Según el Family Enterprise Group del Cambridge Institute, las familias empresarias no son organizaciones estáticas, pues evolucionan, agregando o eliminando actividades a medida que cambian sus intereses y dinámicas generacionales, buscando mantener el compromiso de la próxima generación con la visión familiar.
Eres parte del directorio de una empresa industrial fundada hace 35 años por un notable emprendedor, cuya gestión está actualmente liderada por la segunda generación de su familia. Por lo que has venido conociendo sobre la familia, durante décadas todo giró en torno al negocio industrial, como es el caso de los almuerzos familiares, las discusiones, las decisiones importantes y hasta la identidad personal de cada miembro. La empresa era “la empresa”, y la familia era “la familia de la empresa”. Hoy, sin embargo, el panorama es otro, pues ya no tienen un solo negocio, sino cuatro: una unidad industrial, una inmobiliaria, una comercializadora y un portafolio financiero. Asimismo, los integrantes de la segunda generación se han podido educar en muy buenas universidades en el extranjero, pero ninguno trabaja ya en la operación diaria de las empresas. Sin darse cuenta, la familia dejó de ser una empresa familiar, para convertirse en una familia empresaria, y las reuniones familiares ya no giran en torno a clientes o productos, sino a dividendos, valuaciones y reinversiones. ¿Qué mantiene unida a una familia cuando ya no hay una empresa concreta que la articule? ¿Puede una familia empresaria sostenerse solo sobre la lógica del capital? ¿Qué se pierde -además de foco- cuando el relato fundador se diluye en un holding? ¿Dónde residirá ahora el poder: en el directorio, en el holding o en quien controla el capital? ¿Qué tan clara es la frontera entre propiedad, familia y empresa en esta nueva etapa? ¿Qué conflictos aparecerán cuando el negocio deja de ser el centro, pero el dinero sigue siéndolo?
El momento invisible del quiebre
Una empresa familiar suele definirse como aquella donde la propiedad, el control y muy comúnmente, también la gestión está en manos de una familia. En cambio, una familia empresaria es aquella que posee y gobierna un portafolio de activos y negocios, aunque ya no participe directamente en su gestión. El paso de una a otra no ocurre de manera abrupta, sino que todo se va dando de forma casi invisible, cuando la familia deja de vivir del negocio y empieza a vivir del capital, por lo que las conversaciones dejan de ser de sobre asuntos operativos para ahora tratar asuntos patrimoniales, y el poder deja de estar en quien dirige y pasa a quien controla.
Según el Family Enterprise Group del Cambridge Institute, las familias empresarias no son organizaciones estáticas, pues evolucionan, agregando o eliminando actividades a medida que cambian sus intereses y dinámicas generacionales, buscando mantener el compromiso de la próxima generación con la visión familiar.
Diversificar riesgos y profesionalizar la gestión es una señal de madurez. Sin embargo, es justo entonces cuando muchas familias empiezan a perder aquello que las hizo fuertes ante todo, que es el tener una identidad compartida alrededor de una empresa específica.
¿La extinción del legado?
En una empresa familiar sana, el negocio no es solo una fuente de ingresos, sino también una “narrativa”, la cual conecta a las generaciones, detallando cómo empezó el fundador, qué sacrificios hizo, cómo se ganó a los clientes y cómo superó las crisis. Cuando esa empresa se diluye dentro de un holding o un portafolio, ese relato se fragmenta y la familia ya no es “la familia de la empresa X”, sino “la familia que tiene inversiones en X, Y, Z”.
Según el estudio “Unlocking Legacy: The Path to Superior Growth in Family Businesses” de KPMG y el STEP Project Global Consortium (2024), las empresas familiares con un legado claro y compartido tienen mayores tasas de crecimiento, rentabilidad y continuidad que aquellas donde la identidad familiar se diluye en una lógica puramente financiera. Cuando la familia se convierte solo en una familia empresaria, el legado corre el riesgo de debilitarse.
El capital como nuevo campo de batalla
En la empresa familiar, los conflictos giran alrededor de la gestión, con discusiones como las de quién entra a trabajar, quién manda o quién sucede al fundador. En la familia empresaria, los conflictos no desaparecen, pero suelen cambiar de forma, trasladándose al terreno del capital, con disyuntivas como qué porcentaje del patrimonio se re-invierte y cuánto se reparte, quién decide vender un activo estratégico, por qué una rama recibe más dividendos que otra o quién controla el holding. Estas preguntas pueden ser más abstractas pero más explosivas, porque tocan el núcleo del poder económico y ya no se discute quién dirige una fábrica, sino quién controla el futuro financiero de toda la familia. Y a diferencia de la empresa, el portafolio no genera sentido de pertenencia, sino expectativas.
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Cuando la familia ya no entiende su propio negocio
En muchas familias, la tercera o cuarta generación ya no entiende realmente cómo se crea el valor, pues si bien sabe cuánto recibe, no por qué, viendo números, pero no procesos. Se heredan acciones, pero no conocimiento, produciéndose una “desconexión cognitiva”.
Un estudio de PwC citado en Harvard Business Review (2022) mostró que sólo el 24% de las empresas familiares a nivel global tiene un enfoque estructurado para involucrar a la “next gen” en la comprensión real del negocio y del capital que poseen. Cuando se trata de una familia empresaria y ya no una empresa familiar, el desafío es más complejo.
Sin una comprensión sobre los modelos de negocio y procesos involucrados en cada una de las empresas de un holding, la familia se vuelve vulnerable a decisiones cortoplacistas, como es el caso de vender activos estratégicos para financiar estilos de vida, dividir empresas para “evitar conflictos” o descapitalizar el holding sin medir consecuencias.
Cuidando lo esencial
Convertirse en familia empresaria suele venir acompañado de esquemas y herramientas como “family office”, “vehículos de inversión”, “holding patrimonial” y “estructuras offshore”, lo que puede ser conveniente y necesario según el estadío de las respectivas empresas. Sin embargo, puede también generar la creencia de que la sofisticación financiera sustituirá a la gobernanza familiar. De hecho, cuanto más complejo es el patrimonio, más crítica es la calidad del gobierno: reglas claras, órganos formales, procesos de decisión y espacios para procesar las tensiones emocionales que inevitablemente surgen cuando dinero, familia y poder se mezclan.
El icónico “gurú” del management Peter Drucker sostenía que “la mejor manera de predecir el futuro es crearlo”. En las familias empresarias, ese futuro no se crea solo con portafolios bien diseñados, sino con gobernanza consciente, identidad compartida y conversaciones difíciles a tiempo. Porque cuando la familia deja de entender qué la une más allá del dinero, el riesgo ya no está en los negocios que posee, sino en el legado que puede perder.
Claves para transitar de empresa familiar a familia empresaria
| Compartir una Identidad | Sin una identidad compartida, el portafolio crece, pero la cohesión se debilita, pues cuando el negocio deja de ser uno solo, la familia necesita redefinir qué la une más allá del capital. |
| Gobernanza antes que Estructuras | Antes de holdings y vehículos de inversión, se requieren reglas claras, espacios de diálogo y acuerdos explícitos. La sofisticación financiera no reemplaza al gobierno familiar. |
Legado Vivo | El legado no es un relato del pasado, sino un conjunto de principios que orientan decisiones presentes. Cuando el legado no se actualiza, pierde capacidad de guiar. |
| Educación Patrimonial a la Next Gen | Heredar acciones no equivale a comprender cómo se crea valor, por lo que formar criterio económico y estratégico es clave para evitar decisiones cortoplacistas. |
| Gestión Consciente del Capital | El capital une mientras crece, pero divide cuando se tensiona.Es necesario contar con políticas claras de reinversión, liquidez y distribución para prevenir conflictos futuros. |
| Gestión de Conflictos | Debemos abordar los conflictos a tiempo, evitando que se trasladen al terreno del poder y del control. |
| Gobernanza Sistémica | El directorio debe comprender no sólo los negocios, sino también la dinámica familiar que los sostiene. Gobernar sin esa mirada sistémica suele generar soluciones técnicamente correctas pero socialmente frágiles. |
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Sobre el autor:
César Antúnez de Mayolo es profesor de Pacífico Business School y director independiente de empresas.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
