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La estanflación: la pesadilla económica de Latinoamérica

Los datos que vemos de inflación, sumado a unas previsiones bastante pesimistas en materia de crecimiento, alertan de la posibilidad de que la estanflación acabe materializándose en la economía latinoamericana.

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Foto: Pexels

La estanflación es, como su propio nombre indica, aquella situación en la que una economía, de manera simultánea, presenta estancamiento económico, es decir, la economía no crece, en tanto en cuanto los precios siguen creciendo, o lo que es lo mismo, se produce inflación. Puede que desconozcamos el concepto y ello nos lleve a no prestarle mucha importancia, pero hemos de señalar que, para los economistas, hablar de estanflación es de hablar de uno de los peores fenómenos económicos al que, en estos momentos, podríamos enfrentarnos.

Para que nos hagamos una idea, hablamos de una situación que ni el mismísimo John Maynard Keynes, siendo este el economista más influyente del siglo XX, fue capaz de prever.

En un escenario de estanflación, la economía no crece, es decir, se encuentra estancada, mientras que los precios, por diversos factores, siguen creciendo y de forma sostenida, por lo que existe inflación. En una situación como esta, el estancamiento económico produce malestar, por las propias consecuencias que tiene dicho fenómeno para la economía, al que se suma el causado por la inflación, que ataca directamente al poder adquisitivo de los agentes económicos. En otras palabras, es un fenómeno en el que las consecuencias son dobles ­–estancamiento e inflación–, a la vez que se acentúan.

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En este escenario que vivimos, el shock de oferta al que nos enfrentábamos, sumado a unos paquetes de estímulos que han reactivado fuertemente la demanda a nivel mundial, han provocado una situación en la que el nivel de demanda ha superado a la oferta disponible, dejando una situación de escasez en la economía que, posteriormente, derivó en un incremento de los precios. Como dijo Olivier Blanchard, importante macroeconomista, nadie pensó en la oferta mientras estimulábamos la demanda, y ello nos llevó a una reactivación para la que no estábamos preparados, la cual nos ha dejado presiones inflacionarias bastante persistentes.

Para combatir esta situación, los bancos centrales tratan de relajar la demanda, subiendo los tipos de interés y relajando el crédito disponible. De esta manera, al reducir los estímulos se reduce la demanda, reduciendo con ello esas tensiones en los precios que han acabado derivando en una situación de inflación. Sin embargo, como su propio nombre indica, una relajación de la demanda, de la misma manera, supone una relajación de la actividad económica y, por ende, del crecimiento económico. Al forzar una reducción de la demanda, se reduce la inflación, pero también el crecimiento económico.

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En otras palabras, los bancos centrales cuentan con herramientas para combatir la inflación que, al utilizarlas, actúan como un arma de doble filo. En este sentido, las mismas herramientas que utilizamos para combatir la inflación, en el sentido opuesto, se utilizan para combatir el escaso crecimiento económico. Cuando se entendía que la inflación y el estancamiento no podían coexistir, se reducían los tipos y se aplicaban estímulos cuando había estancamiento y deflación, de la misma manera que se subían y se retiraban los estímulos cuando la economía se recalentaba y se daba un escenario de inflación.

Sin embargo, en un escenario como el actual, en el que conviven inflación con estancamiento económico, aplicar los mecanismos convencionales es muy complejo. Al subir los tipos de interés y reducir los estímulos combatimos la inflación, pero matamos el crecimiento económico en tanto en cuanto hablamos de una política que tiene como fin frenar el consumo, es decir, frenar el crecimiento para frenar la inflación. Y en este escenario, es decir, en un escenario de recuperación y en el que se precisa crecimiento para ello, frenar el consumo es una estrategia que podría no sentar bien a la economía; pues, dicho sea de paso, podría postergar esa recuperación pendiente.

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Es por esta razón por la que debe preocuparnos tanto la estanflación.

La estanflación es un fenómeno que, como vemos, es difícilmente complejo a la hora de combatirlo desde la política monetaria convencional, es decir, desde las herramientas con las que cuentan los bancos centrales para combatir esta situación. Para combatirlo, precisamos aplicar políticas que, como vemos, inciden de forma directa en nuestra economía, haciéndonos daño por otro frente. Y ello, en un momento como el actual, en el que salimos muy dañados por el COVID, pone los pelos de punta a unos banqueros centrales que, de equivocarse, podrían condenar a muchas economías.

Hoy, la situación que vivimos es muy similar a la que aquí hemos relatado. Numerosas economías, de hecho, ya prevén un escenario de inflación, mientras otras, como México, ya lo han sufrido y prevén sufrir otro muy pronto. Además, las previsiones que tenemos para los próximos meses, las cuales ofrece el Banco Mundial, muestran una intensa desaceleración de las economías a nivel mundial. La región que crecía a un ritmo del 8% en 2021, pasará a crecer a un ritmo del 2,4 % en el presente año, y la tendencia muestra que esta cifra podría ir a menos en los siguientes.

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En conclusión, la estanflación, ese fenómeno al que debemos temer, es un escenario cada día más posible en las economías de América Latina. Las previsiones nos dicen que la economía pretende comenzar a moderarse, relajando las cifras de crecimiento que, por sí mismas, ya se encuentran debilitadas. Además, las previsiones relativas al escenario de inflación nos dicen que esta estará presente a lo largo del presente año, pudiendo persistir por los efectos derivados del shock de oferta. Aspectos que, tenidos en cuenta, señalan la posibilidad de que un escenario de estanflación interrumpa una recuperación que no deja de toparse con escollos.

Sobre el autor:

Francisco Coll Morales es economista, responsable de educación económica y financiera en Rankia. Además, se ha desempeñado como analista en organismos como el Foro Económico Mundial, el Foro de Turismo Mundial o el Secretariado de Transparencia Internacional.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.

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