La informalidad digital no es un destino inevitable. Es una brecha que puede superarse con visión estratégica, decisión y acompañamiento. Y cuanto antes se cierre, antes se liberará el verdadero potencial de las pymes para innovar, crecer y sostener el motor económico del Perú, dice Carla Follegatti, country manager de Bsale en Perú.

Un cliente compra en una tienda online y paga exitosamente. Pero al preparar el pedido, el dueño descubre que no tiene stock de ese producto, lo había vendido el día anterior y no actualizó el inventario manualmente como siempre lo hace. Resultado: reclamo, devolución y un cliente que probablemente no regrese. Escenarios como este se repiten todos los días en miles de pymes peruanas. No es desinterés, ni falta de esfuerzo. Es informalidad digital, seguir con procesos manuales que hoy resultan obsoletos y limitan el crecimiento.

El 96 % de pymes en Perú sabe que la digitalización es clave para crecer, pero 7 de cada 10 no sabe cómo empezar. Estos negocios siguen operando de forma manual, dependiendo de ventas por WhatsApp, inventarios anotados en cuadernos o planillas de Excel que se actualizan tarde. En otras palabras, hablamos de negocios que ya dieron el primer paso hacia lo digital, pero que aún funcionan de manera desarticulada y sin datos en tiempo real. Además de generarles dolores innecesarios, esta situación, multiplica errores y les hace perder oportunidades que podrían marcar la diferencia en sus resultados.

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El impacto de esta realidad es silencioso, pero profundo. Cada error de stock, cada factura retrasada, cada venta no registrada, es una fuga invisible de ingresos. Una gotera que, sin que nadie lo note termina llenando un balde de pérdidas. Esa misma desorganización hace que muchas pymes pierdan oportunidades para generar nuevos contratos, atender grandes pedidos o cerrar alianzas con empresas que exigen procesos formales y trazables. En la práctica, es un freno silencioso que pocos logran detectar a tiempo.

Por si fuera poco, el contexto actual no da margen para quedarse atrás. Según la Cámara Peruana de Comercio Electrónico (CAPECE), el e-commerce en Perú creció 15% en el primer semestre de 2025 y ya representa el 5,4% del PBI. Esto confirma que la demanda existe, pero las pymes que no tienen procesos integrados corren el riesgo de quedar rezagadas frente a competidores que sí logran vender, despachar y facturar de manera rápida y ordenada.

Asimismo, la falta de integración no es solo un problema operativo; también es un obstáculo para tomar decisiones estratégicas. Sin información consolidada, es difícil saber qué producto es el más vendido, cuándo reponer mercadería o cómo diseñar una promoción que realmente genere impacto. Así, muchas pymes terminan trabajando a ciegas, apagando incendios en lugar de planificar su crecimiento.

Digitalizarse de forma inteligente no es un lujo, es una necesidad. No se trata de abrir más canales de venta por abrirlos, sino de que todos hablen entre sí: que el inventario se actualice en tiempo real, que las facturas se emitan de forma automática y que los datos se puedan analizar de manera sencilla. Solo de esta forma la digitalización se convierte en un motor de rentabilidad y no en un gasto innecesario.

En consecuencia, si las pymes peruanas logran dar ese salto, no solo mejorarán su productividad, sino que estarán en posibilidades de competir en igualdad de condiciones en el mercado digital. Esto es fundamental si consideramos que este sector representa más del 99% de las empresas en el país y es el principal generador de empleo.

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La informalidad digital no es un destino inevitable. Es una brecha que puede superarse con visión estratégica, decisión y acompañamiento. Y cuanto antes se cierre, antes se liberará el verdadero potencial de las pymes para innovar, crecer y sostener el motor económico del Perú.

Sobre la autora:

Carla Follegatti es country manager de Bsale en Perú

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