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Regreso a la oficina: lo bueno, lo malo y lo trascendental

El profesor de yoga, Niko Kisic, explica cómo el home office ha hecho que las personas valoren más su salud mental y física, fortalezcan su comunicación, se preocupen más por su propósito y prioricen las relaciones que las ayuden a crecer.

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Foto: Pexels.

“Nunca cierres un libro sin haber aprendido algo de él”. Hace años leí esta frase y aún la recuerdo frente a distintas situaciones de mi vida. La pandemia es una de ellas. 

En ese sentido, muchos peruanos que están por regresar al trabajo presencial —o ya lo hicieron — deberían tomar en cuenta las lecciones que nos ha dejado hasta ahora el trabajo desde casa o home office, modelo que ganó protagonismo con la crisis sanitaria. Aquí explico las que, a mi parecer, son las más importantes:

1. La buena salud física y mental son fundamentales

Durante las primeras dos semanas de la pandemia, miles de personas empezaron algún tipo de entrenamiento físico en casa. De hecho, un grupo importante pasó de entrenar de forma presencial a hacerlo, por primera vez, de manera virtual. Así, las personas tuvieron clases online de yoga y rutinas virtuales de entrenamiento funcional, spinning y trotadora. Incluso, algunas practicaron running dentro de sus viviendas. 

Si en ese periodo no tuviste ningún tipo de entrenamiento en casa, probablemente tu cuerpo te lo hizo saber de diversas maneras: aumento de tu peso o dolor en tu espalda, cuello, cabeza u otra parte de tu cuerpo. 

Entendimos la ley de la naturaleza que dice “si no lo usas, lo pierdes”, lo que nos llevó a ver lo importante que es cuidar nuestro cuerpo y también nuestra mente. 

El mindset es crucial. Es decir, si no sabemos guiar lo que sucede en nuestra mente, no sabremos guiar nuestra forma de actuar. Para cuidar nuestra salud mental nos acercamos a distintas disciplinas y actividades como yoga, meditación, journaling (escribir un diario), sesiones con un coach o psicólogo, entre otras. Estos son hábitos que no deberíamos perder de vista. 

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En este aspecto también se aplica el “si no lo usas, lo pierdes”, ya que, si no practicamos la capacidad de estar en calma, de reconocer nuestras emociones, y de trabajar en cómo reaccionamos, cada vez estaremos más vulnerables ante el estrés y sus síntomas.

2. La importancia de la comunicación 

Nunca tuvimos el trabajo y nuestra vida personal tan cerca como en esta época. Esto nos llevó a fortalecer nuestra comunicación con todos los individuos con los que interactuamos: parejas, amigos, hijos, vecinos e, incluso, nuestras mascotas. La única manera de tener control sobre una situación es comunicándote. 

Tener responsabilidad sobre distintos aspectos de nuestra vida no solamente es posible, sino que es muy importante. Esto se logra mediante una comunicación asertiva.

3. Cuando determinas tu ‘por qué’ puedes manejar mucho mejor el estrés

Trabajar durante horas en un proyecto puede ser un gran reto. Si le sumas miles de pensamientos de miedo por la incertidumbre, te sentirás agobiado. 

El miedo que muchos sentíamos sucedía por pensar en nuestra salud, la de nuestros amigos y familiares y por el riesgo de quedar desempleado durante un momento de incertidumbre. 

Pero viéndole la cara positiva al asunto, un estado de emergencia te hace sacar tu máxima autodeterminación. En este caso, muchos descubrieron por qué hacen lo que hacen y pudieron transformar el estrés en motivación, el problema en un reto y salir adelante mucho más fuertes que antes. 

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Cuando tienes claro tu por qué, pensar en el impacto positivo que estás creando en tus clientes, colaboradores o en tu industria, te inspira a seguir adelante y a enfrentar las barreras que aparecen en la vida. Ya no eres una tuerca más en una gran máquina de producir dinero, sino que eres un agente de cambio que hace del mundo un lugar mejor a través de los productos o servicios que ofreces.

4. Tus relaciones definen tu felicidad

En esta etapa se hizo evidente la importancia de tener relaciones humanas de calidad. Nos dimos cuenta de que una relación no es solamente tener amigos en redes sociales, sino tener amigos a quienes puedes llamar a contarles un problema, una reflexión o, simplemente, cómo estuvo tu día. 

Esto implica también escuchar a nuestros amigos. Un amigo es una persona que siempre ve tu buena intención, incluso cuando tienes malos resultados. Es aquel que te recuerda lo bueno que eres, a pesar de que hiciste algo que no estuvo bien. Tu amigo puede ser alguien cercano como uno de tus padres, hijos, hermanos, pareja, o alguien totalmente ajeno a tu familia. Cultivar relaciones humanas sanas es un indicador de buena salud mental y es una habilidad que debemos desarrollar.

La pandemia ha sido una invitación a encontrarnos con nosotros mismos y revisar qué nos motiva a hacer lo que hacemos día a día. Para varias personas, esto sucedió después de muchas horas de agotamiento por estrés. Para otros, en cambio, sucedió con la muerte de una familiar o un amigo. Sea cual sea la situación, es vital hacerse una pregunta para afrontarla: ¿Voy a ser causa o efecto de lo que pasó?

Sobre el autor:

Niko Kisic es profesor de yoga, meditación y coach espiritual. Vive en Bali y, junto a su esposa, dirige la empresa The Yoga Journey.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.

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