Vivimos en una competencia tenaz por conquistar al consumidor digital. No es algo nuevo: esa primera compra, esa validación inicial, ya se jugó antes y durante la COVID-19, cuando miles de negocios conquistaron a clientes que nunca antes habían comprado online. La batalla que enfrentamos hoy es distinta, y mucho más desafiante: no es la […]

Vivimos en una competencia tenaz por conquistar al consumidor digital. No es algo nuevo: esa primera compra, esa validación inicial, ya se jugó antes y durante la COVID-19, cuando miles de negocios conquistaron a clientes que nunca antes habían comprado online. La batalla que enfrentamos hoy es distinta, y mucho más desafiante: no es la adquisición, es la recurrencia.

Y ahí surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Existe realmente la fidelidad del consumidor en el mundo digital? O mejor aún, ¿qué estamos haciendo para ser más convenientes —más allá del precio— y lograr que un cliente regrese, confíe y se quede con nosotros?

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El escenario actual nos empuja hacia respuestas inmediatas. Con gigantes globales como Temu, Shein o AliExpress irrumpiendo en el mercado local, y con movimientos estratégicos como la reciente participación de Amazon en Rappi, la presión por competir se intensifica. Esa presión muchas veces nos lleva a caer en la salida más rápida: bajar precios, lanzar descuentos, multiplicar campañas de CyberDays o CyberWOW.

El problema es que hemos convertido el precio en el único atributo visible de valor. El consumidor, sin saber exactamente por qué, recibe diferentes precios en diferentes momentos. No hay explicación, no hay narrativa, no hay propuesta de fidelización detrás. Lo que era una táctica puntual de retención se percibe como una condición constante. Y, ¿ el resultado? en mercados como el peruano, hemos canibalizado la experiencia digital en base al precio, sacrificando rentabilidad y, lo más grave, perdiendo la posibilidad de construir relaciones de largo plazo.

Decir que “el consumidor está en el centro” se ha vuelto casi un eslogan corporativo. Pero la pregunta de fondo es: ¿qué estamos haciendo realmente para construir valor que incentive la recurrencia?

El consumidor actual no solo busca comprar barato. Busca ahorrar tiempo, tener certezas, recibir promesas cumplidas y sentirse escuchado. Busca conveniencia en un sentido amplio, que va desde el tiempo de entrega hasta la simplicidad en la experiencia de compra.

Un ejemplo claro está en las apps de delivery. Nacieron para resolver la inmediatez en la industria de restaurantes, pero hoy Rappi, PedidosYa y otras han expandido su catálogo a ropa, joyas, electrodomésticos y más. Se convirtieron en un “mall digital” que no solo entrega comida, sino conveniencia en múltiples categorías. Paradójicamente, los precios en estos canales suelen ser más altos que en los propios e-commerce de las marcas, pero el consumidor los prefiere porque lo que realmente compra es tiempo y facilidad.

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Los retailers y marcas locales ven estas plataformas como canales complementarios, pero quizá allí se esconde la verdadera lección: el consumidor ya demostró que está dispuesto a pagar más por conveniencia. Sin embargo, la recurrencia en estos canales es limitada, porque la relación no es con la marca, sino con la plataforma. Y es ahí donde las marcas están perdiendo el juego: están entregando valor inmediato sin construir vínculo ni lealtad propia.

Cuando la estrategia se centra únicamente en “maniobrar rápido”, el precio se convierte en la palanca más fácil de mover. Pero esa lógica nos encierra en un círculo vicioso: el consumidor se habitúa a esperar rebajas y promociones, y la marca pierde margen y diferenciación.

Peor aún, en esa carrera por sobrevivir olvidamos que el verdadero reto es crear un sistema de recurrencia sostenido. La fidelidad no se construye con promociones, se construye con experiencias consistentes, con confianza, con propuestas de valor claras.

La pregunta no debería ser “¿cómo vendemos más barato?”, sino “¿cómo logramos que un cliente regrese?”.  Estamos sobreviviendo a una lucha de conveniencia mal entendida. Confundimos velocidad con estrategia y precio con valor. El consumidor, en realidad, nos está pidiendo otra cosa: consistencia, confianza y experiencias que justifiquen su decisión de volver.

El reto para las empresas en Perú y en la región no es quién atrae más clientes en el próximo Cyber, sino quién logra convertir esas transacciones en relaciones duraderas. Porque, en un mercado saturado de opciones y con gigantes globales disputando cada clic, la fidelidad no es un concepto vacío: es la ventaja competitiva más difícil de construir, y la más fácil de perder.

Sobre la autora

Yuriko Huayana es General Manager South LATAM de VTEX

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