En 2016, Karim Rifai Burneo creó Uayki, una fundación y empresa que desarrolla y comercializa un kit educativo, con millones de libros digitales, contenidos de entretenimiento y cursos con certificaciones, para escuelas y bibliotecas en zonas rurales desconectadas a la web. Operan en 15 regiones del Perú y en Guatemala y planean aterrizar en Colombia, El Salvador y África.

El economista peruano Karim Rifai Burneo (32) supo en qué invertiría los diez años siguientes de su vida cuando ante sus ojos, en YouTube, apareció un video casero de un campesino brasileño. En la grabación, el hombre colocaba cuatro cucharadas de lejía en una botella de plástico; hacía un hueco en el techo de un almacén para encajarlo y, tapa hacia abajo, el envase brillaba cual una bombilla eléctrica. 

“Ese fue mi momento ‘Eureka’. Mi cerebro hizo ‘¡pa!’. ‘Ah, ok’, dije. Existen oportunidades de alta complejidad, que te hacen la vida más cómoda, más eficiente. […] Pero hay soluciones que pueden cambiar vidas en el Internet y estas personas no tienen acceso [a la web]”, explica Rifai Burneo, fundador de Uayki, una empresa social que lleva conectividad e información valiosa a zonas donde no hay internet.

La aparición del video sucedió dos semanas después de que el también exfutbolista profesional –Rifai Burneo fue delantero de la Selección Nacional Sub 17 y jugó en Sporting Clube de Braga de Portugal– terminara un curso sobre economías emergentes en Coursera dictado por Dan Ariely, experto en psicología y economía conductual, de la Universidad de Duke. 

Animado, el joven economista (profesión de la que se graduó en la Universidad de Boston) le presentó la idea a Richard Rowe, decano asociado de la Facultad de Educación de la Universidad de Harvard y ex presidente de la fundación One Laptop Per Child (una computadora portátil por niño, en español). Rowe le dijo que lo que él quería hacer era imposible, salvo por su “compromiso irracional” (el de Rifai Burneo). 

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Peruano, de padre sirio, a fines de 2015, Rifai Burneo decidió regresar a su país, para recorrerlo y validar si el problema que él visualizaba -que la falta de conectividad e información afectaba la calidad de vida de la gente– era real. El primer pueblo que visitó fue Lares, en Cusco, un distrito donde Rifai Burneo sabía –según datos del Ministerio de Economía y Finanzas– que el 98% de las personas vivía en condición de pobreza extrema y el 99% en pobreza monetaria. En terreno, supo además que había familias que habían perdido hijos por no filtrar el agua, cuenta. Se trata de una realidad común: el 48,2% de las personas de más de 6 años que viven en el sector rural aún no tenía acceso a Internet al cierre del 2023, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas e Informática (INEI). En el sector urbano, en Lima Metropolitana, el 10,2% de la población estaba desconectada hacia fines del año pasado.

Kit Uayki. Foto: Cortesía

Tras validar su tesis, Rifai Burneo decidió crear una tecnología «puente», que permitiera a las personas sin acceso a Internet acceder a información y educación. Así nació el kit Uayki, un maletín equipado con un dispositivo móvil (celular o tablet) o computadora, un equipo de almacenamiento y una antena, que alberga dos millones de archivos, que incluyen desde libros digitales, audiolibros, podcasts, videos, entretenimiento, cursos certificados hasta un marketplace local. Todos los contenidos son diseñados para que estén “culturalmente apropiados y alineados a las necesidades locales” por expertos y docentes y líderes comunitarios, dice el emprendedor. 

«Con el apoyo de aliados con experiencia en el campo, identifiqué el enorme potencial de los mini computadoras para trabajar en conjunto con otros elementos de hardware y crear redes distribuidas, programadas y recargadas con recursos digitales. Equipé todo esto en un maletín protector portátil y a prueba de los elementos», explica.

Rifai Burneo se dedicó profesionalmente al deporte de los 13 a los 20 años, jugó en el equipo de reserva profesional del Sporting Clube de Braga de Portugal  y fue delantero de la Selección Nacional Sub 15 y Sub 17. Se retiró cuando entrenaba con el club San Martín de Porres para dedicarse de lleno a la economía, carrera que empezó estudiando en Perú como parte de un programa de estudios americano y terminó en la Universidad de Boston, en Estados Unidos.  En la imagen: Karim Rifai Burneo, de 9, durante su época como futbolista profesional en la Selección Sub 17. Foto: Karim Rifai Burneo.

A la fecha, el kit de Uayki ha sido implementado en 50 proyectos, la mayoría en escuelas y, en menor medida, en bibliotecas, puntualiza Rifai Burneo y añade que a la fecha cuentan con 30.000 usuarios indirectos, entre estudiantes, docentes, familias y miembros de comunidades. “Se accede desde cualquier dispositivo si estás dentro del área de cobertura de la nube”, comenta, a la vez que repara que el sistema de plataformas educativas Uayki opera “en red” o “mallas” como lo hacen las plataformas de entretenimiento que las aerolíneas ofrecen durante sus vuelos internacionales o en campus universitarios. Es decir, sin necesidad de Internet. 

“El mercado es realmente enorme, con más de 1.000 millones de estudiantes y millones de escuelas rurales desconectadas, y un total aproximado de 3.400 millones de personas que no tienen acceso a la era digital. Esta es la población que más crece año a año, y para 2050 se estima que más de 2.000 millones de personas seguirán desconectadas de los más de 10 billones de población proyectada”.  

Karim Rifai Burneo

Triple fórmula

Para operar, Uayki cuenta con dos fuentes de financiamiento: los ingresos de la misma empresa (de la cual Rifai Burneo es gerente) y una fundación que lleva el mismo nombre. Ambas fueron creadas en 2016, de manera simultánea.

Por un lado, la fundación recibe donaciones, y adquiere los kits producidos por la empresa para implementarlos. Así, hasta ahora han recibido S/200.000 (US$52.000) en donaciones de distintas fuentes: campañas de crowdfunding, la aceleradora Ruralia de la Fundación Es Hoy y el Goldman Sachs Gives Impact Fund. Con ese dinero, han creado nuevos programas y contenidos educativos y dado mantenimiento y soporte a los programas existentes, informa el empresario. 

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Además, venden el kit a empresas, fundaciones y organismos multilaterales (entre ellas, Naciones Unidas) (el kit cuesta US$5.000). En el caso de las empresas, precisa que se trata de mineras, agroindustriales, tecnológicas, de hidrocarburos, servicios e inmobiliarias. Las empresas no solo deciden invertir en la red Uayki para ponerla a disposición de sus comunidades cercanas sin conectividad a Internet, sino para usarla como canal de difusión de sus propias noticias. “Nosotros le permitimos a las empresas a través de nuestros espacios digitales en la nube posicionar todo lo bueno que están haciendo por sus comunidades de influencia, que hacen mucho, pero poco se conoce. ¿Por qué? Porque no hay canales de comunicación con ellos”, dice. 

Plataforma de contenidos de Uayki en tablet. Foto: Cortesía

Más allá de las donaciones y las ventas, en 2020 Uayki realizó como empresa una ronda de inversión por US$200.000, por alrededor del 3% de equity. El inversionista fue una familia peruana con presencia en el sector minero y otras actividades, cuyo apellido el Rifai Burneo prefiere no revelar. Dicha ronda les permitió valorizar a Uayki empresa en S/ 10 millones y planear una próxima ronda. “Estamos a vísperas de poder levantar otra ronda de capital”, dice. Señala que este paso les serviría para reclutar talento.

“En nuestros programas, hemos medido mejoras del 15-30% en los usuarios mediante indicadores cualitativos y cuantitativos en competencias digitales, capacidades de investigación, comprensión lectora, habilidades STEAM, emprendimiento y empleabilidad, así como en el nivel de cultura general y conocimientos sobre salud y nutrición”.   

Karim Rifai Burneo
Uso de la plataforma en escuela. Foto: Cortesía Uayki

Hacia Centroamérica y África

En Perú, esta empresa social está presente en 15 regiones y desde 2022 en Guatemala, en el departamento de San Marcos, en la frontera con México. En el país centroamericano, son financiados por la iniciativa Open Learning Exchange, liderada por Rowe (quien es asimismo asesor de Uayki), la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Organización Internacional para las Migraciones. “En Guatemala, estamos operando en Tacaná, San Marcos, donde hemos implementado kits en escuelas tanto primarias como secundarias, un centro de educación técnica agrícola, un centro de capacitación de una cooperativa local y una posta médica”, precisa. 

Además, están preparando el aterrizaje de Uayki en La Guajira, en Colombia, a finales de este año y en la región de La Libertad, en El Salvador, en 2025. 

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Y el año que viene también proyectan aterrizar en África. Partirían por Guinea Ecuatorial, donde el español es lengua oficial. “Una vez establecidos, planeamos expandirnos a lo largo del país y posteriormente a otros países de África Occidental”, dice su fundador, quien reconoce que necesitarán crear una solución que se ajuste a los diferentes idiomas que se hablan en el resto de territorios africanos. 

Según Rifai Burneo, como empresa, desde que partieron hace ocho años han crecido por año en ventas en promedio 50%. “Este crecimiento se debe a la expansión a nuevas regiones, la adopción de nuestra tecnología por parte de grandes empresas y el aumento de proyectos financiados por organizaciones internacionales”, explica. Este año, prevén cerrarlo con ventas que superen el millón de soles, impulsados por nuevos contratos y expansiones, prevé.

El sistema Uayki de nube cerrada permite que más de 100 usuarios estén conectados en simultáneo, señala Rifai Burneo y destaca que los contenidos son filtrados por lo que no son inapropiados. Foto: Uayki

Le consultamos a Rifai Burneo cómo se proyecta a futuro y qué significaría un despliegue masivo de la red internet para el modelo de negocio de Uayki. En ese sentido, el emprendedor es optimista. Primero, porque estima que aunque el costo del acceso a Internet se reduzca en el mediano plazo, la necesidad de invertir en la infraestructura de transmisión (satelital, por ejemplo) –su disponibilidad y reposición– seguirá recayendo sobre el usuario final. 

“Nunca va a ser posible que todas las escuelas tengan presupuesto para pagar una suscripción mensual y el Internet nunca va a ser gratis. Porque estos satélites se mandan [al espacio], se caen y tienen que financiar mandarlos arriba nuevamente”, dice. En el caso de las zonas que se vayan conectando, el empresario ve que Uayki podría potenciarse pues permitiría realizar actualizaciones más frecuentes y crecer en contenidos (actualmente por mes suman 5.000 recursos, anota). 

“Con el desarrollo de la tecnología de conectividad, nuestra nube cada día va a ser más y más grande”, prevé. “Vamos a poder repetir la señal con la tecnología”, agrega. Al respecto, resalta que el desarrollo irrefrenable de la inteligencia artificial (IA) se convertirá en un «game changer» (un elemento que cambiará las reglas de juego) para hacer escalable el negocio. De hecho, ya usan esta tecnología para personalizar las plataformas educativas de cada proyecto, anota. 

 “La inteligencia artificial mejorará significativamente la experiencia del usuario, haciendo las plataformas más amigables y ricas en recursos útiles e interesantes. Además, será un gran aliado en la capacitación de usuarios mediante chatbots y, en un futuro cercano, hologramas accesibles que actúen como profesores o bibliotecarios virtuales. Esto permitirá que el sistema sea utilizado no solo en escuelas y bibliotecas durante sus horarios de operación, sino también fuera del horario del encargado y en plazas municipales y otros espacios comunitarios abiertos”, avizora. 

Hechos relevantes

  • Las regiones en las que está presente Uayki en Perú son: Loreto, Cusco, Puno, Huancavelica, Junín, Huánuco, Pasco, Ancash, La Libertad, Cajamarca, Ayacucho, Apurímac, Moquegua, Lima y el Callao. “Hemos intervenido en diversas escuelas y bibliotecas, desde la comunidad de Bretaña en el corazón de Loreto en la selva amazónica hasta la comunidad de Kantati Ururi en Puno, cerca de la frontera con Bolivia a más de 4.000 metros de altura. También hemos realizado implementaciones cerca de la costa en la zona agrícola de Laredo en La Libertad, así como en asentamientos humanos en Pamplona Alta, en el centro de la capital de Lima”, cuenta Rifai Burneo.

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