Carolina Peralta, CEO y fundadora de Florencia y Fortunata, dejó su trabajo en una multinacional para abrir una cafetería de especialidad que visibiliza el trabajo de las mujeres en el mundo del café. Hoy, su meta es que la empresa social genere escala mediante colaboraciones con otras marcas.
Era el año 2019, y una joven cusqueña, Carolina Peralta, de 22 años y graduada de la carrera de Contabilidad de la Universidad del Pacífico, llevaba trabajando varios años en diferentes áreas dentro de una multinacional farmacéutica. Su futuro parecía claro: seguiría escalando posiciones hasta algún día ser gerenta de alguna división con una oficina en un veinteavo piso. Pero Carolina estaba llena de preguntas y se cuestionaba si era realmente posible hacer empresa «de forma diferente».
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«En ese punto me empiezo a dar cuenta del poder que hay en todas las empresas grandes, a nivel de gente e impacto. Y empiezo a cuestionar toda esta enseñanza que me dieron en la universidad, que se basa en un modelo bien tradicional de hacer empresa. Sí, con un área de responsabilidad social, pero que está netamente basado en rentabilidad y la parte económica», recuerda Peralta.
En ese momento, trabajaba en al área de investigación de mercado y marketing en el Cusco. Pasaba sus días teniendo reuniones en cafeterías con médicos y proveedores. Pero el mundo del café la empezó a atraer. Entonces, la ejecutiva decidió estudiarlo de cerca (de la mano de mentores del mundo corporativo y de la red Kunan, así como de emprendedores cusqueños y de Lima).

Sin embargo, no fue hasta abril del 2021 que Peralta decidió abrir el primer local de Florencia y Fortunata, su propia cafetería y cuyo nombre está basado en los nombres de sus dos abuelas. Casi un año después, optó por abandonar la seguridad del mundo corporativo y dedicarse al 100% a su emprendimiento, el cual fue seleccionado este año como una de las 100 mejores cafeterías en el mundo. Hoy, su local principal está ubicado en una de las calles aledañas a la plaza de Armas del Cusco, en la antigua casa de Rosa Augusta Rivero Ricalde, la primera mujer que recibió el título de abogada en Cusco. Desde ahí sirven unas 600 tazas de café al día en promedio. Asimismo, su empresa cuenta con una cafetería en Magisterio, también en el Cusco, que aloja su Coffee Lab, donde tuestan los granos de café.

El rol de la mujer en el mundo del café
Tomando el nombre de sus abuelas para la marca, el propósito de la cafetería estaba claro desde el día 1: visibilizar y realzar el trabajo de las mujeres en el mundo del café de especialidad, con especial atención en la trazabilidad y la transparencia en las compras de café. Es por ello que desde el personal que atiende en las mesas hasta en la barra son mujeres. Además, el café que se consume es producido por familias lideradas por mujeres.
«La decisión de emplear exclusivamente a mujeres va un poco por esta idea de equiparar esta balanza. Un poco [como] lo que hizo Mariana Costa con Laboratoria al posicionar a las mujeres en ciertos rubros donde solamente hay hombres. De hecho, la idea de emplear mujeres parte de ir a cafés y ver a puros hombres, pero también de entender cómo se estaba comunicando el rubro en ese momento. Hablaban del barista, el productor, el tostador. Eso hacía que cuando pienses en café, pues tiendas a pensar más en hombres», explica la CEO y fundadora de Florencia y Fortunata.

Esta visibilización es especialmente importante considerando que el 20,5% de las empresas que se dedican al café eran lideradas por mujeres al cierre de 2023. De otro lado, la participación femenina en la industria cafetalera llegó en 1,2 puntos porcentuales en los últimos cinco años y llegó a 51,9% en el 2023, según cifras del Ministerio de la Producción.
Actualmente, la empresa social cuenta con 15 colaboradoras y un bajo nivel de rotación, señala Carolina Peralta. En cuanto a los lotes de café que compran, que provienen de diferentes partes del Perú, en especial de Cusco y Cajamarca, la empresaria reconoce que la economía del café es una dinámica familiar. Sin embargo, quienes tienen más protagonismo al llevar el producto a los mercados son los hombres. Es por ello que en una primera instancia el trabajo se centró en buscar a las mujeres involucradas en el campo, lo cual resultó retador. Pero en estos últimos años, cuenta que las productoras mujeres han ido directamente a la cafetería con muestras de café para vender, dando un giro a la figura de compra que se tenía inicialmente.
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«El año pasado, en la cosecha, casi el 70% de productoras vino con sus muestras. Ya es como el cuarto año que le compramos a algunas productoras. Nos ha pasado con Yesica Llanqui, por ejemplo, que es una productora de Huayopata. La primera vez le compré como 20 kilos. La segunda vez le compramos casi la mitad de la producción y el año pasado le compramos todo. Entonces, vas viendo lo poderosa que puede ser esa relación en el sentido de no solo por pagarle un buen precio, sino porque realmente están viendo lo importante de tener tu nombre [en los empaques] y respetar hasta el final esa propiedad que hay», indica.
En ese sentido, señala que el modelo de compra a los productores de café de Florencia y Fortunata se basa en precios «prósperos y dignos», inspirado en las prácticas de una exportadora mexicana Azahar Coffee.
«Florencia y Fortunata es una especie de trampolín. Quien se va de acá no puede permitirse nunca recibir un sueldo más bajo o menores oportunidades. Somos [también] como una escuela, en la que tú puedas aprender del área que te motiva, sea de café, sea de hacer empresas, sea de la cocina, etcétera, con el fin de que luego puedas emprender. (…) Yo creo que a esto deberíamos apuntar. [Es decir], a dejar de poner estos techos de cristal que a veces hay en la industria y en las empresas para realmente funcionar como un trampolín».
Carolina Peralta, CEO y fundadora de Florencia y Fortunata
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Colaboraciones para crecer
A la fecha, la gran mayoría de ingresos de la cafetería se reinvierten en el negocio, logrando ser sostenibles por sí solos. Y ese seguirá siendo el caso hasta que logren un modelo de negocio «realmente sólido y escalable», señala Peralta.
Cuando habla de escala, subraya que esto no necesariamente significa abrir más cafeterías bajo la misma marca, sino que se puedan generar colaboraciones para replicar la filosofía y modelo de trabajo de Florencia y Fortunata en más espacios. Así, por ejemplo, la empresa se alió con la marca de ropa sostenible HÖSĖG para operar el «HÖSĖG Café», una cafetería que se abrió en el Cusco en junio pasado.
Lo que la emprendedora tiene claro que el camino que eligió no es sencillo, pero confía en que Florencia y Fortunata puede marcar un precedente de cómo las empresas pueden operar sin que el eje central sea lo económico, y sin perder dinero. «Tú vas al café, está lleno y dices wow, debe haber bastante plata. Y siempre digo que si yo hubiera querido hacer plata con café, hay un montón de formas de hacer plata con café más rápido y más fácil. Pero creo que hacer una cafetería, comprar todo directamente [a los productores] y pagar bien a tu gente, implica tal vez un camino de más largo aliento y más trabajoso», finaliza Peralta.
