Una reciente investigación científica da luz a uno de los muchos misterios que envuelven a esta antigua ciudad del Imperio Inca.
A pesar del reconocimiento y la importancia que tiene Machu Picchu para Perú y el mundo, aún existen muchos misterios sobre esta ciudad Inca. Uno de ellos puede ya haber sido resuelto, gracias a una reciente investigación científica.
Si bien, se conoce que originalmente funcionó como un palacio dentro de la propiedad del emperador Pachacuti, hasta ahora poco se sabía de las personas, principalmente sirvientes, que vivieron y murieron en esta ciudad.
Sin embargo, el artículo publicado, recientemente, en la revista científica Science Advances “Insigts into the genetic histories and lifeways of Machu Picchu’s occupants” demuestra el origen de estos habitantes.
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Para ello, la investigación generó datos de todo el genoma de 34 personas enterradas en esta ciudad, con la intención de conocer de dónde procedían o cómo se relacionaban con los habitantes de Cusco.
Según establece el artículo, el gobernante, su familia y sus invitados apreciaban el clima tropical y la vegetación de Machu Picchu; por lo cual esta ciudad les era especialmente atractiva durante la estación de seca (mayo a octubre). Es decir, solamente residían ahí por temporadas.
Empero, dejaban a un séquito de sirvientes para mantener las instalaciones de las haciendas reales. Por ello, la ciudad sagrada habría sido ocupada por varios cientos de sirvientes y asistentes permanentes (yanacona y aclla) durante todo el año y en temporada alta se agregaba varios más para asistir a los miembros de la realeza inca.

¿Qué descubrieron?
En 1912, las excavaciones realizadas por la Expedición Científica Peruana de Yale documentó 107 entierros que contenían los restos de un mínimo de 174 individuos; la mayoría se encontraban en las periferias de Machu Picchu, agrupados en cuatro grupos denominados cementerios 1 al 4.
Fue de ahí de donde la investigación científica reciente realizó pruebas genéticas comparando el ADN de 34 individuos con los de personas de otras regiones. De esta forma pudieron concluir que estos individuos procedían de diferentes partes de todo el Imperio Inca y algunos eran, incluso, de sitios tan lejos como la Amazonía.
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Otro descubrimiento, que llama la atención, es que había un mínimo de ADN compartido entre ellos, lo cual sería un indicativo que fueron llevados a Machu Picchu de manera individual, es decir, no eran parte de grupos familiares o comunitarios.
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