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Regulación de las apps de delivery: flexibilidad versus precariedad laboral

Para el investigador Mario Pasco, la discusión en el Congreso debe permitir que todos los grupos de interés involucrados en el delivery se beneficien de manera equitativa de este intercambio de servicios.

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Foto: Andina.

Por Mario Pasco

La Comisión de Trabajo del Congreso retomó la discusión sobre los beneficios laborales para los trabajadores de reparto (delivery), mensajería y movilidad vinculados a aplicaciones digitales. Una iniciativa similar ya había obtenido un dictamen favorable en la legislatura anterior y estaba listo para ser tratado en el pleno. Estas propuestas ponen sobre la mesa el debate entre las ventajas económicas y los riesgos laborales que conllevan la utilización de las plataformas digitales.

Durante la década pasada, las economías colaborativas experimentaron un crecimiento explosivo a nivel global. Este modelo facilita el intercambio de bienes y servicios a través de aplicaciones informáticas, maximizando el uso de bienes subutilizados y reduciendo los costos de transacción. En el servicio de delivery a través de apps, las plataformas digitales funcionan como el punto de encuentro automatizado donde se satisfacen las necesidades de los compradores, se facilitan las ventas de las empresas y se crean oportunidades de trabajo independiente para los repartidores.

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Según un estudio del Instituto Peruano de Economía (IPE), en abril de este año, 58.000 repartidores prestaron 8,2 millones de servicios, conectando a más de 4.000 empresas con 866.000 clientes. Durante la pandemia, aunque en las plataformas de movilidad se contrajo la demanda, las de delivery casi duplicaron sus operaciones. De acuerdo con el estudio del IPE, estos repartidores valoran la forma de trabajo autónomo, acceden a un ingreso promedio superior al de sus pares y, en general, están satisfechos con las plataformas.

Esta mirada optimista soslaya una realidad más sombría. Informes de un grupo ad hoc del Ministerio de Trabajo y del Observatorio de Plataformas-Perú evidencian que los repartidores cumplen jornadas de 13 horas diarias y asumen el costo de los implementos, el internet y el transporte necesarios para el servicio. Además, tienen una cobertura de salud limitada y enfrentan penalidades por no aceptar pedidos.

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El proyecto legislativo que examina la comisión busca resolver estos problemas reconociendo como trabajadores a quienes presten estos servicios durante al menos 4 horas diarias o 20 semanales, con jornadas que no excedan las 8 horas (el tiempo extra y nocturno tiene compensación adicional). Asimismo, los empleadores deben transparentar las remuneraciones, financiar seguros contra accidentes que cubran el íntegro del desplazamiento, entregar materiales de protección sanitaria, establecer sistemas de quejas y denuncias, y respetar la libertad de asociación de los trabajadores.

Casos internacionales

Las características del proyecto peruano concuerdan con desarrollos normativos recientes en otras partes del mundo. En España, un real decreto ley ha establecido la presunción de laboralidad para estos trabajadores, considerando las relaciones de subordinación y dependencia involucradas. En Nueva York, un paquete de normas ha posibilitado que los repartidores tengan un salario mínimo, puedan elegir ciertos parámetros en sus rutas sin represalias, reciban información clara sobre sus propinas, no sean obligados a comprar los recipientes isotérmicos y cuenten con servicios higiénicos.

Aunque los gremios empresariales a menudo han mostrado su rechazo a estas iniciativas, se aprecian voces de cambio. En un extenso artículo, el CEO de Uber ha planteado fondos de prestación que puedan ser usados de forma flexible por los trabajadores según sus necesidades. Por su parte, representantes de Just Eat Tekeaway en España y de Grubhub en Nueva York han manifestado su respaldo a la nueva regulación pues garantiza derechos básicos a sus trabajadores.

Si bien el proyecto que debate el Congreso peruano va en la línea correcta, subsisten varias interrogantes que requieren un debate más amplio. ¿Qué ocurre con los trabajadores con jornadas de menor extensión? ¿Cómo viabilizar seguros de salud con costos razonables para las empresas? ¿De qué manera se puede garantizar la efectividad de los mecanismos de regulación interna en estas organizaciones? ¿Qué alternativas existen respecto de otros beneficios laborales como la compensación por tiempo de servicio, las licencias y las vacaciones?

Se trata de buscar soluciones que permitan que todos los grupos de interés involucrados se beneficien de forma equitativa en estos intercambios. Esa es la lógica de los enfoques de valor compartido y capitalismo consciente que adquieren cada vez mayor resonancia en el mundo empresarial.

Sobre el autor:

Mario Pasco Dalla Porta es profesor de Ética para la Gestión de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente, conduce investigaciones sobre prácticas éticas y formas contemporáneas de explotación laboral en las empresas en el Perú.

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