Las áreas de gestión de personas tienen la oportunidad única de convertirse en el puente entre la innovación tecnológica y la sostenibilidad humana: en un puente profundamente estratégico, dice Rosa María Fuchs, jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico
Vivimos una época apasionante, marcada por una transición histórica en la forma en que concebimos el trabajo y el talen- to. Lo que hasta hace poco parecía cien- cia ficción (automatización, decisiones basadas en datos, aprendizaje continuo desde cualquier lugar) hoy es parte de nuestra cotidianidad. La transformación digital dejó de ser una promesa para consolidarse como un presente que interpela y empuja a reinventarnos. En este nuevo horizonte, el área de gestión de personas ha pasado a ser protagonista estratégica del cambio, capaz de conectar tecnología, propósito e individuos con una visión transformadora. Es el momento de asumir ese liderazgo con decisión. Quienes dirigen personas deben seguir de cerca el proceso de cambio y moldearlo activamente.
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Herramientas como la inteligencia artificial, los macrodatos y los sistemas automatizados están redefiniendo la gestión humana. Más allá de optimizar ta- reas, urge liberar el potencial humano con decisiones ágiles y personalizadas. Gracias a estas tecnologías, procesos como la selección de candidatos, la detección temprana de deserción o el diseño de experiencias de aprendizaje personalizadas pueden llevarse a cabo con una eficacia y sensibilidad impensables hace solo unos años. Se estima que, durante este año, el 75% de los datos se generará fuera de los centros de datos tradicionales, mayormente desde dispositivos IoT. Esta infraestructura será clave para desplegar soluciones inteligentes a gran escala en ámbitos como el teletrabajo, la formación virtual y la gestión remota del desempeño.
Este cambio no está exento de desafíos. Uno de los más complejos es el riesgo de que la tecnología avance más rápido que las personas. La alfabetización digital está rezagada: más del 60% de los adultos no posee competencias mínimas para operar con solvencia en entornos digitales, lo que puede derivar en frustración, resistencia y exclusión. Frente a ello, se necesita que el área de gestión de personas lidere los procesos de reskilling y upskilling con un enfoque estratégico y humano. Otro reto es evitar que la automatización desdibuje la dimensión relacional del trabajo. Una transformación digital mal gestionada puede aumentar el estrés, debilitar la cohesión del equipo y deshumanizar la experiencia laboral. Por eso, la implementación tecnológica debe acompañarse de un liderazgo empático, ética en el uso de datos y espacios de escucha activa.
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La pandemia aceleró esta transformación. Hoy, las empresas que lograron integrar tecnología con bienestar y propósito son las que muestran mayor resiliencia. Los escépticos deben saber que no subirse a tiempo a esta ola implica perder competitividad, talento y reputación. No se trata de elegir entre humanos o máquinas, sino de diseñar sistemas donde la tecnología amplifique —y no sustituya— el potencial humano.
Las áreas de gestión de personas tienen la oportunidad única de convertirse en el puente entre la innovación tecnológica y la sostenibilidad humana: en un puente profundamente estratégico. El gran
reto es incorporar todas las bondades que el avance tecnológico nos permite a una gestión que no pierda el rostro humano, pues las personas siguen siendo el eje distintivo de una organización.
SOBRE LA AUTORA
Rosa María Fuchs es jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico.
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