En esta nueva mirada, el empleado ya no es un engranaje dentro de un sistema, sino el protagonista de un viaje organizacional, explica Rosa María Fuchs, jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico

Ya han pasado más de veinte años desde que se propuso una mirada clave para entender la vivencia laboral: la diferencia entre lo que un empleado espera antes de ingresar a una organización (pre-entry expectation) y lo que realmente experimenta una vez dentro (post-entry experience). En 2016, el concepto de employee experience (EX) comenzó a consolidarse como una filosofía de gestión transformadora cuando Airbnb nombró a su primer Global Head of Employee Experience, reemplazan- do el enfoque tradicional de recursos humanos por una estructura centrada en el diseño integral de la experiencia del trabajador. Hoy, a pocos meses de cerrar el primer cuarto de siglo, es un buen momento para repensar cómo las organizaciones pueden —y deben— situar al empleado en el centro de su estrate- gia para construir culturas más humanas, conectadas y sostenibles.

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Esta filosofía plantea un cambio radical: pasar de gestionar recursos humanos a diseñar experiencias humanas. La employee experience exige repensar profundamente la relación entre la organización y cada persona que la habita. Se trata de comprender, con empatía y amplitud, cómo el colaborador percibe su día a día en el trabajo: sus emociones, sus miedos, sus aspiraciones y su sentido del propósito.

Según la Encuesta Global de Gen Z y Millennials 2025 de Deloitte, un 89% de la generación Z y un 92% de los millennials consideran que tener un propósito claro y significativo en su trabajo impacta directamente en su satisfacción y bienestar laboral. La experiencia del empleado ya no puede construirse sin considerar este anhelo generacional: sentirse parte de algo más grande que una simple tarea o puesto.

Además, las expectativas en torno a la tecnología están redefiniendo la experiencia cotidiana en el trabajo. Según un estudio reciente de McKinsey, más del 70% de todos los empleados cree que, en un plazo de dos años, la inteligencia artificial generativa cambiará el 30% o más de su trabajo. En este nuevo entorno, donde la automatización y la digitalización avanzan con velocidad, ofrecer una experiencia laboral significativa y adaptada se vuelve tan crucial como saber integrar herramientas tecnológicas.

Sin embargo, muchas organizaciones aún están lejos de alcanzar este ideal. El HR Monitor 2025, también de McKinsey, revela que aproximadamente el 36% de los empleados en Europa y Estados Unidos no está satisfecho con su empleo actual. En este contexto, comprender profundamente qué motiva, frustra o impulsa al talento es más que un ejercicio de escucha: es una condición de supervivencia empresarial.

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En esta nueva mirada, el empleado ya no es un engranaje dentro de un sistema, sino el protagonista de un viaje organizacional. Un recorrido que comienza antes del primer día de trabajo y se extiende incluso después de su salida. Las organizaciones líderes ya no diseñan políticas desde la torre de control. Hoy cocrean con su gente.

En el futuro del trabajo —que ya es el presente— la experiencia del empleado no es un lujo: es una ventaja competitiva. Y quienes lo comprendan a tiempo no solo atraerán talento. Serán capaces de construir vínculos, cultivar innovación y dar sentido a lo que significa trabajar en el siglo XXI.

SOBRE LA AUTORA:

Rosa María Fuchs es jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.