Las empresas desempeñan un rol fundamental en la reducción de estas brechas. Es imprescindible promover una cultura organizacional inclusiva que garantice igualdad de oportunidades para el crecimiento profesional de las mujeres, dice Vanessa Moreno, country manager Perú y Bolivia en Schneider Electric.

A nivel global, el avance hacia la equidad de género ha sido notable, pero aún persisten brechas que limitan el desarrollo de las mujeres en el ámbito corporativo. El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es una fecha clave para reflexionar sobre los logros alcanzados en igualdad de género y los desafíos pendientes en la construcción de un entorno laboral más justo.

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), solo una de cada diez empresas en América Latina y el Caribe tiene a una mujer como gerente principal. Además, las mujeres suelen concentrarse en áreas consideradas “blandas”, mientras que su participación en sectores estratégicos y de alto impacto es menor al 35%.

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En Perú, esta realidad se replica. Un estudio de EY revela que solo el 4% de las presidencias en directorios empresariales están ocupadas por mujeres. No obstante, hay avances: la representación femenina en comités directivos ha crecido hasta un 18%, abarcando áreas clave como auditoría, riesgos y sostenibilidad. De hecho, la participación de mujeres en cargos de alta dirección ha pasado del 14% en 2015 al 20% en 2023, un progreso alentador, pero aún insuficiente.

El mercado laboral peruano también evidencia desigualdades profundas. Según BBVA Research, solo el 51% de las mujeres en edad de trabajar participa activamente en la economía y la brecha salarial de género alcanza el 25%. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), por su parte, señala que más de tres millones de mujeres peruanas no pueden acceder al empleo debido a responsabilidades domésticas, lo que evidencia la carga desproporcionada del trabajo no remunerado sobre ellas.

Ante esta realidad, las empresas desempeñan un rol fundamental en la reducción de estas brechas. Es imprescindible promover una cultura organizacional inclusiva que garantice igualdad de oportunidades para el crecimiento profesional de las mujeres. Un informe de Deloitte destaca que muchas trabajadoras evitan ascender en sus organizaciones debido a entornos laborales poco favorables. Sin embargo, en compañías con políticas de igualdad de género, el 92% de las mujeres aspira a ocupar cargos de liderazgo.

Un punto relevante y que debemos observar de cerca es las contrataciones de mujeres durante la maternidad. Un estudio The Economist muestra que la posibilidad de una mujer de ser empleada disminuye después de dar a luz a su primer hijo; y así como este, existen otros tipos de sesgos que debemos ir desterrando al momento de contratar.

Para transformar esta situación, es esencial implementar políticas de conciliación laboral, promover mentorías y liderazgo femenino, y eliminar sesgos inconscientes en los procesos de selección y promoción. Un ambiente de trabajo positivo y equitativo no solo atrae a profesionales altamente calificados, sino que también fomenta la innovación y la excelencia operativa. La inclusión fortalece la moral de los empleados, permitiendo que las organizaciones prosperen en un entorno dinámico.

En un mundo empresarial cada vez más digital y competitivo, la empatía se ha convertido en una habilidad clave para la gestión de equipos diversos. Lograr un equilibrio generacional e impulsar la colaboración entre diferentes perspectivas mejora la toma de decisiones y refuerza el compromiso organizacional. El liderazgo del futuro debe priorizar la eficiencia, pero también la inclusión y el bienestar de sus colaboradores.

Las cifras son claras: aún queda un largo camino por recorrer para alcanzar la equidad de género en el mundo empresarial. Las empresas deben asumir un compromiso real con la inclusión, no solo como un imperativo ético, sino como una estrategia de crecimiento sostenible. Romper las barreras de género no solo beneficia a las mujeres, sino que potencia la innovación, la productividad y la competitividad de toda la sociedad.

Este 8 de marzo, más que conmemorar, es momento de actuar. La transformación comienza desde adentro, y cada decisión que tomemos hoy marcará la diferencia en la construcción de un futuro más justo y equitativo para todas.

Sobre la autora:

Vanessa Moreno es country manager Perú y Bolivia en Schneider Electric.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.


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