América Latina ya demostró que puede crear negocios rentables con rapidez. El siguiente paso es hacerlo con eficiencia y sostenibilidad, dice Carlos Zuzunaga, socio en McKinsey & Company

América Latina se ha consolidado como un inesperado líder global en la creación de startups corporativas. Según el estudio The Way to Win in Corporate Venturing: Serial Building and AI de McKinsey & Company, el 76% de los nuevos negocios creados por corporaciones en la región alcanza el punto de equilibrio en menos de dos años, superando ampliamente el promedio mundial de 61%. Además, el 67% ya factura más de 10 millones de dólares anuales, evidencia de un ecosistema que avanza con determinación y resultados tangibles.

Sin embargo, detrás de estas cifras alentadoras se esconde una paradoja. La región ha demostrado ser más rápida y exitosa en la ejecución, pero también enfrenta un costo significativamente mayor para lograrlo. El estudio revela que un nuevo negocio en América Latina requiere una inversión promedio de 113 millones de dólares para alcanzar la rentabilidad, un 46% más que los 77 millones necesarios a nivel global. En otras palabras, nuestras startups corporativas prosperan a una velocidad récord, pero lo hacen con una eficiencia de capital inferior.

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Este dilema plantea una pregunta estratégica: ¿podemos seguir creciendo a este ritmo sin optimizar nuestros recursos? En mercados como el peruano, donde el acceso a capital es más limitado y el entorno económico más volátil, esta diferencia puede convertirse en una barrera crítica. La innovación sostenida no puede depender únicamente de grandes inyecciones de inversión, sino de modelos operativos más inteligentes y escalables.

Ahí radica el siguiente desafío. El estudio identifica que los “constructores seriales”, aquellas empresas capaces de lanzar y escalar múltiples negocios exitosos, logran reducir tiempos y costos gracias a dos factores decisivos: la integración de inteligencia artificial en sus procesos y la institucionalización del aprendizaje organizacional. Estas compañías reutilizan estructuras, talento y tecnología, creando sinergias que fortalecen cada nuevo lanzamiento.

El mensaje es claro: el futuro del venture building en América Latina no dependerá de quién invierta más, sino de quién construya mejor. Incorporar IA desde la concepción del negocio, optimizar procesos y fomentar una disciplina financiera rigurosa será esencial para mantener el liderazgo regional.

América Latina ya demostró que puede crear negocios rentables con rapidez. El siguiente paso es hacerlo con eficiencia y sostenibilidad, consolidando un ecosistema de innovación que no solo crece, sino que perdura y se convierte en una verdadera ventaja competitiva global.

Sobre el autor:

Carlos Zuzunaga es socio en McKinsey & Company.

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