Las organizaciones que logren demostrar que la IA está diseñada y gobernada para servir verdaderamente a las personas tendrán ventajas sustanciales frente a las que se limiten a priorizar velocidad, señala Francisco Escudero, socio de Consultoría de EY Perú.

La inteligencia artificial atraviesa un momento decisivo: mientras las organizaciones aceleran su adopción para impulsar eficiencia, innovación y nuevas oportunidades de negocio, existe una importante brecha entre el uso cada vez más extendido de la IA y la confianza de que los usuarios sienten en relación con ella, en particular profesionales y consumidores. Ese quiebre entre adopción y confianza en la IA es hoy el verdadero reto competitivo para las empresas, dado que limita la adopción plena, el impacto real en el negocio y la capacidad de crear valor sostenible.

Por un lado, EY AI Sentiment Index Study —una encuesta global a más de 15.000 personas— muestra que el 82% de los encuestados ya ha utilizado conscientemente herramientas de IA. Sin embargo, esta amplia exposición no se traduce en plena confianza: solo el 57% afirma sentirse cómodo con ella. Este espacio entre la adopción y la comodidad refleja una brecha de confianza que va más allá del simple uso: muchas personas valoran el potencial de la IA, pero mantienen reservas sobre su transparencia, control sobre sus datos y cómo afectará su autonomía y juicio.

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El estudio también identifica distintos perfiles de usuarios frente a la IA, desde optimistas cautelosos hasta escépticos, que reflejan cómo las expectativas y experiencias personales influyen en la confianza y disposición a usar estas tecnologías. En ese sentido, es crucial tener en mente que aquellas implementaciones que no consideran estas diferencias corren el riesgo de estancarse en una adopción superficial en lugar de convertirse en herramientas que realmente empoderen a las personas.

En paralelo, el estudio Responsible AI Pulse Survey analiza cómo las organizaciones están gestionando la responsabilidad en el uso de IA. Allí se revela un hallazgo preocupante: los líderes C-suite suelen sobrestimar la madurez y alineación de sus prácticas de IA responsable frente a las preocupaciones reales de los usuarios. La investigación, basada en encuestas a 975 altos ejecutivos de compañías con ingresos superiores a US$1.000 millones en 21 países, muestra que, aunque la mayoría de las organizaciones manifiesta contar con principios básicos de IA responsable, estos no siempre se implementan con la profundidad y consistencia necesarias para generar confianza. Esta distancia entre la percepción ejecutiva y el sentimiento del usuario afecta directamente la adopción y puede convertirse en un riesgo estratégico si no se atiende adecuadamente.

Ambos estudios coinciden en que la confianza no es un complemento, sino un habilitador esencial para aprovechar el potencial de la IA. Las empresas que integran prácticas responsables desde el diseño hasta la comunicación —haciendo explícito cómo se mitigan riesgos como sesgos, uso indebido de datos o decisiones automatizadas sin supervisión humana— no solo construyen confianza, sino que potencian su ventaja competitiva.

Bajo esta perspectiva, la responsabilidad se vuelve un factor competitivo. Explicar con claridad cómo funciona la IA, cuáles son sus límites y qué medidas de seguridad acompañan su implementación puede incrementar significativamente la adopción, al reforzar entre los usuarios la percepción de control. Las organizaciones que logren demostrar que la IA está diseñada y gobernada para servir verdaderamente a las personas tendrán ventajas sustanciales frente a las que se limiten a priorizar velocidad.

La creciente integración de la inteligencia artificial plantea un desafío clave para las organizaciones: cómo asegurar que su adopción refuerce, y no debilite, el criterio humano. Gestionar esta relación de manera consciente y responsable permitirá que la IA se consolide como una aliada estratégica, capaz de ampliar capacidades, apoyar la toma de decisiones y fortalecer la confianza de clientes y colaboradores. En ese equilibrio entre tecnología y juicio humano se definirá no solo la velocidad de adopción, sino también la sostenibilidad del valor que las empresas logren construir con la IA.

Sobre el autor

Francisco Escudero es socio de Consultoría de EY Perú.

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