Los emprendedores de Colombia le están pidiendo al Gobierno que replantee la forma como se calcularía el nuevo impuesto al patrimonio en la reforma tributaria radicada ante el Congreso.

A las alertas que han surgido en torno a la reforma tributaria que propone el nuevo presidente colombiano Gustavo Petro se ha sumado un efecto colateral que no había sido detectado al principio —en el momento que se radicó ante el Congreso— y que ha encendido las alarmas entre los emprendedores de empresas emergentes o startups. Básicamente se está amenazando la existencia de este tipo de empresas, manifestaron a Forbes múltiples fundadores, inversionistas y firmas de abogados.

El problema está en el artículo 22 del borrador de la reforma, en el que se define la base gravable para el nuevo impuesto al patrimonio, en el que se fija que para calcularse se tendrá en cuenta el valor intrínseco de las acciones de las empresas, tras dividir el patrimonio líquido por el número de las acciones.

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Aunque, de acuerdo con lo manifestado por el Gobierno, el espíritu de este nuevo impuesto es cobrar un tributo anual del 0,5% para quienes tengan un patrimonio entre 3.000 y 5.000 millones de pesos colombianos y de 1% para quienes tengan un patrimonio superior, el efecto colateral es que al cobrarse el valor intrínseco de las acciones, se lleva por delante a los emprendimientos de base tecnológica. Justamente, los mecanismos de financiación para este tipo de empresas, quedan con valoraciones privadas que calculan proyecciones a futuro.

“El planteamiento actual de la reforma tributaria impactará directamente la posibilidad de que las empresas puedan generar empleos de calidad y sobre todo a los jóvenes emprendedores del país, que con la ilusión quieren ejecutar grandes ideas de negocio en Colombia, pero que con estas medidas desincentivarán a los inversionistas y sus aliados a conseguirlo”, sostiene Camila Salamanca, directora en Colombia de Endeavor, una red de emprendimiento de alto impacto con operaciones alrededor del mundo.

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“Los emprendedores tendrían que pagar los impuestos sobre el valor de su negocio y en algunos casos aún sin estar generando ingresos o utilidades. Esto provocará que el país pierda grandes oportunidades de crecimiento que transformen el desarrollo social y económico que estamos esperando”.

Según cifras de Confecámaras, cerca del 70% de los emprendimientos que surgen en Colombia fracasan antes de los primeros cinco años de haber iniciado operaciones. El acceso al financiamiento y los obstáculos legales son algunas de las principales barreras que impidan a que sobrevivan.

Valoraciones a futuro

Al capital de riesgo, que es una forma de financiación en la que una idea es suficiente para acceder a él, le atraen empresas de alto potencial de crecimiento, por lo que los inversionistas otorgan valoraciones basadas en el futuro.

“El impacto real de esto es que cuando uno está levantando capital las valoraciones que se utilizan son proyecciones futuras. Es como si estuvieran cobrando impuestos adicionales por soñar, por valoraciones que serán reales en el futuro”, explicó a Forbes Felipe Santamaría, director de Rockstart, una aceleradora que acompaña emprendimientos en etapa temprana de distintas regiones de Colombia.

“Esto no solo va a desincentivar la inversión, sino el emprendimiento como tal porque montar una startup es trabajar unos diez años para ver si se logra el éxito o no. Pero pagar impuestos por el éxito, antes de tener ese éxito, no tiene mucho sentido”.

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Un análisis de la Andi del Futuro, que es el área de la asociación de empresarios conformada por emprendedores de pymes, al que Forbes tuvo acceso, alertó que el nuevo impuesto al patrimonio tendrá un efecto directo en emprendedores e inversionistas porque no deberán únicamente soportar el pago de impuestos por sus ingresos, sino por su patrimonio. Esto impediría el crecimiento y el desarrollo de soluciones de alto impacto, limitaría la aparición de nuevos emprendimientos innovadores y pondría a emprendedores que viven en Colombia a competir con soluciones de emprendedores de otros países donde no existe esta imposición.

Lo que se vendría

El mundo de los negocios se estudia por medio de casos. En chats de emprendedores y publicaciones de redes sociales que se han hecho virales, se han compartido casos hipotéticos de lo que ocurriría para un emprendedor o emprendedora si este impuesto al patrimonio pasa en el Congreso tal y como está.

Si una fundadora desarrolla una solución para el cáncer y decide crear una startup para escalarla y sale a buscar US$1 millón de inversionistas a cambio del 25% de la startup, quedaría con el 75% de la compañía —que aún no tiene clientes ni utilidades—, estaría obligada a pagar el impuesto al patrimonio sobre una base de 3.150 millones pesos colombianos, que no es dinero suyo sino de la empresa, para pagar empleados y financiar su crecimiento en los próximos años. Si empieza a crecer y busca una nueva ronda de inversión de US$10 millones, por la misma dilución su base gravable serían 21.000 millones de pesos y le tocaría pagar cada año 173 millones de pesos de impuesto al patrimonio, dinero que posiblemente no tendría.

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“Aquí no solo están involucrados los emprendedores, los empleados, los clientes, los inversionistas y todos los grupos de interés. Un emprendimiento es algo que se construye en el largo plazo, así hay que entender el capital de riesgo, por eso se llama así. Es la capacidad que tienen los inversionistas por apostarle a una visión que puede tardar años en materializarse. Los emprendedores tendríamos que estar listos para pagar impuestos adicionales sobre algo que no se ha materializado”, comentó a Forbes a Alejandro López, cofundador de Vozy, una compañía de inteligencia artificial con sede en Medellín. “Nos están pidiendo pagar un impuesto a una visión”.

Otra organización, LinkU Ventures, hizo un análisis en el que concluyeron que “se necesitan más incentivos para crear y desarrollar empresas sólidas y exitosas que favorezcan el ecosistema de los emprendimientos y faciliten la inversión de capital de riesgo que ayude a abrir mercados, contratar talento, crear tecnologías disruptivas y mejorar la competitividad y productividad del país”.

Desde el Ministerio de Hacienda y desde Innpulsa —que es la agencia gubernamental de innovación y emprendimiento— no se han referido a este efecto colateral del impuesto al patrimonio que tiene temblando a quienes se han atrevido a emprender en compañías respaldadas por el capital de riesgo.

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