Perú cuenta con una larga tradición vitivinícola que ha dado paso a una producción de vinos que crece en calidad y para deleite de paladares locales (y extranjeros) cada vez más exigentes

La vid traída por los colonizadores españoles ha encontrado en Perú condiciones para crecer saludablemente y manifestar su potencial. Esto ha permitido desarrollar una tradición vitivinícola de larga data que, si bien ha estado apegada al pisco, también ha dado paso a la elaboración de vinos de calidad con variedades de uva muy distintas.

En la actualidad se cultivan poco más de 30 variedades, entre las cuales se encuentran cepas bordalesas. De las uvas tintas destacan: merlot, cabernet sauvignon, cabernet franc, tannat y carmere. De las blancas: souvignon y chenin blanc, además de chardonnay. El establecimiento de estas variedades es reciente. Sin embargo, reflejan de manera excepcional las cualidades de los terruños peruanos.

Testimonio de ello son los vinos elaborados a partir de uvas cosechadas en viñedos del Valle de Chincha, al sur del Perú. La cercanía con el litoral genera un suelo franco arenoso, de origen aluvial, que aporta una marcada presencia marina. En palabras de Oscar Mancilla, enólogo general de Bodega Viña Vieja, esto se traduce en una acidez natural importante y de agradable persistencia.

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Vinos peruanos
Foto: Bodega Viña Vieja

Abrazar las virtudes del terruño es tan relevante como elegir las variedades. “El vino comienza a elaborarse desde el viñedo. Y es muy importante manejar una uva equilibrada, que brinde rendimientos apropiados pensando en un vino varietal, reserva o gran reserva”, comenta el enólogo chileno a propósito de la hoja de ruta que ha establecido la bodega en busca de alcanzar nuevos hitos de calidad en la categoría de vinos premium.

Bodega Viña Vieja participó con éxito en el Concurso Mundial de Bruselas, y se posicionó como una de las bodegas más galardonadas en la séptima edición del Salón del Vino Peruano, con 23 medallas en el concurso Catemos Perú 2023, en el cual participaron 207 de diversas regiones del país. En la perspectiva de Mancilla, este encuentro confirmó el entusiasmo de grandes y pequeños productores por llevar el prestigio de los vinos peruanos a otros niveles, a otros países, y seguir conquistando a los consumidores locales.

GUSTO FLORECIENTE

En el país hay una clara inclinación por el consumo de vinos secos y semisecos. No obstante, en la última década el paladar local ha desarrollado preferencia por vinos elaborados con variedades bordalesas debido al ingreso de etiquetas procedentes de diferentes regiones del mundo. Además de vinos argentinos, chilenos y españoles, los hay de Portugal, Sudáfrica y Estados Unidos, por mencionar algunos.

viñedos uvas
Foto: Bodega Viña Vieja

El conocimiento alrededor del vino sigue en ascenso entre los consumidores, al igual que la pasión de la industria por mejorar sus procesos e innovar. No solamente ha adaptado a sus cosechas variedades que respondan a preferencias cosmopolitas, también se esmera por enaltecer cepas patrimoniales como quebranta, italia, torontel, albilla y mollar (un tema que merece su propio espacio).

“El terroir de Perú, hablando en términos generales, ha dado vinos jugosos, frescos, jóvenes y amables, como lo es también el pueblo peruano”

OSCAR MANCILLA, ENÓLOGO

“Algo interesante es que las variedades pisqueras se están vinificando, como es el caso de cepa quebranta, quizá la más tradicional del Perú”, detalla el enólogo con más de 20 años de experiencia en importantes empresas vitivinícolas de Chile, Nueva Zelanda, España y la unión americana.

En el 2019, Mancilla asumió una responsabilidad estratégica en Bodega Viña Vieja, con el objetivo de consolidar la evolución de la producción, potenciando las características del terroir y las variedades de uvas con las que cuentan los viñedos. En su opinión, el vino peruano va por buen camino, ganando participación de mercado y creando un maridaje perfecto con la gastronomía del país, que goza de un reconocimiento mundial asombroso.

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Foto: Bodega Viña Vieja

Las regiones vitivinícolas están mostrando todas sus bondades, desde el Valle de Ica, pasando por el valle de Chincha, luego por Arequipa, Tacna, hasta Apurímac, donde se enclavan, a cerca de 3.300 metros sobre el nivel del mar, los viñedos más elevados del territorio nacional.

“Pero el terroir de Perú, hablando en términos generales, ha dado vinos jugosos, frescos, jóvenes y amables, como lo es también el pueblo peruano”, concluye Oscar Mancilla con la certeza de que el país tiene un enorme potencial enológico. Basta con visitar sus bodegas, en cualquier época del año, para descubrir las virtudes del territorio.

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