Fabrican sus zapatos en cuatro talleres en Perú y uno en Ecuador con saldos de telas de exportación y suelas de neumáticos reciclados. Además, se alistan para lanzar una tercera colección que venderán a través de una aplicación con realidad aumentada. En 2024, planean aterrizar en Colombia y crecer en 45% las ganancias.
La diseñadora industrial ecuatoriana Yanira Villalta se dio cuenta que el negocio de fabricación y venta de alpargatas tenía potencial el día que vio que un problema cercano era un problema común.
Ese fue el día que conoció a Samuel Casco.
Natural de Ambato, (al sur de Quito, en Ecuador), el hombre había trabajado por 35 años en una empresa fabricante de calzado, lo habían despedido y, para seguir trabajando, había puesto un taller de arreglo de zapatos en el garaje de su casa.
Su mamá, Martha Cornejo, también había quedado desempleada a sus 45 años, después de trabajar como contadora en varias empresas.
“Me dieron el visto bueno”, contó a Forbes la CEO de Yanni Shoes, a sus 68 años, recordando –ahora con gracia– aquel momento de transición.
Samuel y Martha se quedaron sin trabajo llegando o cerca de sus 50 y Yanira supo que con su pasión por el diseño y el expertise en fabricación de Samuel y gestión de su madre (había sido contadora antes), podría crear un negocio que pusiera en valor la capacidad productiva de la generación ‘plateada’. Pero ese no es el único frente que atienden por estos días. Actualmente, se preparan para establecer el modelo de negocio de marca de alpargatas “Yanni Shoes” en Colombia, tras siete años de operaciones en Perú y Colombia.

Ingeniería inversa
Yanira dice que desde un inicio la idea detrás de Yanni Shoes fue hacer “ingeniería inversa”. Ella había participado en capacitaciones con artesanos indígenas y se le ocurrió que en lugar de llevar sus artes al mercado, podrían “ayudar a mejorar las técnicas ancestrales” en calzado para que las alpargatas sean más ergonómicas y “sirvan para el día a día”, dice.
Obtuvieron su primer prototipo en seis meses. “Tuvimos que hacerlo 10 veces hasta sacar los moldes perfectos, que no lastimen, que sean suaves, cómodos”, detalla Yanira.
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Actualmente, la firma vende 5.000 pares de alpargatas por año y en 2024 prevén duplicar el número. Ese es el resultado esperado del plan que presentaron como ganadores de la novena generación del programa de aceleración de emprendimiento estatal Startup Perú, de ProInnóvate.
Además, como parte del plan, prevén ingresar en Colombia, pues muchos de sus clientes virtuales son de ese país. En efecto, el aterrizaje a Colombia está atado a un concepto que es parte del modelo de negocios de Yanni Shoes: las franquicias sociales.
“Queremos replicar nuestra fabricación de alpargatas. Próximamente lo vamos a hacer en Colombia, así como buscar puntos de venta físico o online”, dice.




El capital humano hace la diferencia
Las franquicias de Yanni Shoes -explica Yanira- van más allá de la estandarización de los moldes y equipos de producción de alpargatas, que garanticen una calidad uniforme.
“[Con las franquicias sociales] en cualquier parte del mundo podemos ampliar o implementar un taller de alpargatas Yanni sin empezar desde cero. Tenemos un sistema estandarizado”, explica.
Lo social de las franquicias de la marca tiene que ver con su staff.
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Hoy Yanni Shoes trabaja con cuatro talleres de fabricación de alpargatas en Perú: en Cusco (con tejedoras de telas); en Pucallpa (con mujeres artesanas); en Los Olivos (Lima); y en Comas. En este último, opera en alianza con la asociación Asperddi, que alberga a 30 adultos con discapacidad, que en su mayoría viven con polio, lo que afecta la destreza de sus extremidades.
Justamente, para poder hacer más fácil su labor, la empresa ha creado telares mecanizados y bipedestales que permiten a sus proveedores trabajar de manera cómoda, a la vez que se ejercitan, explica Yanira.
También cuentan con un taller en Ambato, en la sierra central de Ecuador, donde trabaja Samuel.
Más talleres en el radar
Para vender 10.000 pares de alpargatas por año, el plan de la marca es ampliar el número de talleres aliados. En Perú, están evaluando abrir uno en Trujillo –“la cuna del calzado en Perú”, dice Yanira– y en Huancayo. En Ecuador, les gustaría tener uno en Cuenca y otro en Quito. “Esperamos en 2024 y si es posible en Quito, donde se mueve mucho el zapato. Nos hacen pedidos”, comenta Martha.
En el futuro inmediato, están alistado la que será su tercera colección, que combina bordado con estampado, cuenta Yanira. A la fecha, la marca cuenta con dos líneas: una de corte urbano y otra que pone en valor “las raíces étnicas”.
Respecto a su nueva línea, la ejecutiva dice que buscan lanzarla para la campaña navideña, a la par de una aplicación con realidad aumentada. “Estamos desarrollando una app de realidad aumentada para que los clientes a nivel internacional puedan verificar la talla correcta de sus alpargatas y cómo luce su outfit en el día a día. Queremos trasladar la experiencia de compra física a la experiencia online”, detalla.
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Junto a ello, trabajan en la consolidación del canal offline. Desde 2021, están presentes en el centro comercial limeño Larcomar (consiguieron ese espacio después de ser ganadores del Premio Kunan), además de las plataformas de las cadenas de retail de Intercorp y Ripley.
“En ventas, en el 2022, llegamos a vender en US$100.000. Este año, queremos terminar el 2023 en US$150.000 y creemos que lo vamos a lograr en la última campaña de Navidad, cuando vamos a implementar la app. Ya tenemos la página web y se va a implementar allí para que pueda tener un alcance a nivel Latinoamérica”, proyecta la ejecutiva.
Hecho revelante
- Circularidad en la cadena. Para fabricar las alpargatas, la marca usa saldos de telas de algodón de exportación y suelas hechas de caucho reciclado. En el caso de las telas, trabajan con dos aliados: dos almacenes en el Emporio Textil de Gamarra, integrado por señoras de más de 55 años que recolectan saldos de fábricas locales; y Textil El Amazonas, con la cual tienen un convenio, mediante el cual la firma les dona telas e hilos de algodón de sus mermas mensuales de exportación. En cuanto a las suelas, Villalta señala que obtienen el material de una empresa de Chile. La ejecutiva explica que en Perú aún no cuentan con la tecnología para procesar dicho material y obtener las suelas.
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