La polarización social y la desigualdad, identificadas por el informe como riesgos más interconectados, generan tensiones internas que erosionan gobernabilidad y cohesión social.
Aunque el año anterior ya habíamos sentido los embates de un nuevo ordenamiento global, el 2026 nos recibe con un mundo marcado por una competencia geoeconómica sin precedentes, tensiones políticas aumentadas y una aceleración tecnológica única. Es por todo esto que el Informe Global de Riesgos 2026, que publicamos en anticipación a la reunión del World Economic Forum en Davos, revela cómo la confrontación geoeconómica es el riesgo más significativo que enfrentamos a corto plazo.
Cuando analizamos las causas raíz, con énfasis en Latinoamérica, encontramos que la disminución de la confianza entre Estados, la menor transparencia institucional, el debilitamiento del respeto al estado de derecho, junto con un aumento del proteccionismo, tensionan la polarización social, las relaciones internacionales, el comercio intrarregional y el ambiente de inversión. Este entorno de incertidumbre afecta la atracción de inversión y la estabilidad económica.
Para Perú, este contexto global impacta directamente su estabilidad económica y social. El país, que proyecta un crecimiento entre 2,6% y 3,6% para 2026, enfrenta un delicado equilibrio. Por un lado, mantiene indicadores económicos estables y un déficit manejable; pero por otro, la incertidumbre política (año electoral) y las tensiones globales generan un clima de cautela entre inversionistas. Esta cautela se refleja en la moderación de la inversión privada y en la volatilidad de los mercados financieros locales, que podrían limitar el dinamismo económico esperado.
La confrontación geoeconómica global, con sus sanciones, barreras comerciales y controles de inversión, afecta las exportaciones peruanas, especialmente en sectores clave no mineros. La volatilidad internacional y la fragmentación de las cadenas de suministro complican el acceso a mercados y financiamiento, poniendo en riesgo proyectos estratégicos y la entrada de divisas que sostienen el crecimiento. Esto exige a empresas y al Estado redoblar esfuerzos para diversificar mercados y fortalecer las cadenas productivas.
Pero los riesgos no se limitan a lo económico. La polarización social y la desigualdad, identificadas por el informe como riesgos más interconectados, generan tensiones internas que erosionan gobernabilidad y cohesión social. En Perú, donde la informalidad y baja productividad limitan el desarrollo, estas fracturas minan confianza institucional y el clima de inversión. La falta de oportunidades y la percepción de exclusión alimentan protestas que, mal gestionadas, desatan inestabilidad política.
La aceleración tecnológica, en particular la Inteligencia Artificial, presenta dos matices. Ofrece oportunidades de productividad y diversificación, pero también amenaza con desplazar empleos y aumentar la brecha social sin políticas de capacitación y protección social adecuadas. La transformación digital exige una estrategia inclusiva para que todos se adapten y beneficien, evitando profundizar las desigualdades.
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Además de todo lo anterior, la creciente frecuencia de eventos climáticos extremos suma una vulnerabilidad ineludible. La infraestructura crítica (redes eléctricas, sistemas de transporte) enfrenta riesgos que pueden paralizar sectores. Para Perú, expuesto a fenómenos naturales, la inversión en infraestructura resiliente es urgente para evitar crisis económicas y sociales. La adaptación climática debe ser una prioridad transversal público-privada, con enfoque en sostenibilidad y protección de comunidades vulnerables.
Frente a este escenario complejo, la respuesta debe ser integral y estratégica. Perú necesita fortalecer sus cadenas de suministro, mitigando la confrontación geoeconómica. Esto implica diversificar mercados y socios comerciales, y mejorar la competitividad interna mediante reformas estructurales que impulsen formalización, productividad e innovación. Es fundamental promover un clima de inversión estable y predecible que atraiga capitales para proyectos de largo plazo.
El Informe Global de Riesgos 2026 nos recuerda que la estabilidad y el crecimiento económico no son garantizados, sino resultados de decisiones estratégicas en un mundo complejo y competitivo. Para Perú, la oportunidad está en navegar con visión y prudencia este entorno, aprovechando oportunidades y gestionando riesgos en favor de su desarrollo sostenible e inclusivo. Solo así asegurará un futuro próspero, resiliente y equitativo.
Sobre el autor
Gerardo Herrera es director general de Risk Consulting para Latinoamérica y El Caribe de Marsh
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