Vive en los bosques nublados y de neblina en el norte del Perú y tiene un rol clave en la regeneración de los bosques amazónicos y del agua para consumo humano. Se cree que apenas hay mil 'pacorruntos' en el planeta. Verlo hoy es un privilegio.

Ocurrió en 1974. Ese fue el año que, por primera vez, un científico vio vivo a un mono choro de cola amarilla. Choro, no de ‘ladrón’ (como suele referirse  a los amantes de lo ajeno en jerga peruana). En 1802, el geólogo y botánico alemán, Alexander von HumboltHumboldt (durante una de sus aventuras científicas por la región), lo apodó ‘choro’ en alusión al distrito cajamarquino de ‘Choros’, donde había advertido su existencia. «En su travesía por Cajamarca [Humboldt], notó que unos arrieros usaban como jerga, bajo las monturas, pieles de mono de una especie para él desconocida», cuenta  Mariella Leo Luna, cofundadora y presidenta de la Asociación Peruana para la Conservación de la Naturaleza (APECO). Desde que salió de la universidad, Leo Luna se ha dedicado a investigar al también llamado ‘pacorrunto’ (Oreonax  Lagothrix flavicauda). 

En efecto, la especie -que se distingue por tener pelos blancos en el hocico y cola amarilla cuando es joven– hasta hace apenas cincuenta años solo había sido objeto de curiosidad de unos pocos estudiosos y colectores profesionales. Fue gracias a ellos que se tiene registro de la especie en el Museo de Historia Natural de Nueva York e Inglaterra.

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Hoy se estima que existen apenas 1 5.000 ejemplares de la especie, única en el mundo. Estos viven en bosques nublados y de neblina en el norte y centro del Perú (Amazonas, San Martín, Huánuco y Junín). Esto lo sabe Mariella Leo Luna, quien, desde la APECO, ha logrado durante el último medio siglo impulsar el establecimiento de siete áreas de conservación donde habita el coliamarilla. 

Justamente, este primate, que es uno de los más grandes del Perú (llega a medir más de medio metro), tiene un rol esencial en la existencia y supervivencia de nuestros bosques, los cuales, a su vez, son importantes generadores de  agua. Leo Luna explica que estos animales son claves, ya que dispersan semillas en el bosque. De hecho, estas caen en sus excrementos lejos del árbol donde fueron consumidas, lo que les da una mayor oportunidad para germinar. 

En peligro de extinción 

Pero hay un grave problema: el rol del mono de cola amarilla en los bosques amazónicos está en peligro. 

«La destrucción de su hábitat por deforestación, su degradación por la extracción selectiva de especies y la cacería son las principales causas de la disminución de su población», alerta Leo Luna. La bióloga añade que el calentamiento global también está incidiendo en su desaparición, pues empuja los bosques húmedos y de neblina hacia la altura, lo que reduce su extensión. 

Según APECO, el 50% del hábitat del mono choro de cola amarilla ha sido destruido. De allí que la especie sea considerada como críticamente amenazada e integre la “Lista Roja de la Unión Internacional de Conservación para la Naturaleza”, confirmada por gobiernos de 160 países. El Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) también la cataloga como en peligro crítico en su propio “Libro Rojo de la Fauna Silvestre». 

A Leo Luna le gustaría que, hoy, los niños (y también los adultos) conocieran más al mono de cola amarilla. Y, por supuesto, también le interesa que más líderes de opinión, ejecutivos y ejecutivas se  sumen a la cruzada por la conservación de este primate, los bosques amazónicos y el agua. 

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«El coliamarilla contribuye con los bosques generadores de agua a través de la dispersión de semillas. Tanto es así que ya los Chachapoyas (la civilización surgida en la actual región Amazonas) lo relacionaron con un centro de culto al agua», reitera la bióloga. 

La disponibilidad de agua no es un asunto menor en la agenda local: hacia 2050 el Water Resource Group proyecta que Perú será uno de los países con riesgo alto de estrés hídrico en el planeta. «El coliamarilla es interdependiente con su hábitat y este, a su vez, depende del soporte en dispersión de semillas. Un hábitat es como un reloj que tiene múltiples piezas para funcionar bien. Si retiramos una pieza, el reloj ya no trabaja bien o se detiene», remata Leo Luna. 

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