De acuerdo con Nancy Yong Ch, socia líder de Servicios de Gobierno Corporativo, Riesgos, Cumplimiento y Servicios Forenses en PwC Perú, el año 2025 deja una lección: la adopción responsable de la IA exige un marco robusto de gobernanza que priorice ética, transparencia y supervisión humana. 

El año 2025 nos enseñó que la innovación no puede existir sin responsabilidad. Hoy, la pregunta no es si debemos innovar, sino cómo hacerlo sin comprometer el futuro. Asimismo, la sostenibilidad dejó de ser un elemento complementario para convertirse en el eje central que impulsa la transformación de las organizaciones. 

En paralelo, la integración de tecnologías disruptivas, especialmente la inteligencia artificial (IA), está redefiniendo la manera en que concebimos la innovación empresarial, pero también los riesgos asociados a su adopción. En retrospectiva, los negocios que lograron equilibrar estos elementos con una sólida gobernanza cerraron este ciclo con mayor resiliencia y proyección.

Los mercados premian la transparencia y el compromiso genuino. En este contexto, la IA impulsa la innovación sostenible mediante análisis masivo de datos, aprendizaje automático y automatización inteligente, optimizando procesos, reduciendo la huella ambiental y monitoreando el desempeño ético y ambiental. Sin embargo, su potencia conlleva riesgos: sesgos discriminatorios, vulneración de la privacidad e impactos imprevistos en comunidades y ecosistemas.

El año pasado dejó una lección: la adopción responsable de la IA exige un marco robusto de gobernanza que priorice ética, transparencia y supervisión humana. 

Los avances regulatorios en 2025 (Ley 31814) reforzaron estos principios, cerrando la brecha entre innovación y confianza, mediante normas sobre no discriminación, protección de datos, supervisión humana y categorización de riesgos (prohibido, alto y aceptable), que protegen a la ciudadanía y brindan seguridad jurídica para innovar con compromiso ético.

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Desde la perspectiva del gobierno corporativo, riesgos y cumplimiento, queda claro que el verdadero desafío para las organizaciones es trascender las funciones aisladas y construir una estrategia integrada que articule estos tres pilares. Esta integración permite transformar la sostenibilidad y la innovación en una ventaja competitiva que impulsa la creación de valor compartido.

Los aprendizajes nos invitan a mirar con claridad los desafíos del 2026:

  1. Consolidar una cultura organizacional basada en propósito y ética
  2. Impulsar la transparencia tecnológica
  3. Integrar la gestión de riesgos emergentes de forma holística
  4. Fomentar ecosistemas colaborativos para una innovación responsable
  5. Implementar métricas integrales de impacto

Mirando hacia adelante, no se trata solo de avanzar en la adopción tecnológica o de cumplir con normativas, sino de construir con integridad y visión un futuro donde la prosperidad y la protección del planeta vayan de la mano. En 2025 hemos reafirmado esta verdad, y en 2026 el llamado no es solo innovar, sino hacerlo con integridad. La rentabilidad sostenible se construye sobre bases éticas.

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Sobre la autora:

Nancy Yong Ch es socia líder de Servicios de Gobierno Corporativo, Riesgos, Cumplimiento y Servicios Forenses en PwC Perú

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