El internacionalmente galardonado whiskey nació de una conversación entre los esposos Daiana Milón y Michael Kuryla. Hoy planea fortalecer su presencia en mercados estratégicos, como Estados Unidos, Europa y Asia.

Los Andes no solo albergan una parte relevante de la historia del Perú, sino también una importante variedad de insumos para la gastronomía y coctelería nacional. Uno de ellos es el maíz. De hecho, el país tiene 52 variedades de este emblemático cereal. Una de ellas, el morado, es el ingrediente principal de Black Whiskey, el primer whiskey andino del mundo. 

La historia de este producto, que es a su vez una nueva categoría, no es solo la de un whiskey innovador. Es una de amor, origen y de trascendencia. Es el resultado de una dualidad poderosa, como la historia de sus fundadores. Daiana Milón —una ingeniera agroindustrial nacida en Lima con raíces ligadas a Oxapampa y Huancayo por sus padres— trabajaba en el procesamiento de congelado rápido individual de frutas y hortalizas de una empresa peruana. Fue ahí donde conoció a Michael Kuryla, quien años después se convertiría en su esposo. En el 2015 decidieron emprender juntos, pero no fue hasta el 2017 que la energía complementaria de ambos se tradujo en un producto que rompiera los moldes de la destilería convencional. 

«Ambos compartíamos el deseo de hacer algo distinto, algo que no solo nos motivara a nosotros, sino que también pudiera marcar una diferencia. Una de esas ideas, que nació de una conversación entre copas, fue la posibilidad de producir whiskey en el Perú. Michael es estadounidense, y el bourbon siempre ha sido su bebida de elección. Pero en Perú, la oferta de bourbon era escasa, y cada vez que viajábamos, volvíamos con botellas que duraban menos tiempo en nuestro bar», recuerda Daiana.

Así nació el sueño de crear su propio whiskey. Pero el proceso nada sencillo les hizo innovar con productos nacionales y encontrar una identidad propia frente a marcas internacionales. Usando las mismas reglas del bourbon, decidieron reemplazar el maíz convencional por el maíz morado, un grano ancestral e icónico del Perú que aún no había sido explorado en la categoría de destilados. Iniciaron usando el maíz morado de Cajamarca, pero dado que su consumo anual ha llegado a más 125 mil kilos de maíz morado seco, ahora también trabajan con proveedores de Arequipa, Andahuaylas y Junín.

En la destilería, además de sus responsabilidades generales —es maestra catadora y socia—, Daiana tiene una función muy importante: seleccionar las barricas en las que envejece el whiskey. Ella considera que esa selección es el corazón del producto. “Durante la cata, seleccionamos aquellas barricas que están listas no solo por el tiempo, sino también por su sabor y calidad. Algunas son tan excepcionales que las separamos, las dejamos envejecer aún más y luego las embotellamos, como nuestra versión Single Barrel de Black Whiskey”, explica con entusiasmo.

Desde su planta de producción en la destilería de Lurín, Black Whiskey está logrando conquistar y exportar al mundo sus productos con una metodología basada en técnicas tradicionales, evocando un enfoque artesanal. Su línea de whiskey tiene una capacidad de producción de 200 mil botellas anuales; y están presentes en 14 países.

Para 2025, los planes de la marca peruana se enfocan en acelerar la internacionalización de Black Whiskey. Justamente, proyecta ampliar su presencia en mercados estratégicos, como Estados Unidos, Europa y Asia. Asimismo, una de sus principales inversiones será la ampliación de su capacidad de producción en la destilería de Lurín. Además, espera elevar su inversión en canales digitales y marketing de contenido; así como consolidar el e-commerce y la expansión del canal horeca (hoteles, restaurantes y caterings) con alianzas clave. Una de ellas, por ejemplo, es la que tiene con La Ibérica, que ya elabora bombones con Black Whiskey. La marca tiene previsto lanzar nuevas ediciones especiales con un enfoque de storytelling peruano, entre ellas, la segunda versión de Black Whiskey B.A.P Unión, añejada a bordo del buque escuela de la Marina de Guerra del Perú durante su travesía en el 2025. En esta ocasión, se busca rendir homenaje al Vicealmirante Martín Jorge Guise, primer Comandante General de la Marina peruana, mediante una edición especial de su Andean Rum: Espíritu de Guise, fruto de una colaboración con esta entidad estatal. Actualmente, el B.A.P Unión alberga dos barricas destinadas a Black Whiskey y otras dos donde reposa el Andean Rum.

Con los avances de Black Whiskey y los planes de expansión en marcha, Daiana —quien hoy cuenta con una segunda carrera y ya es doctora de medicina veterinaria— considera también que está contribuyendo a la nueva mirada que se tiene de la mujer en la industria de bebidas alcohólicas, la cual ha sido históricamente liderada por hombres. “Hoy siento que eso está cambiando. No digo que no haya desafíos, pero cada vez tenemos más voz, más espacios, y lo que se valora es el trabajo bien hecho. Y nosotras estamos ahí, tomando decisiones, liderando equipos, creando cosas que antes no se creían posibles», finaliza.

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