opuso al cambio de Constitución en el histórico plebiscito de 2020 y muchos analistas han alertado de que, de llegar a la Presidencia, podría boicotear el trabajo de la convención encargada de redactar el nuevo texto.

También promete mano dura para enfrentar el conflicto indígena mapuche que sacude el sur del país, asegurando que es “terrorismo”.

“Cada vez que se produce un hecho de violencia en Santiago o La Araucanía, Kast sube un punto”, dice el analista político Cristóbal Bellolio, quien plantea que la estrategia de Kast es convertirse en un líder derechista y superar recientes resultados electorales del sector, más allá de si gane o no en esta oportunidad.

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