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Los cinco errores garrafales que debe evitar un director externo

Falta de imparcialidad y quebrar la confidencialidad son algunos de ellos, explica el abogado Mauricio Olaya.

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Los cinco errores garrafales que debe evitar un director externo
Foto: Pexels

No cabe duda de que los directores externos tienen un rol clave en la profesionalización y la incorporación de variables ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés) en las empresas familiares. Estos aportes, de hecho, están presentes también en empresas altamente corporativizadas.

En los dos tipos de organización, los directores externos son creadores de valor. Evidentemente, estos ejecutivos deben ser profesionales que tengan capacidades y habilidades para poder lograrlo.

Asimismo, a lo largo de los años, ha habido un avance notable en la propia profesionalización de los directores externos. Esto a través de su participación en escuelas de formación, cursos especializados y una mayor preocupación de estos ejecutivos por el rol que deben cumplir.

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Sin embargo, existen algunos errores que todo director externo, sin importar su nivel de profesionalización o el tipo de empresa que integre, debe evitar. A continuación, describimos cinco de ellos.

  • Quebrar la confidencialidad. Una de las principales preocupaciones que existen al momento de designar a un director externo es el acceso casi irrestricto que este tendrá de los aspectos principales y estratégicos de la empresa. En consecuencia, la organización y sus accionistas esperan un máximo nivel de reserva por parte del director externo y, sin duda, una de las faltas más graves que podrían ser cometidas por este es ventilar dicha información con terceros, no solo durante la época en que haya sido miembro del directorio, sino incluso con posterioridad a ello.
  • Falta de imparcialidad. Un director, incluso si es accionista, debe actuar de manera independiente a sus propios intereses. En el caso de un director externo, este deber se amplifica aún más y resulta esencial. La pérdida de esa independencia por cualquier razón (por ejemplo, priorizar el interés de quien lo designó frente al interés social) no solo representa una falta de profesionalismo y entendimiento de la posición, sino una violación frontal de los deberes del cargo de director.
  • Conflicto de interés. La existencia de un conflicto de interés debe ser revelada desde el preciso momento en que uno recibe la propuesta para integrarse a la posición de director externo. Incluso, ante un escenario de duda, es mejor revelar la situación (el posible conflicto) antes que llegar a conclusiones internas. Esto no solo puede ocurrir en caso el director ocupe posiciones similares en empresas competidoras, sino también cuando tienen intereses asociados a alguno de los accionistas.
  • Valores incoherentes. Quien participa como director externo en una empresa debe ser lo suficientemente honesto consigo mismo y reconocer si comulga o no con los valores esenciales de la empresa de la que forma parte. Tener unos valores como director y otros en su vida privada es más que solo un error. Puede poner en riesgo la reputación de la empresa. Aspectos como la honestidad, el respeto por la diversidad, entre otros, no pueden “desdoblarse” bajo ningún escenario.
  • Falta de transparencia ante los grupos de interés. El director externo necesita reconocer la importancia que tienen los grupos de interés para la empresa. Este ejecutivo debe ser transparente con esos grupos y estar dispuesto a preservar sus intereses.

Sobre el autor

Mauricio Olaya es socio principal y director del área de Derecho Corporativo y M&A del Estudio Muñiz.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.

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