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¿Por qué estar empleado y tener ingresos laborales no es lo mismo?

Para la economista Janina León, el crecimiento de la actividad económica en Perú es necesario, pero es urgente que tenga una orientación a generar empleo asalariado.

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Empleo en el Perú.
Foto: Andina.

Bajo una percepción simple de los mercados de trabajo, pensamos en trabajadores que son contratados a cambio de un salario, y que esta contratación la hacen empresas cuyos dueños realizan diversas actividades económicas rentables. Aquellos trabajadores que no están dispuestos a aceptar el salario del mercado prefieren mantenerse desempleados y buscan otra oportunidad que valore más su costo de oportunidad.

En el Perú, claro que hay un importante sector de empresas –digamos modernas, o como se les denomina también, formales– que contrata trabajadores a quienes registra siguiendo el marco legal establecido, y a quienes remunera y brinda los diversos beneficios laborales legalmente establecidos. Estos son los empleados asalariados, usualmente denominados empleados formales. A nivel nacional, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la tasa del empleo formal pasó del 16,2% en 2008 a 23,4% en 2019. Es decir, bajas tasas y lenta expansión del empleo formal.

Sin embargo, desde hace mucho, hemos notado que el panorama anterior no es la situación predominante en los mercados de trabajo en América Latina. No lo es en Perú. Múltiples condicionantes nos distancian de la situación antes descrita: gran parte de los trabajadores está ocupada, pero no necesariamente es asalariada.

Situación local

En el país, existen muchos trabajadores autoempleados, trabajadores familiares no remunerados, asalariados no registrados legalmente por las empresas, muchas de ellas no registradas legalmente (e incluso de algunas legalmente establecidas).

Los ingresos percibidos por estos trabajadores no corresponden bien con los salarios que obtienen los trabajadores, sea por su diferente (más bajo) monto o porque no incluyen los beneficios laborales legales. Estos trabajadores constituyen lo que muchos llaman el empleo informal, y perciben diversos tipos y niveles de ingresos laborales, sean o no salarios. A nivel nacional, la tasa de empleo informal pasó de 79,2% (2008) a 72,7% (2019). Es decir, altas tasas de informalidad y lenta reducción a lo largo de los años recientes.

Los trabajadores desempleados, de otro lado, son minoritarios. El desempleo abierto, que teóricamente deberían estar asociados al ciclo económico, ha cambiado poco en el caso peruano. Al menos hasta 2019, aun en épocas de mayor expansión o recesión, el desempleo se ha movido a bajas tasas: 5% en 2008 y 4% en 2019, según datos oficiales. Es decir, en el Perú el problema del empleo no es el desempleo (abierto).

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¿Cómo explicar el dinamismo de los mercados de trabajo en el Perú, siendo el país tan heterogéneo en términos regionales, provinciales? ¿Cuánto de las diferencias vienen por el lado de los trabajadores y sus bajos niveles de productividad? ¿Cuánto de estas diferencias vienen por el lado de las empresas y sus diferenciados requerimientos técnicos o disposición para contratar mano de obra? ¿En qué medida explican esta situación los elementos institucionales, incluidos el marco legal respecto de la contratación de mano de obra, el proceso para la creación y legalización de empresas y las tasas tributarias?

La alta desigualdad regional puede validar uno u otro argumento. No obstante, se requiere de un análisis más micro para entender estas diferencias y adecuar las políticas públicas a fin de generar más y mejores empleos de manera continua y sostenida. Es importante entender, además, que los trabajadores se incorporan a los diversos mercados de trabajo, según el potencial y las posibilidades que estos últimos ofrecen.

Luego de varios años de crecimiento económico, los trabajadores se han insertado bajo diferentes condiciones de empleo e ingresos laborales. Siete de cada diez hombres y mujeres se han ido incorporando a los denominados empleos informales. De seguro que las características individuales (y de capital humano) y familiares de los trabajadores han influido en las condiciones específicas de inserción laboral.

Pero la generación de los puestos de trabajo también está determinada por la demanda laboral desde las empresas. Más allá de los costos laborales, la demanda laboral de las empresas está determinada principalmente por el nivel de actividad y el dinamismo de estas. El crecimiento de la actividad económica es necesario, pero es urgente que este crecimiento tenga una orientación más intensiva en la generación de empleo, principalmente de empleo asalariado. 

Dos elementos recientes complican aún más la evolución de los mercados de trabajo en Perú en los dos años recientes. Por un lado, la inmigración de extranjeros. De otro lado –como en el mundo entero– la pandemia de la COVID-19. Al parecer, la masiva inmigración de mano de obra extrajera se ha insertado principalmente en el empleo informal. De otro lado, la pandemia redujo inicialmente el número de trabajadores, y aunque hoy estos han vuelto, es claro que el empleo informal se ha expandido, incorporando a los que perdieron sus empleos formales y a los migrantes extranjeros.

Hoy son evidentes las bajas posibilidades de conseguir un empleo asalariado. Y abrir múltiples negocios personales que no garantizan viabilidad, es una solución poco sostenible en una economía que aún está en proceso de reactivarse. Se requieren políticas públicas más amplias, que vinculen mejor empleo y actividad económica y abran posibilidades para todos los trabajadores del Perú.

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Sobre la autora:

Janina León Castillo es jefa del Departamento Académico de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.

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