Rosa María Fuchs, Jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico, explica cómo ser resiliente puede ayudar a subsistir o destacar a una empresa en el mercado.
Algunos académicos critican el concepto de resiliencia organizacional por confuso y reclaman una definición más consistente. Discuten, por ejemplo, si es un proceso o una habilidad o si es una capacidad o un resultado. Los ajustes conceptuales, las escaramuzas intelectuales y los forcejeos teóricos continuarán como sucede con la mayoría de los constructos de las ciencias sociales.
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Encapsulando momentáneamente ese universo de apasionante discusión y amparándonos en lo elemental, arriesguemos una definición: la resiliencia organizacional es algo positivo que permite a las organizaciones avanzar y tiene que ver con adaptarse a cambios violentos y emerger airosamente ante la adversidad con una naturaleza más vigorosa. Es como una hipertrofia muscular en la que las fibras aumentan y se alcanza un mayor nivel de fuerza como consecuencia del daño muscular que genera ejercitarse.
Ser resiliente implica ser resistente, pero la idea es mucho más potente. A la agilidad y creatividad indispensables para encaminarse hacia la resiliencia organizacional, debemos añadir una generosa cuota de responsabilidad social. Esto requiere la genuina disposición de los miembros de la organización para avanzar hacia las mismas coordenadas, a velocidades cambiantes. La resiliencia organizacional es un fenómeno sostenido por capacidades individuales en un contexto de nuevas dinámicas organizacionales.
Según un artículo de Harvard Business Review, las personas resilientes se caracterizan por aceptar con frialdad las duras realidades que enfrentan, encuentran significado en tiempos difíciles y tienen una extraña habilidad para improvisar, arreglándoselas con lo que tengan a mano. La prometedora noticia es que personas y organizaciones pueden aprender a ser resilientes.
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Si usted es un tomador de decisiones que avanza eligiendo senderos riesgosos, piense en lo siguiente: ¿Está mi organización preparada para recuperarse de un accidente en la Cordillera de los Andes a 3.570 m. s. n. m.? A medio siglo del mundialmente conocido accidente del equipo uruguayo de rugby, los relatos de Roberto Canessa, uno de 16 sobrevivientes, son para mí las analogías más crudas de lo que el espíritu humano es capaz de lograr bajo presión. Cito una frase que me paraliza: “Hasta ese momento, mis amigos y yo habíamos estado viviendo en un universo predecible y privilegiado […]. Éramos jóvenes, sanos y felices. Pero en una fracción de segundo todas nuestras expectativas se habían desmoronado. Nos habían arrojado a un limbo espantoso”. Es un escenario similar el que enfrentan las organizaciones actualmente, por lo que ser resiliente ayudará a subsistir y destacar en el mercado. Es esta capacidad de adaptación frente a una situación adversa lo que marcará la diferencia.
SOBRE LA AUTORA
Rosa María Fuchs es Jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
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