Con una cartera de proyectos cupríferos que supera los US$45.000 millones y una demanda global del metal rojo que crecerá 43% hacia 2040, según Citi, el país tiene la posibilidad de convertirse en uno de los protagonistas del nuevo ciclo del cobre.

Perú podría ser uno de los grandes ganadores del nuevo ciclo de demanda global de cobre, impulsado por la electrificación y la expansión de la infraestructura digital. Para concretar esta enorme oportunidad, el país cuenta con 35 proyectos de cobre valorizados en US$45.402 millones, que forman parte de su cartera minera, según el Ministerio de Energía y Minas (Minem).

La envergadura de esta cartera no pasa desapercibida en el radar de los inversionistas. Durante un webinar, organizado por Citi, el banco estadounidense destacó que Perú cuenta con una de las carteras de proyectos mineros más importantes de la región y estimó que las inversiones mineras en el país alcancen aproximadamente US$8.100 millones en 2026.

A nivel global, Citi proyecta que se necesitarán alrededor de US$1,65 billones de inversión de capital hacia 2035 para satisfacer la demanda proyectada de minerales críticos. El cobre concentra la mayor necesidad de financiamiento, con unos US$780.000 millones.

En su presentación «Minerales críticos: La carrera global por el suministro  estratégico», William Husband, director global de Banca Corporativa de Metales y Minería de Citi, afirmó que la demanda de cobre refinado crecerá de aproximadamente 28 millones de toneladas en 2025 a 40 millones en 2040. En América Latina, el incremento sería de cerca de siete millones de toneladas, impulsado por la expansión de las redes eléctricas, la electrificación del transporte, los vehículos eléctricos y los centros de datos.

Más demanda, mayores costos

El crecimiento de la demanda se da en un contexto en el que producir cobre es un desafío técnico complejo. Según Citi, la ley promedio del mineral de cobre pasó de rangos de entre 2% y 5% a comienzos del siglo XX a alrededor de 0,5% actualmente.

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Esto implica que, para obtener la misma cantidad de metal, es necesario procesar más roca, utilizar más energía, agua y capital. Por ello, la presión sobre la oferta no depende exclusivamente de la cantidad de cobre bajo tierra, sino de cuánto capital y tiempo se necesitan para convertir ese recurso en metal disponible para el mercado.

Para países productores como Perú, la demanda futura es una oportunidad, pero también una carrera contra el tiempor para desarrollar nueva oferta.

Ventaja latinoamericana

América Latina parte en este escenario con una ventaja considerable. La región concentra cerca del 49% de los recursos mundiales de cobre y alrededor de un tercio de los de litio. Además, representa aproximadamente el 41% del cobre extraído globalmente.

Para Citi, la región está en una posición privilegiada frente a la creciente búsqueda de cadenas de suministro más diversificadas. Estados Unidos, Canadá, Europa, Reino Unido y Australia buscan reducir su dependencia de fuentes concentradas de minerales críticos, lo que abre espacio para nuevos proveedores.

“El cobre representa la oportunidad de demanda más resiliente para América Latina”, afirmó Husband, quien estima que la región podría sumar cerca de siete millones de toneladas de demanda hacia 2040.

La región también concentra 45% de la cartera mundial de nuevos proyectos de cobre y 56% de los proyectos de ampliación. Sin embargo, su capacidad de procesamiento sigue siendo limitada. En cobre, por ejemplo, Chile refina aproximadamente 1,7 millones de toneladas, frente a cerca de 14 millones de China.

En el caso de Perú, esta combinación representa una gran oportunidad que deberá aprovechar si consigue concretar buena parte de los proyectos cupríferos en cartera. Y es que en un mercado de creciente demanda, tener el recurso no será suficiente, sino ponerlo en producción a tiempo.