El Perú tiene un puerto eficiente, pero una cadena logística que no logra sostener ese desempeño en sus distintos tramos, dice José Larco, director de la carrera de Ingeniería Industrial de UTEC.
En el comercio internacional, el costo importa. Pero cada vez, el tiempo vale más. En un contexto donde las cadenas globales buscan eficiencia y previsibilidad, llegar antes no es solo una ventaja logística, sino una ventaja competitiva concreta que define decisiones de compra y relaciones comerciales.
Un exportador que entrega más rápido no solo cumple. Reduce la incertidumbre de su cliente, le permite operar con menos inventario y responder mejor a la demanda. En algunos casos, una reducción del 10% en tiempos logísticos puede traducirse en una caída cercana al 3,3% en costos de inventario de seguridad. Es decir, el tiempo también es dinero, pero desde el lado del cliente.
Bajo esa lógica, la pregunta ya no es si el Perú exporta bien, sino si exporta lo suficientemente rápido. Y la respuesta se vuelve más clara cuando se compara al país con pares con similitud de oferta exportadora. Según información del World Bank Group, el tiempo total para exportar desde el Perú alcanza los 47,5 días, frente a 44 días en Colombia y 48,7 días en Chile, lo que sugiere un desempeño competitivo en la región.
Sin embargo, el detalle muestra otra realidad. El tiempo del contenedor en puerto en el Perú es de 2,2 días, muy por debajo de Colombia (5,8 días) y Chile (4,7 días), lo que confirma que la operación portuaria es eficiente. Pero esa ventaja se pierde fuera del puerto: el traslado previo toma 3,9 días en Perú, frente a 3 días en Colombia y 2,1 días en Chile.
Lee también: ¿Por qué las organizaciones peruanas sufren de un agotamiento silencioso?
La mayor brecha aparece en los procesos de control y salida. Según el reporte de Doing Business del Banco Mundial, liberar mercancías para exportación puede tomar en promedio 11,48 días en el Perú, mientras que en Colombia toma 7,64 días y en Chile apenas 4,42 días. Estos procesos se han mejorado con la plataforma VUCE pero su integración con otros sistemas como el fitosanitario siguen teniendo oportunidades de agilizarse. Si bien estos procesos, pueden realizarse en paralelo antes de llegar al puerto, es en esta etapa donde el país pierde competitividad con mayor claridad, ya que genera inflexibilidad en poder decidir embarques con menor anticipación.
Esto genera una paradoja estructural. El Perú tiene un puerto eficiente, pero una cadena logística que no logra sostener ese desempeño en sus distintos tramos. No es un problema aislado, sino de articulación entre transporte, procesos y gestión que requiere colaboración de actores.
En este contexto, el puerto de Chancay introduce una variable clave. En 2024 el Perú mantenía una desventaja frente a Colombia en los tiempos de travesía marítima. Sin embargo, rutas más directas hacia Asia permitirían reducir esos tiempos y mejorar la competitividad, incluso generando eficiencias adicionales en mercados como el de vehículos.
Esto confirma que la infraestructura puede cambiar la ecuación, pero no resolverla por completo. Un puerto más eficiente no compensa demoras en carreteras, trámites o gestión. La competitividad no depende de un solo punto, sino de toda la cadena.
El punto de partida es evidente: no se puede gestionar lo que no se mide. Entender dónde se pierde el tiempo es clave para recuperarlo.
El Perú cuenta con capacidades, avances y una posición estratégica. Pero en un entorno donde la rapidez define el acceso a los mercados, la diferencia entre competir y quedar rezagado puede medirse en días. Y hoy, esos días siguen pesando.
Sobre el autor:
José Larco es director de la carrera de Ingeniería Industrial de la UTEC
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
