El país forma parte del grupo de economías andinas que históricamente han registrado algunas de las mayores pérdidas de producto ante episodios intensos del fenómeno. Los efectos también alcanzan los precios de los alimentos y sectores como la agricultura, la pesca y el transporte.
Un episodio intenso del fenómeno de El Niño puede golpear la economía peruana por dos frentes: reducir la actividad productiva y elevar la inflación. Esta combinación representa un desafío para la estabilidad macroeconómica, en particular para las economías andinas, entre ellas Perú, Colombia y Ecuador, que figuran entre las más expuestas a los efectos económicos del fenómeno, según el análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe Perspectivas económicas regionales: Las Américas.
La evidencia empírica recogida por el organismo identifica a la región andina y al grupo integrado por América Central, Panamá y República Dominicana como las zonas donde se concentran las mayores pérdidas de producto tras episodios intensos de El Niño.
En promedio, las economías de estos grupos registraron una reducción del producto cercana al 1% alrededor de un año y medio después del inicio de un episodio intenso. El efecto no es inmediato ni uniforme, pero muestra que las consecuencias económicas del fenómeno pueden extenderse más allá de los eventos climáticos iniciales.
El efecto de El Niño no se limita a la producción. El FMI identifica presiones sobre los precios al consumidor y los alimentos en las economías andinas y de América Central, Panamá y República Dominicana, aunque precisa que, según sus estimaciones, estos efectos son estadísticamente significativos, pero relativamente pequeños en promedio.
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«El Niño podría provocar fenómenos meteorológicos adversos de gran magnitud, con efectos especialmente negativos sobre la agricultura y la infraestructura de algunos países, lo cual podría agravar las presiones inflacionarias. […] Es probable que la mayor parte de la región experimente un aumento significativo de la inflación», dice el documento.
En ese sentido, las presiones inflacionarias pueden intensificarse cuando los fenómenos meteorológicos afectan la producción agrícola, interrumpen el transporte o dañan infraestructura. Las dificultades para producir y distribuir bienes pueden repercutir en la disponibilidad y los precios de los alimentos.
El impacto también alcanza a otras actividades económicas. El análisis del FMI identifica efectos, en distinta magnitud, sobre sectores como la pesca, la energía, la minería, el transporte, la construcción y la salud.
El desafío para la política monetaria
La posibilidad de que El Niño afecte simultáneamente el crecimiento y los precios plantea un reto para los bancos centrales. «Los bancos centrales se enfrentan ahora a un nuevo desafío derivado del importante shock de precios de la energía y los efectos de El Niño. En términos generales, los bancos centrales han permitido que los tipos de cambio se ajusten para absorber parte del shock, y en algunos casos han elevado las tasas de interés para reafirmar su compromiso con la estabilidad de precios», afirma el FMI.
Las presiones inflacionarias derivadas de alteraciones en la oferta pueden coincidir con una menor actividad económica, lo que complica las decisiones orientadas a mantener la estabilidad de precios.
El FMI advierte, además, que los efectos de El Niño son heterogéneos entre países. Mientras la región andina y América Central, Panamá y República Dominicana han registrado algunas de las mayores pérdidas económicas, determinadas economías de la costa atlántica sudamericana, como Argentina, Paraguay y Uruguay, pueden beneficiarse de mayores precipitaciones y de un aumento de la producción agrícola.
La evidencia del organismo muestra que el impacto económico del fenómeno no se limita a los daños ocasionados durante un evento climático: también puede prolongarse a través de la actividad productiva y los precios, con consecuencias para el crecimiento y la conducción de la política económica.
