Necesitamos reactivar de manera efectiva la inversión y la economía lo antes posible, destaca Oswaldo Molina, director ejecutivo de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).

Las recientes actualizaciones de las proyecciones económicas de este año para el país no son lamentablemente alentadoras. Después de dos primeros trimestres con resultados negativos (-0,4% y -0,5%, respectivamente) y de un débil tercer trimestre, parece difícil enmendar suficiente el rumbo como para cerrar el año con una buena tasa de crecimiento. De hecho, las proyecciones ya toman en cuenta esto y han tendido a ser más pesimistas: mientras el Banco Central proyecta un crecimiento anual de solo 0,9% (su anterior proyección para el año era de 2,2%), ya existen instituciones que esperan un crecimiento negativo para el 2023 (-0,2% de Macroconsult, que antes proyectaba 0,6% y -0,3% del IPE, que antes esperaba 0,8%). Y es que, como bien señalan los analistas, dadas las cifras que se tienen hasta la fecha, se requeriría de tasas de crecimiento altas para lo que resta del año para darle la vuelta a este 2023. Según Phase Consultores, por ejemplo, se necesitaría un crecimiento mensual promedio de 1% entre agosto y diciembre, para que el crecimiento anual llegue a ser positivo (0.1%). Detrás de estas menores expectativas de los analistas, se encuentra el temor de los estragos que pueda generar el Fenómeno del Niño en los siguientes meses y también el mal desempeño que vienen teniendo ciertos indicadores económicos que suelen darnos indicios sobre cómo se comportará la economía en el futuro cercano. Así, el consumo interno de cemento y las importaciones de bienes de capital han mostrado una caída en lo que va del año, mientras la demanda de electricidad no minera se ha desacelerado. De acuerdo con las últimas proyecciones del Banco Central, además, sectores como la agricultura, la pesca, la manufactura y la construcción, que ocupan a cerca del 40% de la fuerza laboral del país, no tendrán un buen año. 

Lee también: Spotify quiere apalancarse de la generación Z para impulsar su negocio de podcast

A la par de este mal comportamiento de la economía en general, se tiene cifras preocupantes en algunas regiones del país. Según el INEI, más de la mitad de las regiones del país (13) sufrieron caídas en su actividad económica durante el segundo trimestre del 2023. Y aunque esto pueda parecer increíble, estos resultados representan un avance, pues en el primer trimestre del año eran diecisiete las regiones con tasas de crecimiento negativas. Pero ¿cuán intensa ha sido esta desaceleración en las regiones? Para darnos una idea, debemos anotar que, de las trece regiones con tasas de crecimiento negativas, doce registraron una contracción mayor que el promedio nacional (-0,5%), ocho regiones tuvieron una caída mayor a 2%, y cuatro regiones presentaron una disminución de su actividad económica mayor a 4%. Lo que es peor, en muchos casos esta desaceleración se viene prolongando en el tiempo: once regiones sufren de tasas de crecimiento negativas en al menos los dos últimos trimestres; y en tres de estas regiones, esta situación no ha cambiado desde hace cuatro trimestres.

Ahora bien, cuando uno revisa las cifras y las proyecciones económicas, lo que más llama la atención de manera preocupante es la fuerte caída de la inversión privada y el desplome de las expectativas empresariales. Al respecto, las expectativas empresariales de la economía a tres meses, medidas por el Banco Central, se encuentran en tramo pesimista (es decir, menor a 50 puntos) desde abril del 2021. A pesar de que las expectativas son todavía optimistas con respecto al 2024 (en estos momentos, por ejemplo, las expectativas a 12 meses son optimistas o ligeramente superiores a 50 puntos) y que el Ministerio de Economía espera que las expectativas a 3 meses regresen a tramo optimista a finales del año, el comportamiento negativo de este indicador solo puede reflejar el enorme daño que se le hizo a la confianza empresarial y lo lenta que viene siendo su recuperación. No es pues casualidad que el Banco Central se vea obligado a reducir su proyección de la inversión privada para el 2023 a -5,3% (la proyección anterior era de -2,5%). Si no logramos revertir las expectativas empresariales y atraemos inversión privada, será difícil mover la rueda de la economía. 

Esto busca ser una llamada de alerta. Se requiere de un fuerte liderazgo y de medidas concretas para poder salir de este estancamiento. De lo contrario, el próximo año también podría verse complicado con un menor crecimiento, a pesar de que se espera que se tenga un rebote. Y es que, en estas últimas proyecciones, diversos analistas han revisado a la baja sus expectativas para el 2024: Macroconsult pasó de 2,7% a 2% y el IPE de 2,3% a 2,1%, por ejemplo. Un 2024 débil puede ser particularmente duro, porque luego nos enfrentaremos al inicio de un nuevo ciclo político y la mayor inestabilidad propia de los periodos electorales. Necesitamos reactivar de manera efectiva la inversión y la economía lo antes posible. Después de tantos golpes, el Perú ya no puede esperar más. 

Sobre el autor:

Oswaldo Molina es director ejecutivo de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.

Para más noticias de negocios siga a Forbes Perú desde Google News