La inteligencia de enjambre puede conectar a expertos ubicados en cualquier parte del mundo y, moderándolos con inteligencia artificial, lograr que realicen tareas muy complejas, dice Rosa María Fuchs, jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico.
La inteligencia artificial (IA) quizá sea el campo en el que se desarrolle más la tecnología. A inicios de junio, asistí a una conferencia en Madrid sobre IA como parte de un reencuentro de exalumnos de IE University. La profesora Conchi Díaz Cantarero empezó explicando por qué prefiere el término inteligencia aumentada frente a inteligencia artificial: en vez de pensar que las máquinas reemplazarán a los humanos, hay que aceptar que el software puede ayudar a aumentar la inteligencia. Una de las tecnologías que me sorprendió por sus aplicaciones es la llamada swarm intelligence o inteligencia de enjambre. Esta inteligencia, inspirada por la naturaleza, parte del hecho de que las especies por sí solas son incapaces de resolver tareas complejas, pero trabajando en conjunto realizan trabajos extremadamente complicados.
El ser humano es inteligente no solo por los miles de millones de neuronas con los que viene equipado, sino también por la red que forman las incontables conexiones que configuran nuestro intelecto y personalidad. La inteligencia de enjambre puede conectar a expertos ubicados en cualquier parte del mundo y, moderándolos con inteligencia artificial, lograr que realicen tareas muy complejas.
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En esencia, el sistema formula una pregunta y cada experto emite su respuesta. Ya que, cuando se plantea la misma pregunta a un conjunto de expertos, muchas veces estos no están de acuerdo en la respuesta, la clave está en que el algoritmo de inteligencia artificial analiza las respuestas, identifica puntos de fricción y formula nuevas preguntas que generan nuevas respuestas y debates hasta el punto en el que se llega a un consenso final. Es decir, el algoritmo crea un sistema de retroalimentación para llegar a una solución entre todos. En la charla se mencionaron varios ejemplos de su aplicación, como la “predicción” exitosa del resultado de una compleja apuesta en una carrera de caballos y experimentos con mejores resultados en el diagnóstico de neumonía cuando la inteligencia artificial ayudó a un grupo de radiólogos.
En todos estos casos, un enriquecedor aprendizaje es que ninguno de los expertos de manera individual hubiera llegado a ese nivel de acierto. Es la combinación del conocimiento de los expertos moderado por la inteligencia artificial lo que genera mejores resultados que los que pueden lograr los expertos trabajando de manera independiente o un algoritmo de IA trabajando también de manera independiente.
Aquellos que aún tienen una percepción algo negativa de la inteligencia artificial piensen en lo siguiente: lo más probable es que esta tecnología nos ayudará a potenciar las competencias humanas y a lograr mejores resultados prácticamente en todas las áreas de una organización, por lo que es muy recomendable empezar a pensar en qué ofrece el menú actual y qué nos presentará en el futuro. Si abundan las historias de gigantes corporativos que sufrieron las consecuencias de no escuchar las voces del consumidor, prestemos mucha atención a los susurros de la inteligencia artificial.
SOBRE LA AUTORA
Rosa María Fuchs es jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
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