En el mundo empresarial, el tribunal arbitral desempeña un papel crucial en la resolución de conflictos. La autora de este artículo define sus atributos y explica por qué es necesario.

Todos conocemos lo que es el VAR (Video Assistant Referee, en inglés), una herramienta que revolucionó el fútbol al momento de revisar jugadas polémicas y ayudar a los árbitros a tomar decisiones más justas. Si bien su uso también se presta a la polémica, su función es clara: resolver dudas en momentos clave del partido (por ejemplo, como cuando una falta, un gol o un fuera de juego genera controversia). Pero, ¿qué sucede cuando las jugadas difíciles no ocurren en las ligas deportivas, sino en el mundo de los negocios?

En el entorno empresarial, también hay situaciones complejas: conflictos entre empresas por contratos que no se cumplieron, pagos que no llegaron, servicios que no se brindaron como se esperaba. Y en ese contexto, una de las posibilidades para este ‘VAR’ que permite revisar la jugada, analizar lo sucedido y asistir en la toma de decisiones es el proceso arbitral.

Este proceso arbitral permite que las partes en conflicto acuerden someterse a la decisión de un tercero imparcial: el Tribunal Arbitral, que cumple un rol similar al del árbitro principal en el fútbol, pero con el apoyo de herramientas que le permiten entender con claridad qué ocurrió, cómo ocurrió y qué es lo justo. Una de esas herramientas clave son los informes de expertos, que pueden ser presentados por cualquiera de las partes en controversia o solicitados por el mismo Tribunal Arbitral.

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Estos informes no deciden el caso, pero sí aportan información técnica que ayuda a esclarecer el impacto económico, tecnológico o técnico de una situación. Algunos ejemplos son: determinar cuánto le debe una parte a la otra, establecer cuál fue el daño real, definir cuál es el valor razonable de un activo o una obligación, o comprobar se recibió o no una comunicación electrónica sobre el fin de un contrato. 

Pero para cumplir su rol, estos informes deben reunir cuatro características esenciales que se detallan a continuación:

  1. Independencia y objetividad: El experto no representa a ninguna de las partes ni defiende posiciones. Su rol no es emitir opiniones o juicios de valor, sino presentar la información de manera fáctica y sin sesgos.
  2. Oportunidad: Cuanto antes se involucre al experto, mejor. La información clave suele estar disponible desde el inicio del conflicto, y los informes deben generarse a tiempo para ser útiles en el proceso arbitral.
  3. Claridad: Un buen informe debe ser comprensible para todos los involucrados, incluso si no son expertos en finanzas, contabilidad o la materia tratada. La forma en que se explica es tan importante como el contenido.
  4. Exactitud: Todo debe estar respaldado. Los datos, los cálculos y las conclusiones deben venir acompañados de evidencia y anexos que permitan verificar cada afirmación.

Así como el VAR no elimina el conflicto en el fútbol pero ayuda a tomar decisiones más justas, el proceso arbitral –con el apoyo de expertos– no garantiza la ausencia de desacuerdos, pero sí contribuye a resolverlos de manera informada y transparente. Y en un mundo donde los conflictos pueden costar millones, contar con herramientas claras, objetivas y precisas puede marcar una gran diferencia.

Sobre la autora:

Cecilia Melzi es socia de Servicios Forenses y Riesgos de Integridad de EY Perú.