¿Qué efectos tiene sobre nuestro razonamiento la instantaneidad inmediata que nos ofrece la IA? El profesor Otto Regalado lo explora y brinda recomendaciones para presentar las habilidades humanas.

Hace unos días, tenía que redactar un correo complicado. De esos que toman tiempo, no solo por la complejidad del tema, sino por los problemas que podría causar una mala exposición de las ideas. Pensé en los conceptos, en cómo empezar, pero en lugar de escribir directamente en la bandeja de entrada, abrí una ventana de ChatGPT. Tras construir un «prompt» detallado con todos mis requerimientos, obtuve al instante tres versiones del mensaje. Las revisé, elegí la que más se acercaba a lo que buscaba, le di mi toque personal y… ¡correo enviado!

Lo que antes me habría tomado varios minutos, lo obtuve ahora en cuestión de segundos. Sin embargo, me dejó una sensación extraña. Si bien gané en eficiencia, no pude evitar preguntarme: ¿qué efectos tendrá, a largo plazo, la instantaneidad que nos brinda las herramientas de inteligencia artificial (IA) y el impacto sobre nuestra capacidad de análisis y nuestras habilidades de redacción, entre otras competencias?

La comodidad del mínimo esfuerzo

La IA ha llegado para simplificar nuestras vidas. No existe duda. Hoy en día, tenemos la posibilidad de resumir textos, adquirir ideas, redactar discursos, solucionar ejercicios matemáticos, modificar imágenes, programar e incluso escribir poemas con solo unas indicaciones. Sin embargo, en medio de tantas maravillas también existe un riesgo silencioso, pero que a la largo puede ser muy perjudicial: comenzar a desentrenar la mente. El hecho de depender tanto de ChatGPT, Perplexity u otra IA, puede hacernos perder nuestras destrezas, desde cómo redactar correctamente, cómo argumentar o hilvanar nuestras ideas, entre otras.

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Los psicólogos y neurocientíficos alrededor del mundo, como la Dra. Mara Dierssen, presidenta del Consejo Español del Cerebro y presidenta de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia, ya están alertando que aquellos que utilizan intensivamente asistentes de IA presentan una disminución en la activación de áreas vinculadas con la concentración y el razonamiento crítico. Es lo que algunos denominan «deuda cognitiva», lo que trae como consecuencia una mayor complicación para razonar de manera autónoma.

Ahora, más allá de esta información, existe un aspecto más profundo: la posibilidad de que, sin percatarnos, nos estemos volviendo menos curiosos, menos pacientes y menos creativos. Si todo se encuentra a solo un clic o «prompt», ¿qué sitio le queda al esfuerzo mental?

¿Qué actividades estamos dejando de ejercitar?

Si bien podríamos afirmar que la IA es usada como un soporte, el inconveniente surge cuando perdemos la visión que hay labores que podemos realizar por nuestra cuenta, sin dejar de ser eficientes.
Por citar un ejemplo, la memoria es una de las funciones que estamos dejando de lado. Ya no tratamos de recordar nombres, datos, ideas. Los estamos buscando a través de ChatGPT al preguntarle todo. Y esto es particularmente grave, porque la memoria no es simplemente una base de datos, es el material base con el que pensamos, relacionamos y vinculamos ideas.

Otra actividad que estamos dejando de lado es la creatividad. Sí, la IA puede inspirarnos con ideas, pero si simplemente reproducimos lo que nos propone, ¿dónde se encuentra nuestra voz y capacidad de innovar?

La paradoja de la asistencia que nos debilita

Ante lo expuesto, no se trata de descartar la IA. Por el contrario, hay que emplearla en la medida que podamos ser eficientes, pero sin mermar nuestras habilidades. Es imprescindible tener una clara conciencia de lo que no se puede (ni se debe) realizar por nosotros. La tecnología no tiene un adversario. Lo que resulta peligroso es cuando la transformamos en una permanente prótesis mental. Una que empleamos no por su necesidad, sino porque ya no rememoramos cómo era vivir sin ella.
Nuestro cerebro también requiere formación continua para mantener su competitividad en un mundo en el que las máquinas realizan cada vez más tareas.

Para lograr una coexistencia con la IA, a continuación, les brindo algunas sugerencias para mantener el control y no dejar que nuestras habilidades de pensamiento se debiliten:

  • Retomar la escritura sin interrupciones y sin IA. Tomemos un papel y enfrentemos a la página en blanco de Word, para plasmar nuestras ideas. Escribamos un mensaje extenso que luego podamos examinar y optimizar.
  • Leer más lentamente. Sin prisas. Sin solicitar síntesis. Demos lugar a la interpretación.
  • Establecer conexiones con otras personas. Discutir e intercambiar ideas, incluso si cuestionan nuestras creencias. Nada fomenta más el razonamiento que un buen diálogo en persona.

Puede que el riesgo más grande no sea el declive cognitivo o la dependencia a la IA. El peligro más significativo es convertirnos en observadores pasivos de nuestro propio razonamiento. Si permitimos que la IA razone todo por nosotros, gradualmente dejaremos de cuestionarnos cosas, de sorprendernos y de prestar atención a los detalles. Pensar muchas veces cuesta; no obstante, vale la pena.

Sobre el autor:

Otto Regalado es profesor Principal y jefe del área académica de Marketing de ESAN Graduate School of Business.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.