La Amazonía, el pulmón del mundo, está en la agenda de prioridades de muchos países desarrollados, pero en Perú está abandonada, señala la gerenta general de Perú Sostenible, Micaela Rizo Patrón. Este urgente llamado a la acción, opina, corresponde tanto al Gobierno, como a las empresas y la sociedad.
Perú es un país privilegiado por su diversidad cultural y sobre todo, natural, con una biodiversidad de récords mundiales. A nivel de geografía, el 60% del territorio peruano es amazónico: somos la segunda nación con mayor extensión de bosques amazónicos luego de Brasil y somos uno de los 17 países megadiversos del mundo (Minem, 2015).
Nos enorgullece ser el origen del río Amazonas, pero, como peruanos, ¿por qué estamos tan desconectados de la Amazonía? Casi 4 millones de peruanos, 13,4% de la población nacional, vive en este territorio (Benavides, 2007). La Amazonía, el pulmón del mundo, está en la agenda de prioridades de muchos países desarrollados; sin embargo, en Perú está abandonada. Sus desafíos se perciben ajenos, lejanos y muchas veces intangibles.
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Por un lado, informes como el de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial vienen evidenciando que los principales riesgos para la humanidad en los siguientes 10 años giran alrededor de eventos climáticos extremos, pérdida de la biodiversidad y colapso de ecosistemas naturales, y escasez de recursos naturales. Lamentablemente, el mismo reporte también muestra que entre los cinco principales riesgos percibidos por los peruanos, no se prioriza ninguno de carácter ambiental, a pesar de que por nuestra geografía, somos un país particularmente vulnerable a eventos naturales extremos.
Si bien el desarrollo local es prioridad sobre la agenda internacional, es importante ser conscientes y reflexionar sobre la atención que estos riesgos generan a nivel global, principalmente en Europa, en donde existen importantes oportunidades de financiamiento destinados a la conservación productiva y procesos de adaptación climática.
Por otro lado, en el territorio amazónico persisten desafíos críticos de desarrollo socio-económico. Según el informe del Índice de Competitividad Regional publicado por el Instituto Peruano de Economía (INCORE 2023), la carencia de servicios básicos no solo perpetúa, sino que también agrava las desigualdades y disparidades socioeconómicas. Se ha identificado que menos del 25% de los colegios en los departamentos de Loreto, San Martín y Ucayali, cuentan con electricidad, agua y saneamiento, siendo este déficit más pronunciado en Loreto, donde solo 7 de cada 100 instituciones dispone de estos servicios básicos. A esto se suma el precario acceso a servicios de salud, con un promedio de 10 médicos por cada 10 mil habitantes, y donde resaltan los altos niveles de desnutrición crónica y anemia, afectando a 2 de cada 10 y 6 de cada 10 niños, respectivamente.
Pareciera que la Amazonía fuese territorio de nadie. Lamentablemente, este subdesarrollo coexiste, en una creciente parte del territorio, con la minería ilegal. Este problema trasciende la mera extracción no regulada de recursos. También está inherentemente ligado a una compleja red de actividades delictivas organizadas y vinculadas al tráfico de armas, personas, contrabando y narcotráfico. Además, la minería ilegal no se circunscribe a una sola industria, sino que se convierte en un problema sistémico que afecta negativamente a todas las actividades de un territorio.
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El llamado a la acción es urgente. Claramente hay acciones que le corresponden al Gobierno, sobre todo frente a la lucha contra la ilegalidad y la violación de los derechos humanos. Pero también el llamado de acción es para los peruanos, las empresas y la sociedad. La sostenibilidad, más allá del triple impacto en lo social, ambiental y económico, parte de una visión sistémica, de interconexión con el territorio donde vivimos, más allá de nuestra ciudad, es nuestro país, nuestro planeta.
Hoy existen múltiples soluciones que pueden atender las brechas de desarrollo en la Amazonía: telemedicina, internet satelital y educación virtual son algunos ejemplos donde la tecnología escalable juega un rol clave. Por otro lado también existen oportunidades de negocios que potencien las ventajas competitivas de la propia Amazonía: agrobiodiversidad, frutos y productos para alimentación, belleza y salud, artesanía y saberes ancestrales, entre otros. Aparte del ecoturismo, considerando nuestra riqueza natural y renombradas áreas naturales protegidas, las actuales tendencias de valorización del capital natural tienen mucho sentido. Lo que comenzó con REDD+ para la conservación y reforestación de bosques, ahora ha evolucionado a cadenas productivas certificadas, tecnologías nuevas como el blockchain y registros satelitales que agregan valor como “activos transables” al capital natural, en torno a la biodiversidad, agua, suelo o captura de carbono. Asimismo, existe una gran oportunidad de desarrollo con un enfoque de regeneración. En Perú tenemos más de 6 millones de hectáreas degradadas, un relevante punto de partida para aumentar la productividad y reducir la presión de una manera rentable, formal y sostenible, sobre el resto del bosque.
Veamos la oportunidad en la crisis, logremos hacer las conexiones, y activémonos ya, porque ¡la Amazonía es territorio peruano!
Sobre la autora:
Micaela Rizo Patrón es gerenta general de Perú Sostenible.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
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