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Esta foodapp peruana vende comida a casi la mitad de precio para evitar desperdicios y emisiones de C02

Lanzada al mercado por Michelle Gomberoff y Jimmy Baudts a inicios de 2020, Cirkula vende comida lista que está a punto de ser retirada de las góndolas de 200 locales en Lima. Este año, la startup proyecta levantar una ronda semilla para expandirse a otros países de Sudamérica.

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Cirkula
Foto: Karen Candiotti/Forbes Staff

La administradora peruana, Michelle Gomberoff, no recuerda el nombre de la foodapp australiana en la que se inspiró para crear Cirkula junto a su pareja y colega Jimmy Baudts, pero sí su propósito: evitar que la comida se convierta en desperdicio y genere así –por degradación– emisiones de gases de efecto invernadero que dañen la atmósfera.

Fue esa la misión que en 2018 Gomberoff y Baudts decidieron asumir cuando empezaron a investigar la viabilidad de implementar en Lima una plataforma de venta de alimentos listos para consumir que estuvieran a pocos días u horas de ser retirados de góndola. Dos años después, la idea sobre esa plataforma se hizo realidad: fundaron Cirkula.

Apuesta emprendedora

Los dos ejecutivos venían del mundo de las startups y no le tenían miedo al riesgo del emprendimiento. De hecho, Gomberoff había hecho prácticas en el área de acceso al cliente y estrategia en la HR Tech Mandü. Por su lado, Baudts trabajó en la app de movilidad Easy Taxi (hoy Cabify), cuando su equipo tenía cinco personas. Luego, el hoy CEO de Cirkula, trabajó en ventas enfocadas en restaurantes, tiendas y supermercados, un capital que se convirtió en un plus para la actual cartera de clientes de Cirkula.

“Empezamos a investigar y nos dimos cuenta de que este modelo hacía sentido en un país influenciado gastronómicamente y con una cantidad gigantesca de restaurantes”, dice Gomberoff, hoy gerenta de productos de Cirkula. Antes de la pandemia por covid-19, en el país existían unos 200.000 restaurantes. Alrededor de la mitad se vio obligado a cerrar por la emergencia, según la Cámara Nacional de Turismo (Canatur).

Con un producto mínimo viable desarrollado y dos fondos ganados – levantaron alrededor de S/50.000 gracias al ‘Reto Bío’ de Proinnóvate y al Telefónica Open Future, organizado por de Wayra y USIL Ventures– lanzaron la startup al mercado en enero de 2020.

Un mes y medio después fue declarada la pandemia.

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En esas pocas semanas, lograron integrar hasta 10 locales de venta de comida. Con la cuarentena, la mayoría cerró, cuenta Gomberoff.

“Lo bueno era que éramos un equipo súper pequeño y pudimos mantenernos”, agrega. Actualmente, Cirkula está integrado por ocho personas, distribuidas en cinco áreas: marketing, tecnología, management, soporte a locales y ventas.

Gomberoff y Baudts decidieron seguir adelante: aprovecharon la cuarentena para mejorar la tecnología de Cirkula y desarrollar una versión beta y relanzaron la app en julio del 2020. Y en julio del 2021, levantaron una ronda presemilla de US$ 100.000 de inversionistas ángeles locales. Uno de estos fue The Board.

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“Desde entonces, hemos venido ejecutando esa ronda. Hemos crecido 17% en promedio mes a mes. [Tenemos] más de 200 locales aliados y más de 100.000 usuarios registrados”, puntualiza Gomberoff. La ejecutiva destaca el despegue exponencial de la app. Según detalla, el número de locales aliados con los que trabajan se expandió 180% en julio de 2022 respecto al mismo mes en 2021. El número de usuarios creció 250% en el mismo período.

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Foto: Karen Candiotti/Forbes Staff

Buen timing

¿Por qué los locales (sus clientes) no envían estos productos al Banco de Alimentos y, a cambio, obtienen certificados de donación que funcionan como incentivos tributarios?

Gomberoff explica que, a diferencia de su startup, el Banco de Alimentos trabaja con productos que ya fueron retirados de las góndolas. “No es que un aliado nuestro va a dejar de trabajar con ellos. Tampoco buscamos reemplazar [al Banco de Alimentos]. Simplemente, somos un paso previo para que [los locales] puedan monetizar los productos”, comenta Gomberoff.

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Con una comunidad en expansión e influencers que la apoya para ‘educar’ sobre el impacto ambiental de los desperdicios, la foodapp ha llegado a la conclusión de que su modelo es necesario para sus aliados por tres motivos. En primer lugar, según sus fundadores, la propuesta de Cirkula es relevante para que los aliados recuperar costos. De hecho, la empresa señala que ellos pueden recuperar hasta el 45% del valor original de sus productos.

En segundo lugar, Cirkula les ayuda a captar un nuevo tráfico hacia sus puntos de venta. “Hoy la mayoría [de locales] hace estas iniciativas. Trata de hacer un 2×1 y ofertas al final de la hora (de atención). El problema es que su público tradicional [no] va a acceder a esa comida”, dice Gomberoff.

En tercer lugar, la empresa explica que su negocio ayuda a fortalecer la estrategia de marketing ligada a sostenibilidad de los clientes.

Modelo y problemática global

En el mundo, explica la cofundadora de Cirkula, 9 de cada 10 personas no conocen el impacto negativo en el ambiente del desperdicio de alimentos. Se trata de una realidad retadora en el Perú, donde casi un tercio de la población se encuentra en situación de pobreza monetaria. Además, cada año se pierde (se desperdicia) el 47,6 % de los alimentos producidos, según una investigación publicada en la revista Sustainability. Esta investigación fue realizada por la experta peruana Noelia Soledad Bedoya Perales.

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En ese escenario, el modelo de negocio de la foodapp es prometedor. De hecho, Gomberogg considera que su red de locales aliados podría conectarse con las ollas comunes (en la capital peruana existen 2.503, según la Municipalidad de Lima).

“Hay muchos locales que no tienen contacto directo con el Banco de Alimentos u otras instituciones, (como las) ollas comunes. Lo que quisiéramos hacer es conectar a nuestros locales para que puedan generar una red con estas instituciones”, dice Gomberoff.

Para la empresaria, desarrollar una red entre los locales y las ollas comunes permitiría hacer una conexión más ágil y llevar la comida si no logra ser vendida. “Es una logística quizá más complicada para el Banco de Alimentos, porque es poco volumen, pero sí hay instituciones que están dispuestas a hacerlo. En otros países, se les da acceso a algunos comedores comunes a la aplicación con tarifas bajas o, inclusive, a precio cero”, agrega.

Superciudades como blanco

Actualmente, Cirkula tiene dos arquetipos de clientes: universitarios y profesionales independientes jóvenes. Su meta de mediano plazo es, justamente, expandir ese universo. La empresa quiere captar más locales, más usuarios y operar en nuevas latitudes.

“En Ecuador tienes Quito y Guayaquil, que concentran una gran cantidad [de población]. En Bolivia están Santa Cruz y La Paz. Estamos viendo superciudades más que países” comenta Gomberoff. La cofundadora explica que su firma analizó la cantidad de locales potenciales que podrían llegar a abrir en cada ciudad.

En efecto, el plan ya está en curso: la foodapp proyecta atender hasta 4.000 locales a fines del 2024. De este grupo, unos 1.500 estarían fuera de Perú. El crecimiento, explica Gomberoff, vendría de nuevos tipos de clientes, como tiendas de conveniencia (en Lima hay más de 10 cadenas, entre marcas independientes y asociadas a estaciones de servicios), franquicias y supermercados.

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“Creemos que los mercados emergentes tienen mucho potencial porque son mercados desatendidos. Más que nada queremos dedicarnos a crecer en países que van a tener todas las oportunidades para hacerlo y no tener que estar pensando en entrar a competir en un mercado”, señala Gomberoff. “Esa competencia implica un gasto financiero enorme que queremos evitar”, añade Baudts.

“No queremos quemar capital de la ronda seed en entrar a competir. Queremos usarlo a para crecer dentro de países que están desatendidos”.Michelle Gomberoff, product Manager y cofundadora de Cirkula

Hoy el negocio de Cirkula comienza a escalar en la región. En Chile, opera la app Good Meal. De otro lado, en Brasil existe la aplicación Food to save. En México, funciona Cheaf y, en Argentina, Winim. “Estas son las soluciones con más de un año [de existencia]. Eso demuestra que el mercado está listo”, repara Baudts.

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Los emprendedores confían que este año levantarán un millón de dólares para materializar el plan. Han iniciado el proceso para una ronda semilla con ese fin. Saben que los requisitos para acceder a financiamiento son más rigurosos. “Por eso, estamos perfilándonos no solo a venture capital agnósticos, sino a venture capital de climate tech y foodtech que tienen soluciones más perfiladas a la nuestra”, responde Gomberoff, al ser consultada sobre el desafío de acceder a capital fresco en medio del alza inflacionaria y ante una anunciada recesión económica global.

“El objetivo de la ronda es poder crecer en 2023 y 2024. [También busca] consolidar y llegar al break even (punto de equilibrio) en Perú, donde tenemos un market fit en cafeterías y pastelería”. En este mercado, la startup también tiene planeado empezar pequeños pilotos con tiendas de conveniencia, supermercados y franquicias. “Para llegar a este público, requerimos recursos financieros”, afirma la ejecutiva.

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