La sostenibilidad ya no puede seguir viéndose como un adicional “agradable de tener”: debe entenderse como un enfoque estratégico de gestión integral para generar resiliencia, anticipar riesgos y fortalecer la competitividad de las empresas, dice Micaela Rizo Patrón, gerenta general de Perú Sostenible.

Vivimos en un entorno VUCA —volátil, incierto, complejo y ambiguo— y toca entenderlo no como una tendencia transitoria, sino como nuestra nueva normal. Por un lado, están las decisiones geopolíticas, los cambios regulatorios internacionales, la reconfiguración de las cadenas de valor globales y los crecientes desafíos ambientales, como el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales; por otro, existe falta de institucionalidad a nivel nacional. Todo ello está redefiniendo las reglas del juego para las empresas.

En este contexto, la sostenibilidad ya no puede seguir viéndose como un adicional “agradable de tener”: debe entenderse como un enfoque estratégico de gestión integral para generar resiliencia, anticipar riesgos y fortalecer la competitividad de las empresas. La integración de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) permite identificar oportunidades, mitigar impactos y mejorar la toma de decisiones en un entorno cada vez más desafiante. Es también una forma concreta de construir ventajas diferenciales frente a mercados e inversores cada vez más exigentes.

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En esa línea, uno de los principales retos estructurales del país es avanzar hacia un desarrollo sostenible verdaderamente descentralizado. Las brechas persistentes en infraestructura, acceso a servicios básicos, educación y oportunidades productivas fuera de Lima evidencian la urgencia de este desafío. Sin embargo, también existen señales alentadoras: Moquegua, por ejemplo, ha logrado superar a Lima en el Índice de Competitividad Regional (INCORE), demostrando que un desarrollo más equilibrado es posible cuando se articulan visión territorial, inversión y capacidades locales. El potencial productivo, la biodiversidad y el talento en las regiones requieren inversión en infraestructura, tecnología y formación. Hoy, la tendencia global hacia una transición energética sostenible —acelerada por las exigencias de los mercados y la presión regulatoria— abre una ventana de oportunidad para el Perú. La proximidad de la COP30 en Brasil y el renovado interés internacional (desde Europa hasta Asia) en proyectos sostenibles posicionan al país en un lugar clave para atraer capital con enfoque de impacto, aprovechando sus ventajas competitivas naturales.

En este contexto, la tecnología representa una aliada cada vez más poderosa para acelerar la sostenibilidad. Herramientas como la inteligencia artificial pueden facilitar procesos, medir impactos, mejorar la trazabilidad y, sobre todo, ampliar la conectividad en territorios con brechas estructurales. Aun así, la verdadera transformación solo ocurre cuando la sostenibilidad pone a las personas en el centro. Es, en última instancia, una apuesta por el talento, la inclusión, la colaboración y la capacidad de construir futuro desde el propósito.

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Invertir en las personas —en su formación, bienestar, participación y liderazgo— es la forma más poderosa de construir organizaciones resilientes. No hay transición verde sin una dimensión humana clara. Y no hay sostenibilidad sin cohesión social, equidad y visión compartida.

En tiempos VUCA, las empresas que integren la sostenibilidad en el núcleo de su estrategia de negocio estarán no solo más preparadas para adaptarse, sino también mejor posicionadas para liderar. Con enfoque sistémico, con propósito, con datos, con personas. Ese es el camino hacia un Perú más resiliente y competitivo. Y es precisamente ahí donde el sector empresarial tiene un rol irremplazable: asumir el liderazgo activo para construir, con visión y compromiso, un desarrollo sostenible que funcione para todo el país.

Sobre la autora:

Micaela Rizo Patrón es gerenta general de Perú Sostenible.

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