Entre las barreras más significativas para las mujeres profesionales en el Perú resaltan la persistencia de estereotipos socioculturales, la asignación exclusiva a las mujeres del cuidado y las labores domésticas, la discriminación y el acoso en el entorno laboral. destaca Laura Delgado, gerenta de cultura región Américas en Gold Fields.
No hagamos que este 25 de noviembre sea una fecha más. Ese día conmemoramos la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y sí, debemos reflexionar sobre el impacto de la violencia física y emocional, y las múltiples formas de desigualdad que enfrentan las mujeres en diferentes ámbitos, incluido el laboral.
Si partimos nuestro análisis desde el sector empresarial local, sobre todo en la mediana y gran empresa, la presencia femenina ha crecido significativamente, pero aún quedan enormes brechas y barreras que limitar su pleno desarrollo y liderazgo. En nuestro país, según el Ministerio de la Producción (Produce) más de un millón de empresas formales son dirigidas por mujeres, representando el 43% del total nacional y aportando cerca del 39% del PBI. Sin embargo, esta participación no se distribuye equitativamente en todos los sectores. En los casos de industrias históricamente masculinizadas como la minería, la energía, hidrocarburos o pesca, se evidencia un rezago importante. Por ejemplo, en datos del Boletín Estadístico Minero del Ministerio de Energía y Minas, solo el 7% de los trabajadores son mujeres en el sector minero.
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Entre las barreras más significativas para las mujeres profesionales en el Perú –y universalmente– resaltan la persistencia de estereotipos socioculturales y roles tradicionales de género. Esto es, la asignación exclusiva a las mujeres del cuidado y las labores domésticas, limitando su disponibilidad y oportunidades en el mercado laboral. Otra, es la discriminación y el acoso en el entorno laboral, males que resquebrajan las condiciones de trabajo como las posibilidades de desarrollo y ascenso. Estos muros significan una menor representación femenina en puestos de alta dirección, dificultades para acceder a campos técnicos, además de brechas salariales. No se trata de pedir privilegios: se trata de nivelar la cancha.
Si de verdad queremos cambiar, hay cinco decisiones que funcionan y se pueden medir:
1) Liderazgo con responsabilidad: Patrocinio ejecutivo visible, metas públicas y seguimiento periódico sobre tres indicadores: participación, promociones y brecha salarial. La coherencia diaria pesa más que cualquier campaña.
2) Talento con salvaguardas: Convocatorias con lenguaje neutral, shortlists diversas, paneles mixtos y criterios comparables. Auditorías de equidad salarial por bandas y planes de desarrollo que se cumplan, no solo que existan.
3) Seguridad integral, física y psicológica: Tolerancia cero al acoso; canales confidenciales y accesibles; protocolos con plazos definidos; acompañamiento profesional y formación en testigos activos. La seguridad psicológica habilita la voz.
4) Corresponsabilidad del cuidado: Flexibilidad inteligente, licencias y servicios que reconozcan el trabajo de cuidado. Cuando el sistema lo ignora, expulsa talento.
5) Ecosistema y alianzas: Estándares para contratistas y proveedores, y articulación con instituciones públicas y organizaciones locales para prevención, orientación y derivación segura cuando corresponda. La empresa no puede ni debe actuar sola.
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Con pequeñas decisiones consistentes se transforman trayectorias completas. No hablamos solo de justicia; hablamos de innovación, competitividad y sostenibilidad. Un entorno donde las mujeres están seguras y pueden desplegar su talento hace mejores a las empresas y al país. Que este 25 de noviembre no sea un recordatorio efímero, sino un punto de inflexión: cuidar, respetar y asumir responsabilidad no es un eslogan; es la base de un futuro donde las mujeres no solo sean bienvenidas, sean protagonistas.
Sobre la autora:
Laura Delgado es gerenta de cultura región Américas en Gold Fields.
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