Un cambio real parte del esfuerzo que se realice desde los hogares para lograr que hombres y mujeres crezcan pensando en igualdad, señala Rosa María Fuchs.
La diversidad de género es un tema de creciente interés tanto en la academia como en organismos internacionales importantes. En la 78ª Asamblea General de la ONU se formalizó el compromiso de reducir la brecha salarial de género, con medidas que van desde el financiamiento de programas de aprendizaje hasta el aumento de la transparencia salarial. Por su parte, la OIT subraya la necesidad de acabar con la desigualdad, señalando que las mujeres ganan un 20 % menos que los hombres por el mismo trabajo.
Desde 2006, el Foro Económico Mundial ha estado monitoreando la brecha de género mediante indicadores globales y específicos. En su Informe Global sobre la Brecha de Género de junio de 2023, advirtió que los progresos anteriores se vieron afectados por la pandemia de COVID-19, enfatizando la necesidad de acelerar hacia la paridad de género para el beneficio económico y social. Además, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) informó en febrero de este año que las mujeres están subrepresentadas en la investigación y desarrollo experimental en Iberoamérica, siendo solo el 44 % de los investigadores totales.
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Claudia Goldin, flamante ganadora del Nobel de Economía, recuerda que cuando se alude a la «brecha de género», se hace para resaltar las diferencias sistemáticas en los resultados laborales entre hombres y mujeres, que incluyen la participación en la fuerza laboral, elección de ocupaciones y disparidad salarial
Los obstáculos que enfrentan las mujeres en el ámbito laboral incluyen estereotipos de género, rasgos de personalidad asociados con lo femenino, estilos de liderazgo y la difícil conciliación entre trabajo y familia. El término «techo de cristal» se utiliza para describir estas y otras barreras que actúan como mecanismos discriminatorios y causantes de este desbalance.
Estas barreras se pueden clasificar en individuales, culturales. En un contexto con mujeres educadas y calificadas en la fuerza laboral, no deja de extrañar su subrepresentación en las cimas de las jerarquías de liderazgo y la existencia de un sexismo oculto en el liderazgo organizacional.
Es por eso que las contrataciones y ascensos deben ser lo más objetivos posible, asegurando que la persona idónea para el cargo cumpla con el perfil requerido. Sin embargo, en la búsqueda de igualdad de oportunidades, las mujeres enfrentan desventajas debido a la carga de tareas domésticas, menor tiempo para estudios superiores, vulnerabilidad en empleos informales, falta de educación en tecnología y brecha en el desarrollo de habilidades clave para el entorno laboral actual.
Según el Foro Económico Mundial, en su informe de 2023, a la región de Latinoamérica y el Caribe le tomaría 53 años lograr la paridad de género. Esperemos que ese tiempo pueda ser menor y que no tengamos que esperar hasta el año 2076. Un cambio real parte del esfuerzo que se realice como sociedad, desde los hogares, para lograr que hombres y mujeres crezcan pensando en igualdad y evidenciándolo en la práctica que ambos pueden realizar las mismas funciones en casa y en el trabajo.
SOBRE LA AUTORA
Rosa María Fuchs es jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
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